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Entrevista:BRUNSON McKINLEY | Director de la Organización Internacional de las Migraciones | La política de inmigración

"El trabajo es la clave para acabar con la inmigración irregular"

La OIM es una organización intergubernamental consagrada desde 1951 al principio de que las migraciones ordenadas benefician tanto a los inmigrantes como a las sociedades de acogida. Desde hace poco más de un año, España ha recuperado su antiguo estatus entre sus 126 Estados miembros y la OIM ha asumido un papel cada vez más relevante en la gestión de la política migratoria. Su director general, Brunson McKinley (Miami, 1943), considera que el trabajo es la clave para acabar con los flujos irregulares de personas.

Pregunta. ¿En qué medida anima la globalización a la emigración económica?

Respuesta. Obviamente hay una conexión. El mundo es más pequeño, la información es más accesible, casi todos tenemos un pariente que vive fuera del país y se ha desarrollado un gran negocio en torno a mover a gente por el mundo. Todo esto son fenómenos de la globalización, y coinciden con que los países ricos necesitan trabajadores extranjeros.

P. ¿Podemos suponer, entonces, que el fenómeno de la inmigración a gran escala no ha hecho más que empezar?

R. Sí, creo que irá a más. Quiero evitar la palabra explosión, porque no deseo asustar a la gente. Creo que la inmigración, en conjunto, es algo bueno, si se gestiona y se encauza adecuadamente. Ahora bien, el mundo está dividido entre ricos y pobres, y en muchas regiones los gobiernos están yendo hacia regímenes de libre circulación. La Unión Europea ya funciona así, y la Unión Africana, la Asociación de los Países del Sureste Asiático y Mercosur también están tratando de implantar el mismo modelo. Las barreras al movimiento regularizado de personas por razones laborales están cayendo una tras otra.

P. ¿Se han quedado obsoletos los Estados nación para gobernar esa nueva realidad?

R. Sí y no. Sin duda hay presiones, y los Gobiernos soberanos tienen muchas dificultades para controlarlas. Pero las naciones soberanas seguirán siendo en un futuro próximo la unidad básica del gobierno internacional.

P. Habla de inmigración regular. Pero hay otra inmigración, irregular, tan importante como la primera. ¿Cómo propone su organización luchar contra ella?

R. Esa es la pregunta más importante en el momento que atraviesa el mundo. Hay que precisar que los inmigrantes irregulares no son en principio delincuentes, aunque para encontrar un trabajo hagan cosas al margen de la ley. Y que pagan muy cara su situación irregular, no sólo en dinero, porque no disfrutan de los mismos derechos que los regulares. Para evitar esas situaciones debemos abrir las puertas de los países, con el fin de que la gente pueda entrar de la forma adecuada. Necesitamos que los gobiernos reconozcan de forma abierta y directa que precisan determinadas categorías de inmigrantes.

P. Hay muchos Estados emisores de emigrantes reacios a colaborar en el control de la inmigración irregular, porque sus envíos de dinero les suponen una fuente de ingresos muy importante. ¿Qué le parece la política española de condicionar los créditos al desarrollo a que esos países acepten la repatriación de sin papeles?

R. Efectivamente, esa es la política que han adoptado muchos países europeos. Es muy legítimo que un Estado europeo insista en que el país de origen acepte a esas personas. Esa es una norma básica. Pero seamos honestos: el problema es mucho más amplio. No se trata sólo de devolver a los inmigrantes que no han logrado sus objetivos. Lo más importante es ser capaces de aceptar un número de inmigrantes exitosos, de forma que la experiencia les beneficie a ellos y a los países de destino. La clave es llegar a una situación en la que todo el mundo gane. Por eso creo que debemos considerar la migración como un fenómeno relacionado con el desarrollo económico. Hay que aplicar las leyes, eso es importante, pero también hay una serie de factores macroeconómicos que aún son más importantes.

P. Su organización colabora con las autoridades españolas en el retorno de inmigrantes irregulares. Su papel en el caso del Marine I, el carguero con 369 inmigrantes que fue remolcado hasta Mauritania, fue muy importante.

R. Nosotros hacemos cualquier cosa que nos pida un Gobierno y que esté relacionada con la movilidad de seres humanos. Nuestra relación con España es bastante reciente, porque sólo entró en la OIM el año pasado. Mejor dicho, volvió a entrar, porque estuvo mucho tiempo con nosotros y luego nos abandonó. La relación es muy buena. Trabajamos con el Gobierno central, con los Ejecutivos autonómicos y con los municipios, y también en asuntos que vinculan a España con el exterior.

P. Como en el caso de Mauritania.

R. Mauritania es un buen ejemplo. Pero también trabajamos con Ecuador, para reclutar trabajadores ecuatorianos; en el ámbito diplomático de los Cinco más Cinco, que reúne a cinco países europeos y a los cinco países del Magreb, y en la trata de personas. En Mauritania, hablamos con los inmigrantes y logramos que casi todos volvieran voluntariamente a su país. Creo que al volver a sus países pueden hacer desistir a otras personas que pensaran lanzarse a una aventura como la suya.

P. Habla mucho de inmigración económica. ¿Es el trabajo la clave para abordar el fenómeno?

R. Un ejemplo es la regularización que en 2005 hizo el Gobierno español de casi 600.000 personas que tenían un trabajo pero estaban en situación irregular. Apoyo plenamente esa medida. El trabajo es la mejor fórmula para integrar a los inmigrantes. El trabajo es el denominador común entre las distintas culturas y la base sobre la que podemos entendernos para regular los flujos de personas. Es la clave para luchar contra la inmigración irregular.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de junio de 2007