Crítica:Crítica
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Crónicas desgraciadas

Tal vez la concurrencia de dos obras de Carlo Cassola (Roma, 1917-Montecarlo, 1987), editadas a la par, haya de achacarse al empeño de su traductora, pero igual cabe deducir que su reposición, como las reediciones de Carlo Levi o Beppe Fenoglio, se enmarca en la restitución de una narrativa de carácter moral, muy pródiga en la posguerra italiana, de la que tal vez estamos más necesitados que nunca. Aquella novelística, aparentemente sencilla, pero de una técnica muy refinada, reflejaba la conciencia de la condición humana frente a la adversidad, vivencias que hoy contrastan, fuertemente, con las difusas alarmas y desasosiegos psicológicos que produce el Estado de bienestar.

Así pues, hay que destacar la extraordinaria autoridad de Cassola para caracterizar, sin salirse de una crónica cotidiana, la sencillez y la desgracia de sus personajes, que sobrellevan sin estridencias la tribulación y la tristeza. En La tala del bosque se trata de una súbita viudez; en La novia de Bube, de la lealtad de la joven Mara, que deberá aguardar catorce años a que su novio, con el que apenas ha pasado unos días felices, salga de la cárcel. En ambas, el argumento de fondo es la madurez del sufrimiento, aspecto este que, en nuestros días, parece pertenecer a un mundo caducado. Pero no han pasado más de cincuenta años. Novelas de "lección moral", su valor literario estriba en que, además de ser una celebración de la épica de la gente común, se han convertido en documentos de época.

LA TALA DEL BOSQUE

Carlo Cassola

Traducción de Elena Martínez

Gadir. Madrid, 2007

145 páginas. 16 euros

LA NOVIA DE BUBE

Carlo Cassola

Traducción de Elena Martínez

Barataria. Barcelona, 2007

301 páginas. 17 euros

De La tala del bosque se diría, en efecto, que no sucede nada, excepto lo que enuncia su título. Y así es, Guglielmo, que acaba de perder a su esposa, ha comprado una parcela y con una cuadrilla pasa el invierno talando árboles. Las conversaciones son escuetas; sólo son trabajadores, pura mano de obra; en los descansos, después de comer, toman café y fuman; llega la Navidad, y Guglielmo prefiere su dolor solitario al consuelo de sus hijas pequeñas; se queda en la cabaña con otro leñador, pero si sus ojos se encuentran rápidamente apartan la mirada. El sufrimiento no es transferible. La materia narrativa es prácticamente inexistente. Y, sin embargo, en cada esfuerzo palpita el dolor por la mujer muerta. La novela expresa la experiencia del luto y el dominio del dolor.

Frente a esta técnica subliminar, La novia de Bube resulta más panorámica. Pertenece al periodo de compromiso político de Cassola, y tal vez sea su obra más significativa, antes de sus últimas obras existencialistas, donde la intimidad cotidiana borrará por completo la borrosa entidad de sus personajes. Aquí compone una figura de extraordinaria profundidad, Mara, una muchacha sencilla y cándida que se enamora, al final de la guerra, de un partisano impulsivo y atolondrado que, en una discusión, mata a un policía y, pese a ser protegido por el partido, será procesado y condenado. Ni la voluntad de él ni la entereza de ella pueden hacer nada contra la maquinaria judicial, y ambos verán su juventud arruinada. Cassola dosifica con pasmosa minuciosidad la transformación de Mara, de alegre muchacha en mujer prematuramente desgraciada: un retrato de la resignación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 27 de julio de 2007.

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