Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

París en negro y oro

La pasarela francesa hace un canto al lujo en sus propuestas de invierno

Mientras Milán avanzó en la aventura lineal del diseño y sus futuribles, París se esmera en otro campo, acaso su fuerte: el canto incondicional al lujo con sus destellos de desafío formal. Estamos en un ciclo manierístico. La moda gira sobre sí misma y es cierto que ninguna de las dos ciudades-meca del vestir cuestionan esta carrera de sofisticación, pero las visiones son diametralmente distintas.

En París, la pasarela es una casi brutal reafirmación de poder. Puede citarse el primer desfile de Dai Fujiwara para Issey Miyake, urbanita en sus juegos técnicos con el cuadrante de tejido serigrafiado en una búsqueda futurista, y a José Enrique Oñaselfa en su mejor apuesta por Loewe, que hizo un uso dinámico de la piel en negro y la chaqueta bomber revisitada.

Ya fuera del ámbito pasarela abundan detalles de tendencia como la resurrección de Loris Azzaro a manos de su heredera estética, la diseñadora argentina, Vanessa Seward. Lo mismo que el sello de Roger Vivier, que revisa su bolso baguette en cotas artísticas y vuelve la poética del calzado hacia el charol y el detalle de algo muy español: el cordobán.

París vive su fiesta de la moda básicamente en negro y oro, también con el rojo de Valentino y la pesadilla empalagosa del rosa. El minivestido convive con los abrigos rodilleros y la piel de zorro al natural o tratada, aparecerá en invierno por todos lados y situaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007