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La tragedia de Minneapolis desata la alarma por el estado de las infraestructuras en EE UU

Washington ordena la inspección inmediata de otros 700 puentes similares al hundido

Tras las lágrimas llegaron las preguntas. Dos días después de que EE UU asistiera perplejo al derrumbe de un puente en Minneapolis en el que perecieron al menos cinco personas, 79 resultaron heridas y ocho continuaban ayer desaparecidas bajo las aguas del río Misisipí, todo el país se cuestionaba cuál es el estado de salud de sus infraestructuras. Si la causa no fue el terrorismo, como han descartado las autoridades, ¿por qué se desplomó una obra de ingeniería de apenas cuarenta años de antigüedad en el país con los mayores recursos económicos del planeta?

¿Hay otros puentes que podrían correr la misma suerte? Las respuestas, que ayer inundaban la prensa estadounidense y que el propio Gobierno comenzó a buscar ordenando la inspección inmediata de al menos 700 puentes de características similares al de Minneapolis, no eran precisamente alentadoras.

La estructura que hasta el miércoles unía Minneapolis con sus ciudades dormitorio a través de la autopista I-35, de ocho carriles y por donde pasaban diariamente 140.000 vehículos, era uno de los casi 75.000 calificados en 2005 por la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE por sus siglas en inglés) como "estructuralmente deficientes". "Esos puentes deberían cerrarse al tráfico o tener el acceso restringido a vehículos ligeros, además de límites de velocidad para evitar riesgos de colapso", afirma el estudio. En la última inspección oficial, realizada en 2006, el puente había recibido un 4 en una escala del 1 al 9 y en el momento de su derrumbe estaba en obras pero no se habían tomado medidas específicas como las que recomienda la ASCE.

Según el estudio mencionado, corroborado por la Administración Federal de Carreteras, en un país con 596.808 puentes, además de los estructuralmente deficientes habría al menos otros 80.000 "funcionalmente obsoletos", es decir, con un diseño antiguo que aunque no implique inseguridad para los vehículos no está preparado para acomodar el volumen de tráfico actual.

Para hacer frente al deterioro de todas estas estructuras, que conjuntamente constituyen el 27% de los puentes del país, es decir, uno de cada cuatro, sería necesario invertir 9.000 millones de dólares anuales (6.569 millones de euros) durante los próximos 20 años. "Cada puente es diferente y tiene que mantenerse en pie. Permitir que se derrumbe no es una opción", declaró ayer en el diario The Washington Post Jerome F. Hajjar, profesor de ingeniería de la Universidad de Illinois, quien recordó que la ASCE lleva años advirtiendo al Gobierno de la necesidad de reparar sus infraestructuras. "La mayoría de los puentes de las autopistas interestatales [como el siniestrado] están al final de su vida", advirtió Ronaldo Nicholson, del Departamento de Transportes de Virginia, un estado en el que se está construyendo un ambicioso puente diseñado con la idea de evitar un colapso como el registrado en Minneapolis.

Hace medio siglo que el presidente Dwight Eisenhower inauguró el sistema interestatal de autopistas con el que se impulsó la cultura del automóvil en EE UU y la construcción de obras de ingeniería como la del puente ahora hundido sobre el Misisipi. Pero los departamentos de transporte de cada estado cada vez invierten menos en reparaciones debido, sobre todo, al aumento de los costes de los materiales. En un mundo globalizado donde lo que ocurre en China afecta directamente a los precios del resto del planeta, la fuerte demanda de acero y cemento armado del país asiático se traduce en un aumento del 20% en el coste de esos materiales en EE UU, lo que obliga a cada estado a elegir muy bien dónde invertir sus recursos. "Esta tragedia ha sido una llamada de atención", advirtió la senadora Harry Reid, quien encabeza el grupo del Senado que controla los presupuestos de transporte y quien se quejó de que la Administración Bush haya vetado las peticiones demócratas para incrementar el gasto en infraestructuras.

Entre los puentes a los que ahora se apunta con el dedo por sus posibles deficiencias está el célebre de Brooklyn, uno de los más antiguos del país. Construido en 1883, aprobó la última inspección de seguridad por los pelos: su estado fue calificado de "pobre". Actualmente se encuentra en obras pero hasta 2010 no está previsto que se le haga una reparación seria. No obstante, las autoridades neoyorquinas volvieron a inspeccionarlo ayer ante la alarma creada tras el accidente de Minneapolis.

Hace apenas dos semanas otro accidente daba titulares en Nueva York al reventar una tubería de refrigeración que corría por debajo del asfalto y cuya espectacular explosión, además de resucitar el fantasma del 11-S, provocó la muerte de una persona. El enorme cráter en la calle Lexington ponía de manifiesto que las estructuras de la gran Manzana también se están quedando obsoletas: la tubería, al igual que el puente de Minneapolis, acababa de pasar una inspección.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de agosto de 2007