Un buque de Fomento recogerá en alta mar a los náufragos de Malta

"Si no los hubiéramos subido a bordo, estarían muertos", afirma el capitán que los rescató

El remolcador español Montfalcó, que hace cuatro días rescató a 26 inmigrantes subsaharianos en el Mediterráneo, puso rumbo hacia España a las tres de la madrugada de ayer, tras la tajante negativa de Malta y de Libia a hacerse cargo de los náufragos. A su encuentro tenía previsto zarpar anoche, desde Palma de Mallorca, el buque de Salvamento Marítimo Clara Campoamor. Está previsto que el trasvase de los sin papeles se realice esta noche al sur de Cerdeña.

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El Montfalcó se hallaba el viernes por la noche en el Mediterráneo, en un punto equidistante entre Malta y Libia, a la espera de enganchar unas enormes nasas de 50 metros de diámetro cargadas de alevines de atún vivos para transportarlas a un vivero español, cuando se le acercó una patera. "Vi una luz muy tenue, una cosa muy rara", declaró por teléfono a RNE el capitán, Rubén Vázquez Rey. "Me acerqué y comprobé que nos estaban abordando, pero no les era fácil".

Durante toda la noche, los seis marineros del barco español mantuvieron la barca a unos metros de distancia. "Era de noche y no sabíamos lo que podía haber", explicó Vázquez. "Al principio creí que eran piratas, pero cuando vi la clase de barca que tenían y cómo venían, me di cuenta de mi error".

El sábado por la mañana, el capitán decidió subir a los inmigrantes a bordo. "Venía el mal tiempo y su barca no habría aguantado. Si no los hubiese rescatado, estarían muertos. Les quedaban 12 horas, porque la barca no tenía ni cinco metros y los 26 [todos varones, que dijeron proceder de Costa de Marfil] estaban metidos como sardinas en lata". De hecho, la patera se partió en dos horas más tarde, según informaba ayer el diario maltés The Times.

En ese momento comenzaron los problemas para el Montfalcó. Malta y Libia, Estados responsables del salvamento y rescate en las aguas en que se hallaba el buque, se acusaban mutuamente y se pasaban la patata caliente que suponía acoger a los náufragos. Durante los cuatro días siguientes, mientras la diplomacia española intentaba sin éxito hallar una solución, el Montfalcó permaneció a 87 millas al sur de Malta. El barco sólo dispone de ocho camas y un baño, y su espacio habitable es mínimo. "Están en condiciones precarias. Se trata de un barco en el que a lo mejor cabrían 15 personas, pero no más", relata desde Sant Carles de la Ràpita Florenci Macías, gerente de la empresa Navegadores y Servicios (Naserer), propietaria del remolcador.

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En el Montfalcó había comida y agua suficientes para que seis personas sobrevivieran sin problemas durante un mes, pero la llegada de los náufragos alteró los planes. Aunque, a primeras horas de ayer, una patrullera de Malta acercó al barco algunas mantas, agua y comida, el capitán ordenó al cocinero que racionara los víveres.

Fracasadas las negociaciones diplomáticas y sin posibilidad de aguantar más en medio del Mediterráneo, en Montfalcó puso rumbo hacia España a las tres de la madrugada de ayer. Al principio navegaba a ocho nudos (14,8 kilómetros por hora), pero la mala mar le obligó pronto a reducir la velocidad a cuatro nudos. Está previsto que esta noche se encuentre al sur de Cerdeña con el buque de Salvamento Marítimo Clara Campoamor, que ayer se aprestaba a zarpar desde Palma de Mallorca. Junto a Cerdeña se producirá el trasvase de los inmigrantes, que el Clara Campoamor trasladará a un puerto español no precisado.

El rescate mereció ayer la atención de la Comisión Europea. El portavoz comunitario de Libertad, Seguridad y Justicia, Friso Roscam, declaró que en estos casos que enfrentan a miembros de la UE, la prioridad debe ser "resolver el problema humano". Sólo después, añadió, es pertinente dirimir a qué Estado corresponde hacerse cargo de los inmigrantes. No obstante, Roscam adelantó que la Comisión ultima un estudio jurídico sobre la aplicación del derecho marítimo en relación con el derecho humanitario "para asegurarnos de que en circunstancias como éstas todo el mundo tenga claro quién es el responsable".

EL PAÍS

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