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Entrevista:Alberto Núñez Feijóo | Presidente del PP de Galicia

"Si se define a Galicia como una nación, eso dividirá a la sociedad"

El presidente del Partido Popular de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, apela al consenso de los últimos 25 años para dar su sí a la reforma del Estatuto. "Si se define a Galicia como nación, eso dividirá a la sociedad", dice para oponerse a la exigencia del BNG. Feijóo tampoco cede en la obligatoriedad del uso del gallego.

"En la reforma del Estatuto no podemos mirar las diferencias, tenemos que construir las coincidencias de los últimos 25 años"

"Más del 80% del cuerpo electoral gallego no está en el proceso de construcción nacional. Por eso el presidente tiene que decidirse y liderar"

"La obligación de estudiar todas las asignaturas, salvo lengua castellana, en gallego empobrece el país y yo no voy a llevar a Galicia al siglo XIX"

"A nosotros no nos interesa un conflicto. La reforma del Estatuto se tiene que hacer aquí, no vale coger una copia del modelo de Cataluña"

"No hay liderazgo y falta proyecto único. ¿Cuál es el modelo económico, industrial y empresarial? Ir dando tumbos"

"En cuanto a sectarismo informativo de los medios públicos estamos en el peor momento de los últimos 20 años"

"Podemos gobernar en Vigo, Ourense y Ferrol, y nuestro objetivo es mantener la hegemonía municipal a través de las diputaciones"

A sus 45 años, el líder del PP de Galicia afronta la renovación de su partido desde la oposición, un lado de la política que aún no ha digerido. Nacido en la parte orensana de Os Peares, Alberto Núnez Feijóo se inició en la carrera pública nada más acabar Derecho. Funcionario primero y alto cargo de Sanidad después, dejó la presidencia de Correos con el sello de sucesor de Fraga en Galicia y fue nombrado vicepresidente primero de la Xunta. Mañana cumple un año de líder del PP.

Pregunta. El PP tiene los votos que le dan la llave del acuerdo, ¿pero usted es partidario de un pacto sobre el Estatuto?

Respuesta. El PP tiene una gran responsabilidad por su pasado y por el papel que pueda jugar en el futuro. Por su pasado, porque de 25 años de Estatuto hemos gobernado 23, y en consecuencia algo de autogobierno sabemos.Y tenemos un compromiso con el futuro porque desde el principio, ya en el programa electoral, presentamos la reforma del Estatuto de autonomía. Y tenemos también la responsabilidad de gestionar el 45% de los votos en Galicia. Dependemos de esas 750.000 personas que han decidido votar a un partido galleguista de centro. Esos son nuestros mimbres. El PP ha demostrado que cree en el autogobierno, lo ha construido y ha sido su seña de identidad.

P. ¿Y qué espera de la reunión del 17 con Touriño y Quintana?

R. Lo único que espero es encontrarme con un presidente que quiera un Estatuto. Un presidente valiente que se pueda convertir en el político que lidere la reforma estatutaria. Si yo fuera presidente, me gustaría tener a un líder de la oposición que no me pusiera ninguna condición, mas que ser demócratas. Es muy sencillo: sólo hay que respetar que el Estatuto es una ley orgánica y, por tanto, no puede contradecir la Constitución de la que emana. Si entendemos que alguna cosa no respeta la Constitución, aparquémosla, y hagamos la reforma útil, la que interese a Galicia. ¿Y qué nos interesa a los gallegos? Pues un Estatuto que mejore los servicios públicos, y blindar unas inversiones comprometidas por el Estado en una de las crisis ambientales más graves como fue la del Prestige. Y si es posible diseñar un mecanismo de financiación en base a las peculiaridades objetivas de nuestra población, que son el envejecimiento, la dispersión y la emigración, diseñémoslo. Lo que de verdad interesa a los gallegos es mejorar el nivel de vida.

P. Más que en estos temas, parece que el desencuentro se da en la definición de identidad. ¿Admite que el preámbulo reconozca el carácter nacional de Galicia?

R. La definición pactada de Galicia en la Constitución y en el Estatuto está clara. Galicia no es un sitio de políticas histriónicas ni de políticas histéricas. Galicia es una gran nacionalidad histórica. Hay personas y partidos que llevan 25 años diciendo que España es un Estado plurinacional y que Galicia es una nación. Allá ellos, pero en la reforma del Estatuto no podemos mirar las diferencias, tenemos que construir las coincidencias de los últimos 25 años. Y por eso pienso que, si se define a Galicia como una nación, eso dividirá a la sociedad.

P. Pero si en Andalucía el PP ha aceptado la "realidad nacional", ¿por qué aquí no?

R. He sido uno de los primeros dirigentes del Partido Popular que ha apoyado la reforma del Estatuto de una nacionalidad histórica como Galicia. A mí me vale una definición de este tipo. Pero en este momento, lo veremos el día 17, hay síntomas de que hay partidos que no la admiten. El Bloque Nacionalista Gallego ha dicho que si se hace un Estatuto como el de Andalucía abandonaría el Gobierno. El presidente Touriño prefiere antes mantener su Gobierno de coalición que la reforma estatutaria. Esos son límites que yo no tengo. Estoy convencido de que si el presidente es valiente puede haber un Estatuto y el Bloque no se quedará fuera. El Bloque, si está cogobernando, no puede permitirse permanecer fuera otros 25 años o repetir el no que ya dio al Estatuto vigente de 1981.

P. Según sus palabras, el presidente es víctima de su socio.

R. Pero no es una opinión, son hechos. Es el presidente de la Xunta quien ha dicho que no va a poner en riesgo su Gobierno y el Bloque ha dejado claro que si el Estatuto no recoge que Galicia es una nación romperá el Gobierno. Pero creo que aún hay espacio para el diálogo. Lo que pasa es que queda mucho trabajo por hacer. Primero tenemos que hacer el articulado y después estoy convencido de que llegaremos a un acuerdo en el preámbulo.

P. ¿Ese trabajo sobre los artículos son los 65 obstáculos que, según el BNG, usted plantea?

R. Ese documento se lo entregué al señor Quintana porque se trataba de contrastar lo que dice el Bloque y lo que dice el PP, y hay 65 diferencias. Al Bloque le gustaría hacer del Estatuto la Constitución nacional de Galicia, pero ésa la apoyan sólo 13 diputados. Más del 80% del cuerpo electoral gallego no está en el proceso de construcción nacional. Por eso el presidente tiene que decidirse y tiene que liderar. No puede ser una figura decorativa. Lo que no puede ocurrir es que el culpable de que no haya la reforma sea el PP, cuando resulta que no hay acuerdo entre el PSOE y el BNG.

P. Otro tema de choque es la obligatoriedad del gallego. ¿Hay posibilidad de consenso?

R. La política no se hace sobre la ruptura de los consensos alcanzados, se hace sobre el avance. En 1983 hubo una ley de normalización lingüística y gobernábamos nosotros. Éramos una autonomía joven y pensábamos que se podía obligar al conocimiento del idioma gallego. Lo pusimos en la ley. Fue el partido socialista el que recurrió ante el Tribunal Constitucional. Aquí no hay conflicto de lenguas, como en Cataluña. Yo apuesto por un bilingüismo armónico y cordial, el que ya se da en la calle. Y, dentro de la Constitución, defiendo la máxima prioridad de paridad para gallego y castellano. La preferencia del gallego en la educación, la obligación de estudiar todas las asignaturas en gallego, salvo la lengua castellana, eso empobrece el país y yo no voy a llevar a Galicia al siglo XIX.

P. ¿Tiene manos libres para el pacto o se siente limitado por la cúpula de Madrid?

R. No solamente tengo las manos libres, sino que además tengo la suerte de que el presidente del partido es un gallego.

P. ¿Teme aparecer como el responsable del no al Estatuto?

P. El PP es el partido que más se parece a Galicia. Practicamos un galleguismo moderado y pragmático, que tiene muy claro que la solidaridad y la cohesión son las bases que no se pueden romper. A nosotros no nos interesa un conflicto. La reforma del Estatuto de Galicia se tiene que hacer aquí, no vale coger una copia del modelo de Cataluña. ¿Qué pasaría si avanzase la negociación con ETA y se configurase el País Vasco como estado libre asociado, que aquí también lo pediríamos?

P. ¿Pero eso se plantea aquí?

R. Se plantea que el referente son Cataluña y el País Vasco.

P. Como nacionalidades históricas, como la primera división de la autonomía.

R. Nuestra primera división está ya reconocida en la Constitución. En la primera división una comunidad está si tiene una financiación como la del País Vasco o si se tienen unas infraestructuras como las que va a tener Cataluña. Y la segunda división es precisamente la división de la sociedad. Decir que el problema del Estatuto en Galicia está en el preámbulo es un señuelo. Ya llevamos 25 años sin preámbulo.

P. ¿Es posible un pacto sólo entre PP y socialistas?

R. Me parece imposible. Es posible el pacto con el PSOE, y si el presidente es valiente estoy seguro de que el Bloque no se queda fuera. El Bloque tiene un problema, pero yo no soy culpable de la asamblea del Bloque.

P. ¿Qué opina de los 16 meses del Gobierno bipartito?

R. Pues que sus políticas nuevas no se conocen y los cambios pretendidos no se concretan. Este bipartito tiene un problema y es que la Xunta no está junta. No hay liderazgo y falta proyecto único. ¿Cuál es el modelo económico, industrial y empresarial? Ir dando tumbos. Primero nos rasgamos las vestiduras porque Unión Fenosa pierde la mayoría de capital gallego o porque Fadesa se va de Galicia y después le decimos a Pescanova que no produzca aquí. ¿Qué clima de confianza se ha generado?

P. Los datos de crecimiento y paro son buenos.

R. Lo he dicho en el Parlamento: la macroeconomía funciona y la microeconomía, la de las familias y la del futuro de Galicia, no. En empleo crecemos un punto menos que la media de España, aunque reducimos el paro más. Lo que ocurre es que nuestra población activa crece menos de la mitad de lo que sube la media española.

P. Pero eso también pasaba cuando usted gobernaba.

R. Correcto, pero nosotros heredamos una Galicia con un 20% de paro y la dejamos en un 8,5%. Las políticas macroeconómicas de la Xunta no han variado, pero ahora no son fiables. El 90% de los empleos que se han creado siguen siendo temporales, el paro femenino sigue siendo superior en Galicia y la tasa de temporalidad del empleo juvenil también. Aquí hay 25 puntos más de pesimismo para invertir que en España y dos de cada tres familias dicen que no pueden ahorrar.

P. Los incendios de este verano...

R. Aquí ha ocurrido un tema gravísimo. La Unión Europea acaba de cifrar las hectáreas quemadas en 93.000, sin contar los incendios de menos de 50 hectáreas. Eso quiere decir que en Galicia ardió el 90% de todo lo que se quemó en Europa el pasado verano. Lo que pasó es que la gestión del operativo de extinción de incendios el pasado verano fue la peor de los últimos 16 años. En 2006 desmantelan el operativo de extinción de incendios y en un verano arden la misma masa arbolada y monte raso que durante 5 años. Un Gobierno que no asume ninguna responsabilidad política es un Gobierno autista.

P. Pero este es un problema de toda la sociedad y, si no se ataja, está en juego la credibilidad de todos.

R. Me puse a disposición del Gobierno. Constituimos comités de crisis en todos los ayuntamientos, estuvieron los alcaldes de 213 municipios en que gobernamos a disposición. Es más, presenté un plan de Galicia Verde para abordar los problemas estructurales de los montes y el Gobierno ni siquiera me contestó que había recibido la propuesta.

P. ¿Volvería a hacerse la foto con la manguera?

R. Aquella fotografía fue una frivolidad. Cuando me vi a mí mismo me pareció ridículo

P. ¿Y por qué se opone a que se prohíba construir a menos de 500 metros del mar?

R. El PP aprobó, con el partido socialista y el Bloque en contra, una ley que prohibía construir en Galicia en los 200 primeros metros, mientras en el resto de España son 100 metros. Y planteamos que había que hacer un plan del litoral para los 71 municipios costeros en el que determinar dónde se debía ampliar esa medida o disminuirla. El plan se adjudicó a finales del 2004, estamos en 2007 y la Xunta aún no lo ha aprobado, pero se le ocurre decir ahora que va a sacar una ley después de las municipales para prohibir contruir en los primeros 500 metros.

P. Una propuesta más del doble de arriesgada...

R. Sin duda, pero la pregunta es ¿esta ley qué pretende? ¿Limitar igual las Rías Baixas igual que la Costa da Morte? Esta ley no es una ley de Galicia, es una ley de despacho. No es lo mismo la construcción en zonas de las Rías Bajas, donde los núcleos tradicionales están en los 100 primeros metros, que la construcción en la Costa da Morte, donde los vientos y el mar no permiten convivir en los primeros 200 metros.

P. ¿Y a qué obedece la decisión posterior de limitar la prohibición a sólo dos años?

R. El problema es el modelo.

P. ¿Pero se debe a las presiones de los ayuntamientos?

R. Sí, pero ese plan del litoral lo teníamos que tener ya. En la primera reunión, el pasado 28 de enero, con el presidente Touriño le planteé tres pactos: reforma estatutaria, infraestructuras y ordenación del territorio. Sólo me contestó a la reforma estatutaria.

P. ¿Por qué la reacción ante los escándalos urbanísticos siempre es defensiva?

R. Durante muchos años, cuando gobernábamos, la oposición intentó establecer un paralelismo entre el PP y la corrupción. Y por eso cuando llega a la Xunta, la obsesión sigue siendo destruir todo lo que huela a PP. Y en este momento, lógicamente, como vamos a ir a las elecciones tocan los ayuntamientos. ¿Con qué responsabilidad puede la Xunta suspender un plan urbanístico en un pueblo de la Mariña lucense como Barreiros y mirar para otro lado en Foz, ayuntamiento limítrofe en el que se han acreditado más de 3.000 licencias en 4 meses y más de 1.000 sin informe? ¿Y por qué no les dice nada a los ayuntamientos socialistas de Viveiro y Ribadeo, los de más licencias, junto con Foz, de la costa gallega?

P. ¿Se atreve a comparar la TVG del PP con la de ahora?

R. En cuanto a sectarismo informativo de los medios públicos estamos en el peor momento de los últimos 20 años. Los medios públicos tratan al PP como un partido extraparlamentario y somos la formación mayoritaria. Yo fui vicepresidente de la Xunta y a mí no se me ocurriría hacer anuncios en la radio hablando del departamento que dirige la Vicepresidencia del señor Feijóo. Esto no es propio de una democracia. La Vicepresidencia es de la Xunta de Galicia, no es de nadie. Se han sacado ya más anuncios a toda página en los periódicos que viviendas sociales se han empezado en Galicia. Esto es muy fuerte. Ha habido un conselleiro que se ha dirigido en un periódico a página entera para felicitar por las fiestas a su pueblo. Y en los periódicos hemos visto en una doble página con el membrete de Vicepresidencia al señor Quintana bailando con los mayores de Ourense. Y esto se hace con dinero público.

P. ¿Qué espera de las municipales?

R. Nuestras encuestas nos dicen que podemos gobernar en Vigo, Ourense y Ferrol. Subiremos en Santiago, A Coruña, Lugo y Pontevedra, y nuestro objetivo es mantener la hegemonía municipal a través de las diputaciones.

P. Los candidatos son suyos o ha tenido que pactar con...

R. He tenido libertad para proponer a los candidatos. Si los resultados son buenos será un éxito de los candidatos y si son malos, será responsabilidad mía como presidente del partido.

P. ¿El PP asume el papel de partido de la oposición o siente aún la nostalgia del gobierno?

R. El PP tiene que seguir adaptándose a ser oposición, a trabajar más. No es fácil porque después de 20 años sin ir al gimnasio es muy complicado empezar a hacer abdominales.

P. ¿Ha pensado pasar de la crítica dura a presentar un plan alternativo?

R. Tenemos que pasar a la fase de propuestas. Y el acento lo tenemos que poner en lo que nos diferencia. Galicia tiene un 80% de la renta media de España. Un país que está en el córner de Europa y de España necesita infraestructuras y requiere inversiones.

P. Eso ya se hace ahora.

R. Ya me gustaría. La licitación de la Xunta ha bajado un 50%. La Xunta no ejecuta sus presupuestos en infraestructuras. Las inversiones del Estado en Galicia han descendido un 29%. Vamos a ser los últimos en tener tren de alta velocidad. Todas las autovías interiores de Galicia, salvo la Transcantábrica, están paralizadas. Nuestro objetivo es hacer de Galicia un territorio competitivo y mejorar el nivel educativo. Y, lo más importante, tenemos que generar un clima de confianza. Un gobierno no puede estar obsesionado con el pasado.

P. Llama la atención que su diagnóstico sea tan negro después de sólo 16 meses de nuevo Gobierno.

R. No se trata del color, el problema es ver en qué ha mejorado Galicia en este tiempo. Aquí hay un problema de estabilidad institucional y de dos partidos que gobiernan que son incompatibles en muchos aspectos.

P. ¿Fue un error que Fraga no adelantara su relevo?

R. Lo cierto es que la pérdida de las elecciones generales de 2004 trastocó nuestros planes. Pero la verdad es que Manuel Fraga no logró la mayoría absoluta por un escaño y que ningún presidente autonómico consiguió gobernar cinco legislaturas consecutivas con mayoría absoluta.

P. Está abocado a renovar el partido. ¿El plan es una renovación profunda o un cambio paulatino de los viejos líderes?

R. Los partidos, como todas las organizaciones o empresas, tienen que ir dando pasos, pero el comité ejecutivo del PP tiene una media de 40 años. Somos el partido de Galicia con el núcleo central de dirigentes más jóvenes. Entre los presidentes provinciales, tres de los cuatro son nuevos y el de Ourense sigue teniendo porcentajes de voto altísimos. En cinco ciudades de siete hemos cambiado de candidato. Tengo el compromiso de renovar, pero no voy a hacer la renovación por la renovación porque los eslóganes en política se pagan.

P. ¿Su liderazgo depende del triunfo de las autonómicas?

R. Después de las autonómicas tocará hacer el balance de cuatro años.

P. ¿Seguirá aunque no recupere el poder?

R. Cuando estoy a punto de cumplir el primer año de presidente del partido no sería muy responsable si me pusiera a anticipar eventos de dentro de 3 años.

P. Pero hay quien dice que su continuidad depende del triunfo de Rajoy en las generales.

R. Pues no sé quién lo dice. Tengo un compromiso con el partido en Galicia y mientras quieran que sea el presidente, lo seré, pero ni un minuto más. Ésa es mi forma de entender la política.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de enero de 2007