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Reportaje:El cambio de imagen del Gobierno

Educada para el triunfo y el compromiso

En el PSOE se considera que la política catalana es uno de sus valores más sólidos del presente y para el futuro

Los elogios que brotan al preguntar por Carme Chacón trazan un retrato de esta joven socialista que casi roza la perfección. Pero ante esta conclusión, la afectada se sonrojaría, esbozaría una sonrisa casi infantil, y haría un gesto con la mano negando tal tesis. Pero que nadie se engañe. Un minuto después de esta hipotética escena amable, podría mantener una durísima controversia con un adversario político, que haría las delicias de los suyos. Brillante, inteligente, rápida, culta, intuitiva, educada... Y así media docena más de adjetivos desgranan dirigentes socialistas al describir a Carme Chacón, profesora de Derecho Constitucional, experta en federalismo y educación, responsable de Cultura de la ejecutiva federal del PSOE y vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados.

"Es una mujer muy de partido, muy catalana pero extremadamente abierta", señalan en el Grupo Socialista. En efecto, es muy de partido, pero lo es antes de que entrara a empujar el proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero, del que formó parte desde el inicio, en el año 2000, junto a Trinidad Jiménez, José Blanco, Jesús Caldera, Jordi Sevilla, Juan Fernando López Aguilar y José Andrés Torres Mora, entre otros. Mucho antes, desde que era una niña, durante la Transición, su madre la llevaba de la mano a las manifestaciones en pro de la libertad. La influencia de su madre es más que determinante en la vida de Carme, hija de una luchadora antifranquista y nieta de un anarquista que sufrió cárcel en el franquismo. Ella no oculta que se siente del bando "de los perdedores". Porque lo fue su familia y porque los valores y principios que sucumbieron con la contienda son los suyos. Desde pequeña asumió que en la vida hay compromisos ineludibles.

Pero esas consideraciones las realiza sin aspereza y ni atisbo de rencor. No, para ella estar en la izquierda es natural, cada uno está dónde está. De ahí, que sus compañeros también destaquen de ella la firmeza de sus convicciones, que se manifiesta en las discusiones internas, donde frunce el ceño ante las consideraciones desfavorables hacia el partido o el Gobierno que puedan expresar los medios de comunicación. Pero la comunicación es otro de sus fuertes ya que esa fortaleza en las convicciones se traduce en credibilidad y seriedad. La misma que traslada desde la Presidencia del Congreso cuando, como vicepresidenta primera, asume la presidencia en ausencia de Manuel Marín. Desde el primer momento sorprendió la autoridad y la mano izquierda de la que hacía gala en momentos de revuelo con amenaza de escándalo. Sin aspavientos volvía el orden.

De nuevo las enseñanzas de su progenitora pueden explicar otro de los rasgos que de ella repiten sus compañeros: trabajadora incansable. Esto decía a este periódico en 2002. "Mi madre me educó como una superviviente. Me metió en la cabeza que por ser mujer y de izquierdas todo me iba a costar mucho más en la vida". Tiene 36 años, es ministra y el presidente del Gobierno ha dicho que el futuro es suyo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007