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Reportaje:

"Este equipo nos enorgullece"

La victoria de Irak en la Copa de Asia logra unir al dividido país

Bagdad / Yakarta

Los leones de los dos ríos hicieron que Irak estallara de júbilo. La selección de fútbol del país, conocida con ese apodo, ganó ayer la Copa de Asia contra Arabia Saudí, por un gol a cero. Ante la inusual oportunidad de celebrar algo, los iraquíes ignoraron el toque de queda impuesto horas antes y se lanzaron a las calles. Por lo menos siete personas murieron y 10 quedaron heridas por las explosiones de dos coches bomba cerca de Balad, 80 kilómetros al norte de Bagdad.

Pese a que la violencia empañó las celebraciones, la victoria del equipo, integrado por suníes, chiíes y kurdos, fue vista por los iraquíes como un ejemplo de que las divisiones religiosas y étnicas no deben paralizar la marcha del país.

El equipo, integrado por suníes, chiíes y kurdos, invitó a olvidar la violencia sectaria

Al sonar el silbato final del partido, los jugadores saltaron al campo del estadio de fútbol de Yakarta, la capital de Indonesia, sede del torneo asiático. Mientras tanto, en Irak, los fanáticos hicieron lo mismo en las polvorientas calles. Por primera vez el país consiguió un título continental de fútbol.

"Logramos el sueño. Dios es grande", gritaron los fanáticos en la fiesta espontánea que se organizó en las calles de todo el país. Previo al partido, las autoridades prohibieron la circulación de vehículos para evitar atentados, pero los ciudadanos hicieron caso omiso.

Los iraquíes se olvidaron anoche de las divisiones y lograron cierto sentimiento de unidad. "Estos héroes han mostrado lo que es Irak realmente. Hicieron algo útil para la gente, no como los políticos y legisladores que sólo roban o se matan unos a otros", dijo Sabah Shaiyal, un policía de 43 años que lleva años patrullando las calles de Bagdad. "Este equipo nos enorgullece, al contrario de los políticos", agregó entre los gritos de la gente y las bocinas de los coches.

"Los jugadores triunfaron al unir a los iraquíes, algo que los políticos no han logrado", dijo Baqui Mohsin, comerciante chií, que se unió a las celebraciones en las calles de Basora.

Pocos creían que Irak tuviera oportunidades de ganar el torneo asiático, sobre todo porque la guerra ha interrumpido constantemente los entrenamientos, e incluso ha forzado al equipo a trasladarse a países vecinos para poder prepararse.

Todos los jugadores han sido tocados por la violencia, y no sólo por carecer de un sitio fijo para entrenar. Al menos tres de ellos han perdido a algún pariente en los últimos dos meses. Además, en el partido final mostraron su solidaridad con las víctimas del conflicto, al vestir una banda negra en la manga derecha del uniforme como señal de duelo por las 50 personas muertas el pasado miércoles, cuando celebraban el pase a la final tras vencer a Corea del Sur.

Los políticos iraquíes no perdieron la oportunidad de dar un cariz político a la fiesta. El primer ministro Nuri Al Maliki calificó la victoria como una "lección de triunfo" a través de un comunicado de felicitación a los jugadores. "Su grandeza permanecerá grabada en los corazones de los iraquíes. La alegría es más fuerte que el odio de los terroristas". El primer ministro prometió también una gratificación de 10.000 dólares (7.300 euros) a cada miembro de la selección "por sus logros".

El capitán del equipo, Yunis Mahmud, de 24 años, y autor del único gol del partido, dijo que el equipo estaba decidido a ganar. Sobre todo después de ver en televisión las imágenes de las madres que lloraban la muerte de sus hijos, abatidos cuando celebraban la victoria de la semifinal.

"Sabíamos que debíamos ganar. Por ellas y por muchas más personas", dijo. Mahmud, nombrado mejor jugador del torneo, afirmó tras el partido que una de las tragedias de la guerra es que el equipo no puede regresar a casa a mostrar el trofeo a todos los iraquíes. "Desearía poder ir, pero no podemos. Uno nunca sabe cuándo pueden matarte".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 30 de julio de 2007