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Reportaje:

España mantiene 2.000 puntos críticos en la red eléctrica

El apagón de Barcelona obliga a acelerar la revisión de los tendidos y la planificación de las inversiones de las compañías del sector y de las administraciones

Las estadísticas dicen que, sumados todos los cortes eléctricos de 2006, España sólo estuvo a oscuras dos horas y cuatro segundos. Es un dato lustroso, europeo, brillante incluso, pero seguro que no consuela a los barceloneses perjudicados por el gran apagón del 23 de julio. Muy al contrario, cabe pensar que los afectados compartirán la cita atribuida al escritor Dino Segré acerca de que las estadísticas, a veces, sólo sirven para convertir las mentiras en cuadros.

En España, la red eléctrica -55.279 kilómetros de cables de alta y media tensión, suficientes para rodear la tierra una vez y media- tiene problemas. Como los tienen las redes de distribución de más baja tensión que gestionan las compañías distribuidoras. Endesa, que controla el 38% del mercado, tiene clasificados como "puntos críticos" de suministro -centros en los que una avería podría afectar hasta a 50.000 clientes- más de 500 lugares. En toda la red, el número de esos puntos "críticos" ronda los 2.000. Pese a todo, el diagnóstico de situación del director de Negocio Eléctrico de Endesa, José Bogas, es optimista: "Prescindiendo de hechos puntuales [léase Barcelona], la situación de la red es buena en general". Por si acaso, Endesa tiene en marcha un plan para revisar todos los puntos críticos.

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La debilidad estructural de la red en Cataluña y en Andalucía; el espectacular aumento de población en el arco mediterráneo y las islas; el tirón económico y las nuevas tecnologías, como los parques eólicos, demandan más y más kilómetros de cable para llevar la luz allá donde se precisa. Y las compañías eléctricas, incluida Red Eléctrica de España (REE) -la gestora de las líneas de alta tensión- se las ven y se las desean para seguir el ritmo de un país energéticamente aislado, al que periódicamente le estallan las costuras.

Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, y otras como Huelva, Murcia, Tarragona, Alicante, Soria, Albacete y Toledo, son, según las estadísticas, las provincias que más interrupciones del servicio sufren al cabo del año. Estadísticamente, son puntos negros. Como lo es, números al margen, la provincia de Girona, donde una línea sin continuidad (Vic-Juià) presta servicio en condiciones precarias.

El pasado julio estallaron los hilos de la distribución eléctrica en Barcelona. Y lo hicieron cuando estaba superado el problema de la escasez de producción gracias a las nuevas centrales de gas y a la energía eólica, con más de 11.000 megavatios de potencia instalados. El resultado ha sido que, una vez más, se han mostrado las debilidades del sistema y los problemas de las compañías para resolver incidentes que se pueden volver a repetir.

Porque aunque es cierto que las empresas -todas- han aumentado sus inversiones en la red eléctrica hasta situar la media anual en torno a los 3.000 millones de euros, también lo es que, muy a menudo, no pueden desconectar un simple cable para revisarlo o mejorarlo porque provocarían el desastre en forma de apagón.

Si al cóctel de problemas se le suma el adelgazamiento de las plantillas, reducidas a la mitad desde los años noventa (hoy tienen 34.000 trabajadores); la burocracia municipal, que lleva la media de construcción de un nuevo tendido a siete u ocho años (tres en el caso de nuevas subestaciones eléctricas), y la razonable oposición ciudadana a tener cables sobre la cabeza, el resultado es amargo y de color oscuro.

Pese a la espectacularidad del apagón de Barcelona, todas las empresas del sector, sin excepción, sostienen -como lo hizo el propio ministro de Industria, Joan Clos, en el Congreso- que la situación de la red ha mejorado en los últimos años.

El presidente de la asociación patronal eléctrica Unesa, Pedro Rivero, sostiene incluso que en estos momentos "no existen puntos negros en la red eléctrica". En su opinión, los únicos agujeros verdaderamente preocupantes se encuentran en la falta de interconexiones eléctricas con Francia y Portugal, que hacen de España un país isolado en materia de energía.

Menos rotundos, altos cargos de las compañías admiten que el arco mediterráneo, las islas y Andalucía siguen siendo puntos problemáticos. El responsable de Transporte de Red Eléctrica, Carlos Collantes, destaca que, pese a todo, "se ha mejorado mucho en los últimos años". Como ejemplo pone la puesta en marcha de una nueva estación de 400 kilovoltios en el área de Fuengirola (Málaga) y la nueva línea de 220 kilovoltios tendida en Puerto Real (Cádiz). "Estamos más tranquilos en Andalucía", señala, "aunque es verdad que en las grandes ciudades hay deficiencias, como la falta de red para soportar el fallo de una instalación". Collantes destaca que Red Eléctrica va a invertir 3.000 millones de euros en cinco años para mejorar la red de la que es propietaria.

Tras el grave incidente de Barcelona, donde un cable de baja tensión de la compañía Endesa cayó sobre la instalación de alta tensión de Collblanc -en el término municipal de L'Hospitalet de Llobregat, junto a la capital catalana-, se han acelerado las revisiones de los tendidos y el estado de las instalaciones. En ese proceso, Red Eléctrica ha localizado hasta 54 instalaciones en las que hay cruce de redes de alta y baja tensión. Son puntos donde, teóricamente, podría suceder lo mismo que sucedió en Barcelona. Red Eléctrica no desvela -lo hará ante el Ministerio de Industria- dónde están esos puntos críticos del sistema, aunque admite que la mayoría se encuentran en Cataluña y en Andalucía. Pero sí adelanta que, hasta el año 2009, la compañía va a renovar los sistemas de protección en el 90% de los 2.000 puntos que controlan el flujo de energía.

Son acciones urgentes y necesarias. Pero, según destaca un alto cargo de una de las grandes del sector -que prefiere guardar el anonimato-, "más que perseguir la demanda, lo importante es lograr la duplicidad de redes", algo que no se está logrando. En parte, sostienen las empresas y la propia Unesa, por el sistema "garantista" del que se ha dotado España. Y en gran parte, añaden, porque el sistema de retribución de la actividad de distribución es un asunto que está pendiente desde los comienzos de la liberalización eléctrica, allá por el año 1997.

Con los asuntos regulatorios abiertos (transporte y distribución son actividades reguladas, mientras que generación y comercialización son negocios abiertos a la plena competencia), el sector financiero no se moja. "Los bancos se resisten a financiar proyectos relacionados con la distribución eléctrica" señala Pedro Rivero, de Unesa.

Ante tal situación, las denostadas estadísticas estremecen. Según una encuesta de la consultora PriceWaterhouseCoopers realizada en 2006 entre 116 directivos de compañías energéticas de 43 países, hasta un 45% consideran que la probabilidad de apagones como los de Barcelona crece. Sus razones tendrán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de agosto de 2007