Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:LIBROS

"¡Esta maldita condición femenina!"

Elena Ribera de la Souchère se pegó al Ejército republicano para informar sobre la Guerra Civil. Con 87 años, publica sus recuerdos

A finales de 1937, Elena Ribera de la Souchère se trasladó a España desde París, donde trabajaba, para seguir al ejército republicano e informar de sus peripecias para un periódico democristiano, L'Éveil des Peuples. Se ha publicado en España Lo que han visto mis ojos. Crónicas de la España republicana (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), que reúne sus impresiones de aquella época tan intensa como trágica, tan desoladora como vibrante. Su mirada es diferente, sus palabras tienen otras resonancias. En aquellas circunstancias, la información y la propaganda política tendían a confundirse. La mirada de Elena Ribera de la Souchère (nacida en 1920 en un pueblo del Pirineo francés) se mantuvo fiel a algo más profundo que el ruido de las ideas y, aunque tomó partido por la República, se negó a justificar los crímenes que se cometieron en su nombre.

"Quería colaborar de la manera que fuera contra el avance del totalitarismo nazi"

"A Irujo le tocó el trabajo más incómodo, enfrentarse a la violencia anticlerical"

"Hubo una minoría de católicos en Francia, entre los que se encontraban personalidades de la importancia de Marc Sangnier, Jacques Maritain o Mauriac, que apoyaron la causa de la República", comentaba Elena Ribera de la Souchère durante una reciente visita a Madrid. "La mayoría, sin embargo, se situó al lado de Franco tras saber de la quema de iglesias y de los asesinatos de religiosos. Frente a éstos, esa minoría consideraba que quienes mataban a los pobres, que formaban parte de la familia de Dios, eran tan culpables como los otros. La Iglesia había realizado entonces una serie de gestos para rejuvenecer el catolicismo, para acercarlo a las masas, para conservarlo cerca del proletariado. Por eso hubo una decidida campaña de esas minorías a favor de la República".

La familia de Elena Ribera de la Souchère estuvo muy vinculada a Manuel Irujo, que fue ministro en la República con Largo Caballero y Negrín, y que formaba parte de la cúpula del Partido Nacionalista Vasco, entonces, cuenta, "uno de los partidos democristianos más poderosos de Europa". A Irujo, continúa, "le tocó el trabajo más indeseable e incómodo en la guerra, el de enfrentarse a la violencia anticlerical en un bando donde se había desencadenado la revolución y que perseguía con saña a la Iglesia. Aceptó el cargo para salvar a muchos católicos".

Elena Ribera de la Souchère está escribiendo ahora un libro sobre Antibes en tiempos de Picasso. Cuando era niña, su madre enfermó de tuberculosis y su familia, tras pasar un tiempo en Suiza, terminó instalándose en la Costa Azul por la benignidad de su clima. Su padre, arqueólogo, trabajaba en Antibes, y tras fundar allí una institución dedicada a la historia y la arqueología, la transformó en el que sería el primer museo dedicado a Picasso en el mundo.

De aquellos tiempos, la escritora y periodista conserva un montón de recuerdos: "Picasso fue muy amigo de mi padre y yo lo conocí cuando iba a la Costa Azul con Françoise Gilot. Ella tenía 20 años; él, 65. Lo más impresionante eran sus ojos. Era un hombre tremendamente complejo, con un talento inmenso y una sorprendente capacidad de trabajo. También era un farsante. Le encantaba provocar a la gente, quería saber hasta dónde podía llegar. Cuando terminó su serie sobre Las meninas de Velázquez, invitó a un grupo de amigos, coleccionistas y galeristas a que viera el resultado a su casa, cerca de Antibes. Hubo una gran cena, pero luego se llevó a los invitados a dar un paseo. Al día siguiente, les propuso otro plan, recorrer la costa en coche. Fueron pasando los días, y nadie había visto nada. Hasta que un día despertó a todos ¡a las seis de la mañana! y les mostró sus nuevos cuadros".

La niña que conoció a Picasso y que de joven se trasladó a España para dar cuenta de una guerra civil quería con todas sus fuerzas hacer algo justo cuando la II Guerra Mundial estaba a punto de desencadenarse. "¡Esta maldita condición femenina!", exclama Elena Ribera de la Souchère, y pide disculpas por sus excesos. "Quería colaborar de la manera que fuera contra el avance del totalitarismo nazi, pero por ser mujer sólo encontré trabajo en la agencia oficial de noticias francesa. Así que allí estaba cuando los alemanes entraron en Francia. Fue bochornoso. No hubo casi resistencia".

Siguió activa, de nuevo próxima al mundo de Manuel Irujo. La aventura en la que se embarcó entonces fue la de colaborar en la formación de un batallón de voluntarios vasco-españoles dispuestos a participar en la guerra si Franco daba su apoyo al Eje. Elena Ribera de la Souchère recuerda entonces las peripecias y el valor de tantos españoles que terminaron por perderlo todo en lucha por la libertad. "Fue un extremeño el primero en entrar en la Roma liberada del fascismo. Desfiló como un soldado francés, pero en verdad era un republicano".

"Que dos de los representantes del Gobierno republicano del exilio se pusieran de acuerdo ya era mucho, y fueron dos los que decidieron que yo era la persona idónea para ayudar en Argel a los republicanos españoles que fueron liberados de los campos de concentración del Gobierno de Vichy tras terminar la guerra". Fue el siguiente capítulo de la vida de Elena Ribera de la Souchère. Luego colaboró en distintas revistas y periódicos franceses (Les Temps Modernes, por ejemplo), escribió libros (una investigación sobre la desaparición de Galíndez, entre otros) y volvió a colaborar con la oposición antifranquista. Fue hace poco cuando volvió a Madrid desde 1938. Quiso visitar el frente de Carabanchel. Al final no pudo ser: la ciudad ha cambiado radicalmente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de julio de 2007