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DESDE MI SILLÓN | Dopaje

El círculo de Newton

A un ciclista hay una pregunta recurrente que le suele desconcertar: "Oye, tú que pasas tantas horas en solitario encima de tu bicicleta, ¿en qué piensas?". "Ni yo lo sé; no lo recuerdo, pero pensar, pienso", suelo contestar esquivando el involuntario conato de invasión de mi intimidad. El caso es que ayer concretamente, y pensando en escribir esta columna, me vino a la cabeza lo que conocimos en el instituto como el círculo de Newton. A saber, un círculo sobre el que se disponen los colores del espectro solar en forma de quesitos y que cuando gira a gran velocidad se torna de color blanco. Yo veo ahora al ciclismo como un círculo de Newton, pero invertido: siempre que gira, se ve todo negro.

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Y para oscurecer aún más el panorama no se les ha ocurrido otra cosa a nuestros mandamases de la UCI que obligar a que cada uno de nosotros aportemos una muestra de nuestro ADN.

Yo no sé si quien propone está indocumentado o se ha pasado de listo, tengo mis dudas. El caso es que hasta ahora el ADN, aparte de para test de paternidad o para la investigación encaminada a la creación de nuevos fármacos, se está utilizando principalmente en criminología, a lo hora de desenmascarar a asesinos y/o violadores principalmente. Que a los ciclistas se nos ponga al nivel de estos colectivos habla a las claras de lo lejos que está llegando el desprestigio de nuestro deporte.

Yendo más lejos, lo que creo que busca la UCI es la creación de una base de datos que -la información es poder- pueda servir de algo en un futuro. Y no hace falta recurrir a la ciencia ficción para buscar teorías conspiranoicas, puesto que la ciencia de hoy en día ya puede hacer uso de ese ADN. Si como todos sabemos el futuro del dopaje está en el dopaje genético, quizá éste sea el primer paso para empezar a controlar a un colectivo concreto y que sirva de cobaya para el resto de deportes. Una vez más, papel adjudicado por méritos propios al ciclismo, cómo no. ¿Nadie se ha parado a pensar qué podría pasar si esa información (los datos genéticos de cientos de deportistas de élite) cayese en manos desaprensivas? Prefiero ni imaginar el juego que esto daría.

Según la UCI, la única aplicación que tendría esta base de datos sería la posibilidad de cotejar esas muestras con las que -hipotéticamente- apareciesen en futuras redadas antidopaje para saber a quién corresponderían y aplicar las penas correspondientes. Yo sinceramente ni me lo creo ni confío en la UCI para garantizar la confidencialidad y privacidad de mi muestra.

Y, además de la UCI, también nos presiona el aficionado que sabe que en principio te niegas a dar tu ADN: "Algo tendrás que esconder; si no, ya lo darías". Cuántos de los que esto dicen cambiarían de idea si un día aparece en su casa la Guardia Civil con ganas de poner todo patas arriba. "Si no tienes nada que esconder, ¿por qué te negarías en principio? Efectivamente, porque violan tu intimidad y tu dignidad". Eso es lo que yo les argumento, aunque a muchos ya nada les hace cambiar la idea que tienen del ciclismo en general y de los ciclistas en particular. Suelen ser éstos, por cierto, aficionados y grandes conocedores de otros deportes en los que por supuesto -según ellos- no planea la sombra del dopaje. Como en todo, también en el deporte hay categorías, así que "si algunos tenían que ser los primeros en aportar su ADN qué mejor que fuesen los ciclistas, ésos que tragan con todo", habrá pensado alguno.

Pedro Horrillo es ciclista del Rabobank.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de febrero de 2007