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Crítica:

Una iniciación mistérica

No se trata de una obra más sobre Pompeya. El libro de Linda Fierz-David abunda en análisis mitológicos y en el intento de interpretar los frescos de la villa de los Misterios, una casa de iniciación para mujeres en los ritos secretos de Baco y Ariadna.

Es importante la nota biográfica que cierra este libro, pues sin ella la mayoría de los lectores ignorarían quién fue su autora, Linda Fierz-David (1891-1955), una de las más notables investigadoras de la psicología analítica, entre un grupo de mujeres notables que trabajaron con Carl Gustav Jung en Zúrich y fueron sus discípulas, y según la mujer del profesor (en carta a Freud) "todas, naturalmente, enamoradas de él". Fierz-David resultó autora de dos importantes libros, el primero de 1947 sobre el Sueño de Polifilo de F. Colonna, la gran obra del simbolismo renacentista. Poco antes de morir, dejó terminado (y sin publicar) este estudio sobre la villa de los Misterios pompeyana, que vio la luz en su versión inglesa -de la que procede nuestra edición- en 1957 con el título de Dreaming in red.

LA VILLA DE LOS MISTERIOS DE POMPEYA

Linda Fierz-David

Prólogo y nota biográfica de Enrique Galán Santamaría

Traducción de Ana Becciu

Atalanta. Girona, 2007

268 páginas. 20 euros

Aunque, como es lógico, el

libro abunde en análisis e interpretaciones de mitología clásica y aun se detenga en el papel de las mujeres más libres de la Roma imperial (que se ponen bajo la protección de Livia, la segunda mujer de Augusto, el opuesto a su libertina hija Julia) no estamos ante una obra de filología ni de historia, sino ante un muy jungiano y preciso intento de interpretación en un ancho contexto -es decir, lo que ocurrió en esta villa sucedería asimismo en otros lugares del Imperio- de los frescos pintados en esa llamada "villa de los Misterios" en Pompeya, muy distinta, por su honda simbología, al rico y colorista mundo de casas de ricos patricios y lupanares de todo género que llenan las verdaderamente esplendorosas ruinas. La villa de los Misterios era una casa de iniciación (sólo para mujeres) en los ritos secretos -y muy complejos- de Baco y Ariadna, bajo el signo de Orfeo. Las pinturas de las paredes -reproducidas al final- de la conocida como "sala de Iniciación" nos darían cuenta del proceso de la iniciada que va mudando de aspecto a lo largo del recorrido picto-simbólico, que la muestra al inicio como una mujer de pie, vestida de matrona, que oye a un niño desnudo leer un rollo de papiro, hasta su transformación en cabra, el espanto de la mujer asustada ("la primera unión de la participante con Dioniso es una conmoción que le priva de lengua") y así hasta la serenidad final de la "domina" (señora) sentada, identificada con Mnemósine. Como he dicho, el proceso mitográfico es muy complejo -aunque se narre con amenidad y buena escritura- en el intento dual de seguir las pinturas pompeyanas pero abarcar también el camino iniciático a los cultos dionisiacos de tradición órfica, que la autora compara con la toma de conciencia de la participante con la inconsciencia, con el lado oculto y más terrorífico del dios. Es naturalmente (al contrario que en el cristianismo, aunque la misa de algún modo no sea sino un ritual iniciático muy sucinto) un viaje hacia abajo, a la subconciencia, al Hades, donde estuvo Orfeo para lograr la liberación de Eurídice. También Ariadna queda abandonada en la isla de Naxos, y Dioniso debe rescatarla. Pues si Baco es un dios de la alegría, también es un dios de muertos. La vastedad del proceso iniciático que vamos siguiendo es de una sorprendente riqueza simbólica, tanta que no dejará indiferente a ningún lector atento a los mundos del inconsciente colectivo. Pero si necesitáramos una idea básica para definir el proceso que detalla el libro, sería tan simple como que la mujer iniciada sale del rito convertida en una persona que ha conciliado su lado diurno con su lado nocturno, esto es, que conoce la sabiduría plural de la sombra y que así ya no tiene miedo, ni de la muerte tampoco. En Delfos y en Eleusis (de otra manera y también para hombres), los rituales no debían ser muy distintos. En cualquier caso la interpretación de la profesora Fierz-David, aunque muy ligada al psicoanálisis jungiano, jamás deja de tener en cuenta -y con amplitud- los muy ricos conocimientos en mitología clásica (en su faceta más inhabitual) que hay que poseer y manejar para entrar en unas pinturas apretadísimas de significados, y en cierto sentido mucho más contemporáneas de lo que parecen. ¿Un libro más sobre Pompeya? Nada más lejos. La universalización -a través de la mitología- de un rito de iniciación que también ocurrió en una femenina casa de Pompeya.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007

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