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Reportaje:

Los sueños amordazados de Osamuyi

Una juez investiga la muerte de un nigeriano cuando era repatriado

Osamuyi Aikpitanyi llegó a España hace cuatro años. Con 23 años salió de Bini (al sur de Nigeria) sin despedirse de nadie. Ya tenía otros dos hermanos en Europa y él quería seguir su mismo camino en busca de algo mejor que los cuatro plataneros y el poco pescado que vendían sus padres. Nunca dio demasiados detalles de cómo lo hizo: sólo que recorrió miles de kilómetros y pasó tres días infernales en una frágil barquichuela hasta arribar a Canarias. Pero sus sueños acabaron el pasado día 9 en pleno vuelo, cuando era repatriado a Nigeria por la fuerza. Todos los indicios apuntan a que murió asfixiado por la mordaza que la policía le colocó en la boca para evitar que mordiese a sus escoltas.

"Quiero que esto se aclare. Y es fácil porque hay muchos testigos. Él era fuerte y sano. Además, voy a pedir que un médico le haga una segunda autopsia", anuncia su hermano Chester, un hombre gigantesco, antiguo bo-xeador y hoy ferralista, asentado desde hace 16 años en España.

"El verdadero problema que tenemos con los nigerianos es que se les deniega el arraigo social, imposibilitándoles para siempre poder regularizar su situación en España por una causa no imputable a ellos", denuncia Elena García Cazorla, la abogada de oficio que luchó denodadamente hasta el último minuto para evitar la expulsión de Osamuyi.

"Les piden que los certificados de antecedentes penales sean legalizados por el consulado español en Nigeria, que se niega a hacerlo. A los nigerianos se les requiere para que acudan personalmente a esa representación diplomática en Nigeria para simultanear su identificación con la plasmación de huellas dactilares, como dispone el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Consulado General de España en Lagos", explica Elena García.

"Eso es una locura. Es un requisito de imposible cumplimiento, ya que no podemos olvidar que éste es un procedimiento habilitado para que ciudadanos extranjeros que están irregularmente en España puedan solicitar aquí su residencia. ¿De qué modo podrían viajar a nuestra Embajada en Nigeria y regresar a nuestro país si carecen de documentos (permiso de residencia) para hacerlo?", se queja la letrada madrileña.

Nada más llegar a Madrid en 2003, Osamuyi fue acogido por su hermano Chester en su casa de Camarma de Esteruelas, un pueblo de Madrid: "Le dije que iba intentar colocarle en mi empresa, Armatek; pero él se fue con su otro hermano, Ikponwosa, a Alcalá de Henares. Más tarde decidió ir a su aire. Vendía La Farola junto al hospital La Paz y me dijo que sacaba unos 80 euros al día".

Durante los cuatro años que permaneció en España tuvo problemas con la policía. En su ficha constan 11 antecedentes, la mayoría de ellos por desacato, resistencia, desobediencia, "falta de respeto y consideración a los agentes de la autoridad" y una presunta agresión sexual que hoy nadie aclara. En contra de algunas noticias publicadas, no estaba buscado en Nigeria por asesinato ni por violación, según la policía.

Hace unos meses, Osamuyi contactó con la abogada Lucía Paredes Ayllón para legalizar su situación. Lo primero que había que hacer era cancelar sus antecedentes penales. Así que Paredes le preguntó si había tenido condenas en España. "Osamuyi me entregó sólo una sentencia del 15 de febrero de 2005 en la que una juez de Alcalá le condenaba a 40 euros de multa por una trifulca con unos policías", recuerda Paredes.

La víspera de la última Nochebuena, Osamuyi fue detenido al ser sorprendido en el metro sin billete. El 7 de marzo pasado, la Delegación del Gobierno en Madrid decretó que fuese expulsado de España. Por dos veces intentó la policía embarcarlo en un avión, pero desistió ante la actitud violenta y de resistencia que opuso, según fuentes policiales. De nada valieron los reiterados recursos presentados por la letrada García Cazorla en los que sostenía que su defendido no tenía "ningún problema penal, sino sólo el de la indocumentación, cuando se encuentra tramitando su cédula de inscripción".

El pasado 9 de junio, el joven nigeriano fue embarcado en un avión de Iberia con destino a Nigeria. Según fuentes policiales, Osa-muyi era un hombre corpulento y la emprendió a golpes y mordiscos contra los policías, a la vez que logró liberarse de las esposas de plástico que tenía en las muñecas y en los tobillos, causando lesiones a los agentes. En el avión, mordió a uno de los escoltas, por lo que éstos le amordazaron con una venda y le sellaron la boca con una cinta adhesiva. Ante los síntomas de asfixia, el comandante de la aeronave aterrizó en el aeropuerto de Alicante. Pero ya estaba muerto.

Los dos policías que custodiaban al nigeriano están citados a declarar en el Juzgado de Instrucción 1 de Elche por un supuesto homicidio por imprudencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de junio de 2007