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Crítica:

Desapego emocional

Los temas son los de siempre pero contados desde la hiperrealidad. Una vez más, Calvo consigue hacernos partícipes de lo mal que estamos. La sensación de superficialidad, irracionalidad o absurdo planea entre unos personajes que parecen sacados de un cómic.

Habría que comenzar a leer novelas como Mundo maravilloso, el nuevo título del autor barcelonés Javier Calvo, con una mirada distinta. Tuve esa impresión cuando hace dos años leí Ático, una novela del también catalán Gabi Martínez. El concepto de realidad varía. No los contenidos que representa, que son los mismos temas universales de siempre, sino la textura de esas representaciones. Javier Calvo ha publicado dos libros de cuentos y una novela. De esas lecturas el lector puede que haya experimentado una sensación rayana en la hiperrealidad. Algo así como si lo que describe no estuviese asentado en el mismo suelo que pisamos cuando lo leemos. En el cuento que daba título al volumen Risas enlatadas, Calvo no abandonaba el paisaje cotidiano, como tampoco lo abandona Ballard o Stephen King o Philip K. Dick en aras de una representación de la irrealidad que nos rodea. Esto es lo que más sorprende en Mundo maravilloso. La sensación de constante absurdo, de seductora irracionalidad, de iridiscente superficialidad.

MUNDO MARAVILLOSO

Javier Calvo

Mondadori. Barcelona, 2007

550 páginas. 21,90 euros

Mundo maravilloso nos cuen

ta desde una voz omnisciente, las peripecias canallescas de una serie de personajes que parecen sacados de una película de gánsteres o de un cómic cuando a sus personajes los escuchamos dialogar. En realidad estamos hablando de una novela con crisis emocionales, con ambiciones y ganas de tomarse algunas revanchas. Pero cambia el dibujo de sus actores, que hacen lo posible por ser reales. Y cambia la manera en que se asientan en la vida cotidiana. Hay un personaje en esta novela que ha desarrollado un mecanismo para que los problemas no le lleguen nunca a él sino a sus congéneres más cercanos; y que los demás tengan problemas a él tampoco le afecta. Esta descripción de olímpica inmoralidad le basta a Calvo para radiografiar lo mal que estamos, sólo que su método ficcional no se permite ningún enunciado de juicio. Y en este trabajadísimo desapego emocional estriba la eficacia moral de esta estupenda novela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de abril de 2007

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