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Entrevista:RAFAEL AZCONA | Guionista

"Sin el humor habríamos desaparecido hace siglos"

Rafael Azcona (Logroño, 1926) es un icono indiscutible del cine español. Un guionista tan galardonado como prolífico, que ha firmado decenas de clásicos, como El verdugo, La gran comilona, La escopeta nacional y Belle époque.

Ahora emplea su talento en Martes de carnaval, una trilogía de películas para televisión, basada en los esperpentos de Valle-Inclán, que rueda José Luis García Sánchez para Televisión Española, impulsada por el propio Azcona junto con García Sánchez, el productor Juan Gona y los actores Juan Luis Galiardo y Juan Diego.

Pregunta. ¿Cómo se gesta el proyecto de Martes de carnaval?

"En el ordenador está todo. Está dentro, lo que hay que hacer es sacarlo"

"El público tiene razón, pero a la larga, que es cuando se decide que el bueno es Cervantes"

Respuesta. Elemental. Nos reunimos y nos dijimos: "Como la industria no se interesa por el proyecto, lo hacemos nosotros".

P. ¿Cuáles son las claves de esta producción? ¿Qué vigencia tiene Valle Inclán en el mundo de hoy?

R. La serie sigue los principios del esperpento, que es un espejo deformante de la sociedad. No la modifica, sino que resalta sus defectos. Estoy convencido de que es la manera más divertida de mirar al siglo XXI. Y, por supuesto, nuestros clásicos son vigentes. Yo estoy cansado de quienes dicen que el cine español recurre a las adaptaciones porque le falta talento para escribir guiones originales. Son los mismos que apoyan el cine estadounidense, que viene en un 90% de novelas. Yo llevo años esperando intentar adaptar a Baroja, pero no hay manera.

P. Usted ha trabajado mucho para cine y no tanto para la televisión. ¿Espera que TVE se vuelque con el producto una vez se emita?

R. Creo que así lo hará, que le interesa. Si no, no la hubiera comprado. Creo que el producto les convence y que lo van a cuidar.

P. ¿Y los temidos índices de audiencia?

R. Lo que yo piense no modifica nada. Es la audiencia quien decide. Eso sí, no estoy de acuerdo con medir la calidad de las series o las películas por su éxito inmediato. Yo sostengo que el público siempre tiene razón, pero a la larga. Es a la larga cuando se decide que el bueno es Cervantes. Los índices de audiencia son terribles porque funcionan a las primeras de cambio, no hay lugar para la reflexión, para el recorrido. Y resulta que a lo mejor el primer día la gente no lo ve porque no está de humor.

P. ¿Qué diferencias encuentra entre escribir para cine y para televisión?

R. Ninguna. Para el que escribe, no hay ninguna. Para los hombres de televisión, ellos sabrán... Que juzguen ellos. La diferencia es para los productores. El de cine tiene que conseguir que para ver su película salgas de casa y pagues una entrada; el de televisión te regala el producto en tu salón.

P. ¿Cómo ve el estado actual de la televisión? ¿Era tan buena la de antes y tan mala la de ahora?

R. No creo que cualquier tiempo pasado sea mejor. Me parece que se recurre a ello como arma para denigrar el presente. La televisión a mí me parece un invento extraordinario. Siempre sostengo que yo nunca he visto Venecia como la he visto en televisión. Hay series estupendas, programas excelentes... lo que hace falta es tratarlos bien. La televisión consigue cosas como que en Italia todos los italianos se entiendan en italiano; antes de ella, un siciliano no entendía a un sardo, por ejemplo.

P. ¿Es diferente escribir en solitario a hacerlo con un coguionista?

R. Es más cómodo escribir solo. Pero también es más útil para la película escribir con el director, como en el caso de Martes de carnaval. Así, al acabar el guión, el director ya tiene la película en la cabeza y ya ha filtrado lo que no le gusta.

P. ¿Cree que el humor aún es un arma en estos tiempos tan complejos?

R. Sin el humor habríamos desaparecido hace siglos. El género humano se salva de la catástrofe porque es el único animal que puede ejercer el sentido del humor.

P. ¿Qué se siente siendo un icono del cine español?

R. Nada. Lo único que he hecho es trabajar durante cincuenta años intentando hacerlo lo mejor posible.

P. Pero usted es consciente de que es un referente...

R. Que no, que no, lo que pasa es que ahora vivimos más. Llegamos a los 80 años, y así, si te has dedicado a algo durante 50, tienes más posibilidades de haber conseguido hacer algo bien.

P. Y tras cinco décadas de labor, ¿aún tiene ganas y vitalidad para contar cosas?

R. Por suerte, vitalidad la tengo toda. Pero me queda sobre todo curiosidad. No me cuesta hacer lo que hago. A las siete de la mañana me levanto y a las nueve estoy en el ordenador. En realidad, creo que en el ordenador está todo. Está dentro, lo que hay que hacer es sacarlo. No quiero decir que mi trabajo sea un juego, pero sí que me divierto haciéndolo. Y noto que ahora tengo más oficio, aunque, en contrapartida, vivo más lejos de la realidad. Eso sí, que tengan por seguro que, si me toca la lotería, ya no escribo ni una línea más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de julio de 2007