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La campaña electoral francesa

Un balance ambiguo al frente de la seguridad

Cuatro de los últimos cinco años los ha pasado Nicolas Sarkozy en el Gobierno. En 2002, tras el triunfo electoral de Jacques Chirac y la abrumadora victoria de los conservadores en las subsiguientes elecciones legislativas, Sarkozy entró a formar parte del Gobierno como titular de Interior. Parecía que el presidente había perdonado finalmente sus traiciones ofreciéndole el ministerio que más le gustaba, el que da mando y plaza sobre las fuerzas de la policía y los servicios de inteligencia.

Pero la felicidad fue breve. Una remodelación de Gobierno desplazó a Sarkozy a Economía y Finanzas colocando a su gran rival, Dominique de Villepin, en la plaza Beauveau, sede del Ministerio del Interior, justo frente al palacio del Elíseo. Fue una época oscura para el ahora candidato conservador. Coincidió también con sus primeros problemas matrimoniales, pero Sarkozy la aprovechó para lanzar su asalto a la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el partido que el ex primer ministro Alain Juppé había creado, por órdenes de Chirac, para articular la mayoría. Juppé había sido condenado por la Justicia por financiación ilegal de partidos y quedaba fuera de juego. No le costó demasiado a Sarkozy hacerse con las riendas.

Pero Chirac desconfiaba y le puso en la tesitura: o el partido o el Gobierno. Sarkozy abandonó el Ejecutivo a finales de 2004 y organizó una espectacular ceremonia de coronación como presidente de la UMP, aunque estar apartado del poder no acabara de gustarle.

Pero tuvo suerte. El no de los franceses en el referéndum sobre el Tratado Constitucional europeo en mayo de 2005 fue esencialmente un no a Chirac y al Gobierno. El presidente cesó al primer ministro Jean Pierre Raffarin y lo sustituyó por Villepin, al tiempo que convencía a Sarkozy para que volviera a la cartera de Interior.

Su balance en materia de delincuencia y violencia es ambiguo. Había sido el tema central de las elecciones de 2002 y el gran error de Lionel Jospin fue no entender la preocupación de los franceses por la seguridad ciudadana. Las estadísticas señalan que en estos últimos años se ha producido un descenso en el número de delitos, pero la otra cara de la moneda es que se ha producido un importante aumento de la violencia contra las personas. Además, está el episodio de la rebelión de las barriadas en otoño de 2005, un tema ambiguo donde los haya. Ardieron miles de vehículos y se destruyó mucha propiedad. Eso sí, no hubo muertos ni víctimas graves ni entre los manifestantes ni entre la policía. Y esto es lo que Sarkozy se apuntó. De hecho, su popularidad subió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de marzo de 2007