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Reportaje:GUERRA EN LÍBANO

La verdadera historia de la foto del año

Los protagonistas de la imagen ganadora del World Press Photo cuentan qué pasó ese día

Había sido un día largo para Spencer Platt, fotógrafo de la agencia Getty. Era alrededor de la una de la tarde del 15 de agosto, el segundo día del alto el fuego que acabó con la guerra de 33 días entre Israel y el grupo chií armado Hezbolá. Mientras decenas de miles de refugiados del sur bloqueaban las carreteras de vuelta a sus casas, muchos otros se dirigían al Dahiye (los suburbios del sur de Beirut controlados por Hezbolá). Algunos querían comprobar si sus casas habían sobrevivido a los bombardeos israelíes; otros, simplemente iban por curiosidad.

"Estaba levantado desde las siete de la mañana, caminando por el Dahiye, e iba a volverme al hotel cuando, de reojo, vi venir un coche rojo", dice Platt. "Disparé cuatro o cinco fotos, pero sólo una era buena. Me gustó porque mostraba otro lado de la guerra: el Beirut estupendo. Nunca me imaginé que era la foto". Platt la envió a su agencia con otras 25 de ese día... y se olvidó del asunto. Meses después, esta imagen fue galardonada con el premio World Press Photo, la mejor del mundo publicada en prensa. ¿Qué había detrás?

Los jóvenes del coche no son turistas, sino vecinos del barrio que querían ver cómo estaba su casa

Jad Maroun (22 años) y sus hermanas Bissan (29) y Tamara (26) no se sentían tan estupendos aquel día soleado de agosto. Aparte de que son cristianos, todos viven en el Dahiye, que originariamente era un área cristiana. Al comenzar la guerra habían huido de los bombardeos y se habían instalado en el hotel Plaza de Hamra, una parte suní de Beirut. Allí conocieron a Noor Nasser, musulmana, de 21 años, y a Liliane Nacouzi, cristiana, de 22. También eran refugiadas de los suburbios.

"Fíjate bien en la fotografía", dice Bissan Maroun, empleada de banco. "Te aseguro que no lo estamos pasando bien. La mirada en nuestras caras muestra tristeza por lo que le han hecho a nuestro barrio. Ninguno de la foto pertenecemos a la burguesía cristiana".

Seis meses después de que fuera tomada la fotografía, los protagonistas se reunieron en el apartamento del prometido de Bissan. Sólo falta Tamara, la chica rubia de la foto, que está ocupada con los preparativos de su boda. También está Lana el Khali (25 años), que es la dueña del Mini Cooper descapotable. El Khali, que se declara atea, era miembro de Samidoun, una ONG libanesa que ayudó a gente desplazada. En los primeros días de bombardeos ayudó a evacuar gente del Dahiye. Después distribuyó comida y material médico por la zona. El coche naranja le vino muy bien. El 15 de agosto, su novio Jad le pidió que se lo prestara para ir con más gente a comprobar el estado de sus casas.

Jad, que conducía aquel día, admite que tuvo dudas sobre si abrir la capota. "Me preocupaba que la gente se llevara una idea equivocada. Pero hacía calor. Éramos cinco en un coche pequeño y todos queríamos ver bien lo que le había pasado a nuestro barrio".

¿En qué estaban pensando para vestirse con camisetas ajustadas y gafas de sol de diseño en un día como ése? "Pues, somos libaneses", dice Noor. "Nos vestimos así todos los días. Cualquier otro día, nadie se habría fijado en nosotros, ni siquiera en el Dahiye". Hay algo que el mundo debe entender sobre Líbano, añade El Khali: "Aquí el glamour es una parte importante de la vida. Va más allá de las clases. Incluso si eres pobre, quieres tener un aspecto glamouroso".

No niegan que en aquellos tiempos había en Líbano un turismo de guerra -"pero no es este caso"-. Se preguntan por qué se escoge la foto de Platt, "y no, por ejemplo, la foto del niño muerto siendo sacado de los escombros en Qana". El Khali inquiere: "¿Es que la foto del niño muerto muestra la realidad de la guerra y esto incomoda a los occidentales?".

Spencer Platt nunca supo quiénes eran las personas de la foto. Nunca pretendió juzgarlos. "No hablé con ellos. Podían haber perdido a miembros de su familia. Nadie era inmune al sufrimiento en ese conflicto. Desde luego, yo no quería hacer ningún manifiesto político". Y añade: "Creo que esta foto nos pide a los espectadores que revisemos nuestros estereotipos de las víctimas de la guerra".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de febrero de 2007