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Reportaje:

¿A quién teme Putin?

El Kremlin utiliza la fuerza y ordena reprimir cualquier tipo de oposición

Las dos principales ciudades de Rusia, Moscú y San Petersburgo, vivieron el pasado fin de semana jornadas de manifestaciones de la oposición al régimen de Vladímir Putin. Los que se atrevieron a salir a las calles fueron pocos, pero no es esto lo que llama la atención en un país de tradiciones autoritarias y donde el presidente goza de una gran popularidad. Lo curioso es que, a pesar de la estabilidad del régimen y de la boyante economía basada en los altos precios de los hidrocarburos, el Kremlin parece temer cualquiera manifestación de protesta y ordena reprimir de forma desmedida a los centenares de personas que salen a la calle.

La paranoia se explica porque gran parte del Kremlin procede de los servicios secretos

Desde una perspectiva occidental es difícil entender que personas tan respetables como el ex primer ministro Mijáil Kasiánov o el ex campeón mundial de ajedrez Gari Kaspárov puedan terminar convertidos en marginales perseguidos, insultados y detenidos. ¿Qué ha quedado de la democratización que se inició con la perestroika a finales de los años ochenta del pasado siglo? ¿En virtud de qué metamorfosis los demócratas a ultranza se han convertido en apestados?

Pues la verdad es que ellos no han cambiado y siguen siendo fieles a sí mismos. Las causas de estos cambios hay que buscarlas en la involución del régimen, que comenzó con la llegada al poder de Putin. Hay que reconocer, sin embargo, que esta involución tan criticada en Occidente es apoyada por la mayoría de los rusos. Para ellos, el dilema es democracia y caos, como en la época de Borís Yeltsin, u orden y progreso material.

Poco importa a la gente de a pie que el bienestar de que goza Rusia sea producto de una coyuntura económica en los mercados mundiales de hidrocarburos. Las encuestas demuestran que la popularidad de Putin va en aumento: si en marzo de 2006 era del 56%, el mes pasado ya era del 64%, según el Centro Levada, conocido por su objetividad.

La gran riqueza energética de Rusia está jugando un flaco favor a la democracia. En el interior, el Kremlin puede solucionar cualquier problema social con petrodólares sin darse el trabajo de realizar reformas estructurales. Y en el exterior, Putin goza del apoyo de los líderes europeos. Sin ir más lejos, mientras la policía daba porrazos a los manifestantes en San Petersburgo, el ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi cantaba loas a su amigo Putin y elogiaba la democracia rusa durante una suculenta cena después de asistir juntos a un combate deportivo.

La paranoia hacia la oposición puede explicarse porque gran parte de los que hoy están en el Kremlin, empezando por el presidente, provienen de los servicios secretos, y éstos, al menos en Rusia, prefieren siempre curarse en salud. Tradición que, por lo demás, viene de la época soviética. Recordemos que durante la perestroika, cuando el Parlamento eligió presidente a Mijaíl Gorbachov, éste fue el único candidato. Cuando un diputado se propuso como segundo candidato para legitimar aquellas elecciones y poder calificarlas de democráticas, no lo incluyeron en las papeletas, no fuera a resultar que al final ganara... Mirándolo objetivamente, aquel proceso de democratización que acabó con la Unión Soviética no fue producto de una evolución profunda; fue una anomalía en la historia rusa, que Putin está encargándose de corregir.

Como muestran las últimas elecciones provinciales antes de las legislativas que se celebrarán en diciembre próximo, el Kremlin controla completamente la situación. El domingo se realizaron comicios regionales en Krasnoyarsk, cuyos resultados son considerados típicos de lo que sucede en las elecciones a nivel nacional, y la victoria del partido progubernamental fue incuestionable. Rusia Unida obtuvo el 42,5% de los votos, mientras que el otro partido pro-Putin, Rusia Justa, sacó el 13%. El Partido Comunista ruso, que no pertenece a la oposición radical al régimen y que tampoco se distingue por sus tradiciones democráticas, llegó segundo con un 20%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 17 de abril de 2007