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Parques infantiles: más seguros que en casa

Un estudio analiza el riesgo que representan para los niños las arenas en las que juegan

Muchos padres se preguntan si los parques infantiles son seguros y muy especialmente si la arena en la que juegan sus hijos contiene elementos tóxicos que puedan perjudicar su salud. Pueden estar tranquilos: un estudio de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Minas de Madrid concluye que la arena de los parques infantiles, que contiene de forma natural elementos como arsénico, hierro o astato, no supone riesgo alguno para la salud de los niños. En cuanto a los columpios, las directrices europeas establecen que los elementos de juego habrán de estar elaborados con materiales que no sean tóxicos y convenientemente tratados para no causar daño.

Un elemento es tóxico en función de dos variables: de lo dañino que sea y del nivel de exposición al que está sometido. En cualquier ciudad con un clima agradable, y especialmente Madrid, donde hay carencia de jardines privados, los niños pasan mucho tiempo en las áreas de juegos de los parques públicos, por lo que era de gran interés conocer si los niños corren algún riesgo inaceptable, "pero no porque las zonas estén muy contaminadas, que no lo están en absoluto", sino por una exposición prolongada.

Según Eduardo de Miguel, del Grupo de Geoquímica Ambiental, la arena está limpia y el nivel de arsénico, el elemento potencialmente más cancerígeno, está por debajo de los niveles de fondo naturales de Madrid: "En cualquier parte de la Comunidad de Madrid, en la sierra, probablemente haya más arsénico que en los suelos de los parques infantiles".

Para el estudio se ha analizado la arena de 20 zonas recreativas del municipio de Madrid. La investigación, publicada en la revista Chemosphere, señala que la concentración de arsénico detectada no supone peligro alguno. De Miguel no desea que se susciten incertidumbres respecto a los datos del trabajo y explica el concepto de riesgo: cualquier persona, por haber nacido de determinados padres y en un lugar preciso, tiene ya un riesgo de desarrollar un cáncer. Es lo que se denomina riesgo admisible. En la población general el riesgo de contraer un cáncer se estima en un 25%, es decir, que una cuarta parte de la población va a desarrollar, antes o después, un proceso cancerígeno. Lo que tiene interés es verificar si determinados factores, en este caso el arsénico, incrementan o no ese riesgo.

"En este estudio", explica, "hemos sido muy restrictivos: consideramos que el riesgo es inadmisible cuando 1 de cada 1.000 personas puede llegar a desarrollar un cáncer. De modo que cuando decimos que no existe riesgo cancerígeno es que ni siquiera hemos encontrado que pudiera suponer un incremento de 1/100.000 sobre las posibilidades de desarrollar cáncer que cualquier persona tiene por otras vías. Pero, además, hemos utilizado datos de toxicidad muy conservadores y para ser más rigurosos, incluso hemos hecho estudios en cobayas. Y también hemos sido muy rigurosos a la hora de estimar la exposición: suponemos que un niño ingiere 200 miligramos de arena al día, lo que es una cifra muy exagerada".

"Las concentraciones observadas en la arena son más bajas de las que se encuentran en el suelo del parque o en los parterres", añade. "Sólo el hecho de que los niños pasen mucho tiempo jugando en el mismo sitio es lo que nos ha obligado a elevar un poco los niveles de riesgo". En todo caso, De Miguel señala que hay más sustancias tóxicas en el propio domicilio (detergentes, disolventes, etcétera) que en el exterior.

En cambio, la ubicación de algunos parques no es la más idónea para la salud de los niños. Algunos están situados muy cerca de carriles para coches o autobuses. "En estos casos lo que sería dañino son los gases y en menor medida las partículas, aunque hay que reconocer que los niveles de plomo se han reducido drásticamente en los últimos años. Lo que sí se está apreciando es una contaminación de metales asociada al tráfico de vehículos con elementos del grupo del platino (REE) que producen los catalizadores, aunque son poco tóxicos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de marzo de 2007