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"Ya he muerto varias veces"

Cuando Ram Saing habla, los 229 inmigrantes indios encerrados en una nave del puerto de Nuadibú se Cuando Ram Saing habla, los 229 inmigrantes indios encerrados en una nave del puerto de Nuadibú se incorporan y prestan atención. Este hombre de sólo 32 años, que dice ser originario de Cachemira, es su líder natural. El día que los motores del Marine I se pararon en medio del Atlántico y, según varios testimonios, la tripulación del carguero abandonó el carguero a bordo de una zodiac, fue él quien logró hacerse con la situación. Desde entonces, apenas ha tenido tiempo para conciliar el sueño. Él fue quien lanzó el SOS que permitió el rescate del buque, quien distribuyó a los inmigrantes en dos salas (una de subsaharianos y otra de orientales) para evitar conflictos, quien racionó los alimentos y organizó turnos de cocina... Ahora es el principal colaborador de los policías españoles que custodian a los sin papeles, de los miembros de las ONG que curan sus enfermedades (al menos 40 tienen sarna) y de los funcionarios indios que tratan de volver a identificarlos.

Vestido con una camiseta blanca, unos pantalones de chándal azul celeste y unos zapatos marrones, es el único inmigrante al que le está permitido circular libremente por el recinto. Todos los demás deben estar sentados o tumbados.

Saing cuenta que es originario de la ciudad de Copwada, en la Cachemira india, y que emigró de esa región conflictiva porque su vida corría grave peligro. Su ambición era llegar a Italia, donde dice tener amigos. Pagó 8.000 euros por un largo viaje que él define como "una sucesión de desgracias" y que le llevó en avión a Nueva Delhi, a Dubai (donde fue encarcelado), a Nairobi y a Costa de Marfil (donde le mantuvieron cuatro meses en una casa situada en un bosque). "He muerto ya cuatro veces", afirma. "En Cachemira, en la prisión de Dubai, en el bosque de Costa de Marfil y en el barco". Nadie le ha informado de que tiene derecho a pedir asilo político y no sabe que le van a repatriar. "Si me devolvieran a Cachemira sería terrible. Ya no tengo dinero y, probablemente, me matarían". Todos los españoles que le tratan coinciden en que, además de una tragedia, su deportación sería una injusticia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de febrero de 2007