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La otra mirada | Elecciones 27M

Debajo de los adoquines está la playa

Pese a lo que podría parecer, esto no es un homenaje a Príapo (aquel Dios de la antigüedad que era todo falo), sino un proyecto urbanístico del Ayuntamiento de Cullera. Manhattan, que ya había hecho mucho daño a Benidorm y a la costa española en general, ha alcanzado ahora a este hermoso municipio costero de la Comunidad Valenciana. El proyecto está compuesto de 33 torres (o tumores) de viviendas de hasta 25 metros de altura y dos rascacielos (o excrescencias pulposas) de 40, todo ello en la mismísima desembocadura del Júcar. Se pretende atraer a 20.000 personas (cada una con su aparato digestivo), que duplicarán la población de la localidad de un día para otro. El proyecto, del que son cómplices la Generalitat y el Consistorio (qué rayos querrá decir Consistorio) fue aprobado por la coalición de gobierno, compuesta por el Partido Popular, Unión Valenciana y el Bloc Nacionalista Valencià. Los informes del ministerio de Fomento y de Medio Ambiente, que, aunque preceptivos, no son vinculantes (curiosa relación), alertan sobre la falta de agua para los nuevos vecinos, así como sobre la ausencia de conexiones para hacer frente al aumento de tráfico en torno al municipio. Que no son partidarios, vaya.

Conviene señalar que, pese a la apariencia, lo que ustedes ven no es una foto, sino la imitación de una foto. Podrían haber dibujado el proyecto al óleo, pero la fotografía proporciona un grado de verosimilitud del que carece la pintura. Es como cuando haces una reforma en casa y el reformador saca, con la ayuda del ordenador, una fotografía simulada.

-Así será su cocina una vez terminada.

Y en efecto, ahí está, ahí está, con los muebles de acero que has elegido en la tienda y con la nevera de dos puertas y el microondas de tres velocidades. El vendedor podría haberte hecho una acuarela, pero el realismo de la fotografía falsa es tal que parece que la cocina está acabada antes de comenzarla, como si hubieran retratado el futuro. Y el futuro de Cullera es lo que ven. ¿Por qué no hay nadie por la calle?, se preguntará más de uno. Porque no es un proyecto para las personas humanas, sino para la plusvalía animal. Además, ¿quién va a pasear por un lugar tan hortera, por una imitación tan burda de Blade Runner? Blade Runner es, como Manhattan, un género excelente, pero inexportable. He aquí la prueba. Por no haber, en esta imitación de mala muerte no hay ni ovejas mecánicas.

El proyecto incluye un Palacio de Congresos (otro género). Falta el género policiaco, pero aparecerá enseguida, pues la construcción atrae a los gángsteres como la miel a las moscas. Pronto empezarán a circular por los desagües de esos edificios sin alma torrentes de dinero negro y cadáveres con los zapatos de hormigón, mientras brotan los campos de golf (otro género) como las malas hierbas.

En el 68 se gritaba que debajo de los adoquines estaba la playa, pero se gritaba a modo de metáfora, pues nadie la encontró nunca, mucho menos en París. La metáfora ha devenido de súbito en realidad. Debajo de los adoquines de la foto falsa reposa la playa verdadera, junto al sentido común y a los cadáveres resultantes de los ajustes de cuentas entre comisionistas. Playas las de levante, costas las de Lloret.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de mayo de 2007