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El desamor de Abramóvich vale 8.000 millones

El dueño del Chelsea firma en Rusia uno de los divorcios más caros de la historia

Cinco meses después de asegurar que los rumores de divorcio eran "falsos y dolorosos", Román e Irina Abramóvich han anunciado su divorcio. La ruptura entre el tímido multimillonario ruso, de 40 años, y la antigua azafata de Aeroflot, de 39, se ha producido tras tres lustros de matrimonio que han producido miles de millones de euros y cinco hijos con edades entre los tres y 15 años.

Los detalles del acuerdo de divorcio no se conocen. Ni siquiera se sabe si la ruptura del matrimonio se ha acordado ahora o hace algún tiempo, y se especula con que el anuncio se ha precipitado después de que Abramóvich fuera fotografiado el pasado lunes en París con la que se supone que es su amante y detonante último de la ruptura conyugal, una hermosa rusa de 25 años llamada Daria Zhukova, que antes fue la novia del tenista ruso Marat Safin.

Algunos diarios británicos aseguran que Irina se ha quedado con unos 8.000 millones de euros y diversas propiedades, desde casas a coches y yates, en lo que equivaldría a la mitad de la fortuna del magnate. Otros reducen la cifra a 1.500 millones de euros, al margen de las cantidades destinadas a la manutención y cría de los hijos.

El hecho de que el acuerdo de divorcio se haya tramitado con enorme sigilo y rapidez y de que la pareja se acogiera a la ley rusa y no la británica hace pensar que la cifra probablemente se acerque más a las estimaciones conservadoras. Aunque la ley rusa es similar a la británica y tiende a repartir a partes iguales la riqueza generada durante el matrimonio, los acuerdos de divorcio están sujetos a secreto, señalan algunos expertos. Pero también sería secreto en Londres si el acuerdo se hubiera cerrado en privado, y no en los tribunales, tal y como ha ocurrido.

Abramóvich, que ya se había casado una vez antes de su matrimonio con Irina, forjó su fortuna en las privatizaciones de la industria petrolera y del aluminio gracias a sus relaciones con el entonces presidente ruso Borís Yeltsin, primero, y su sucesor, Vladímir Putin, después. En 2003, nada más instalarse en Londres, compró el Chelsea, un equipo de fútbol popular pero sin palmarés al que ha convertido en campeón de Inglaterra tras gastarse 750 millones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de marzo de 2007