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Reportaje:

El lento despertar de Montecarmelo

Más de 6.000 vecinos del nuevo barrio, algunos llegados hace dos años, viven sin servicios públicos básicos

Montecarmelo, uno de los nuevos barrios del noroeste de Madrid, está teniendo un despertar administrativo muy lento. Los primeros de los aproximadamente 25.500 vecinos previstos llegaron hace ya más de dos años, pero el barrio aún carece de varios servicios públicos. Los vecinos se encuentran "desamparados", afirman, sin centro de salud propio, guarderías públicas, ni una sola conexión a la M-40 abierta..., Y eso que la autovía pasa pegada al barrio.

A pesar de que la ocupación es de entre un 20% y un 25% de los pisos, ya hay graves problemas de tráfico. Además, los vecinos afirman que hay dos ampliaciones que amenazan la calidad residencial de la zona: el cementerio de Fuencarral y la gasolinera.

La concejal dice que el crematorio por el que se quejan los residentes vecinos no se hará

La zona carece de conexión con la M-40, a pesar de que ésta pasa junto a los pisos

"Los primeros colonos de Montecarmelo, como los de Las Tablas, sufren las consecuencias del modus operandi del urbanismo madrileño, donde lo primordial es construir las casas y venderlas a un inflado precio, que los servicios públicos para el ciudadano ya llegarán. Parece que los nuevos vecinos no tienen problemas de salud o no tienen niños o no leen, porque aquí no hay nada", critica Pedro Sánchez, el edil socialista.

El Ayuntamiento admite que la burocracia es lenta, pero la concejal del distrito de Fuencarral-El Pardo (donde Montecarmelo queda circunscrito), Paloma García Romero, pide paciencia. Afirma que aún "no hay una presión fuerte vecinal" y añade que la situación en el barrio ya está mejorando.

De las 8.547 viviendas previstas en Montecarmelo, el Ayuntamiento ya ha concedido la licencia de primera ocupación a casi la mitad de ellas (3.926), pero estima que la ocupación real del barrio oscila entre un 20% y un 25%. Es decir, en Montecarmelo ya viven entre 5.000 y 6.500 vecinos, que se sienten como "los colonos del Lejano Oeste madrileño, olvidados, desatendidos por las administraciones", afirman.

Los servicios sanitarios o, más bien su inexistencia, generan una gran preocupación vecinal. Montecarmelo carece de centro de salud propio y depende de los ya existentes en el distrito Fuencarral-El Pardo, que cuenta con un presupuesto de siete millones de euros y una población de 210.000 habitantes (muy superior a la de Burgos y otras capitales de provincia).

Cuando un niño enferma en Montecarmelo, sus padres tienen dos opciones: llevarle al centro de salud de Fuencarral o al de Mirasierra. Pero ambos "están ya bien saturados como para que encima les metan más pacientes", explica David Barrera Pérez, bancario de 36 años y representante vecinal.

La concejal García Romero, del PP, indica que ha cedido una parcela de 7.500 metros cuadrados para que la Consejería de Sanidad construya un centro de salud. "Me consta que quiere sacar a concurso el proyecto antes de las elecciones", señala.

A pesar de que el perfil poblacional del barrio sea el de familias jóvenes con hijos, Montecarmelo no tiene ni una sola guardería pública, pero sí media docena de privadas, que cobran casi 400 euros al mes por niño a jornada completa. Además, no quedan plazas vacantes y sus listas de espera son interminables. La Administración está construyendo una pública en el barrio que no entrará en marcha hasta mediados del año que viene.

Hasta que la estación de Montecarmelo -incluida en la ampliación de la línea 10 del metro por el norte de Madrid- se abra a mediados del año próximo el único medio de transporte público que conecta Montecarmelo con Madrid es el autobús municipal 178. Pero está saturado desde que se puso en marcha y la tensión por las largas esperas en plaza de Castilla, donde tiene su primera parada, los codazos por subirse al autobús y los apretujones dentro del mismo provocan conflictos entre los pasajeros. El 178 es crucial para los numerosos operarios de la construcción y del servicio doméstico que acuden a diario al barrio.

Ante la escasez de transporte público, el privado prevalece. Pero al sólo haber una única vía de conexión con la carretera de Colmenar, los atascos en la hora punta matinal son monumentales. El gran flujo de coches que sale por la avenida principal del barrio desemboca en una rotonda final mínima, incapaz de absorber el tráfico, que queda desbordado por las calles adyacentes. ¿Hasta dónde llegará el atasco cuando la ocupación del barrio sea del 100%? Los vecinos se temen lo peor y reclaman la apertura inmediata de un vial, ya asfaltado, pero cerrado con unos muretes, en la última rotonda del barrio antes de El Pardo, que conectará directamente con la salida a la M-40 de la avenida del Ventisquero de la Condesa.

Montecarmelo no existe en cuanto a señales de tráfico se refiere. No hay ni una sola que indique su acceso (actualmente los conductores deben seguir las indicaciones a Fuencarral-El Pardo). Los vecinos también piden medidas coercitivas de tráfico para reducir la velocidad en las avenidas. Cruzar las calles con un carrito de niños se convierte en un deporte de riesgo. "Montecarmelo se ha convertido en un circuito improvisado para coches. Este verano había un Porsche que recorría las calles haciendo trompos y a gran velocidad. Los coches sobrepasan los 100 kilómetros por hora en muchas ocasiones y no respetan nada. Saltarse los pasos de cebra o los semáforos es el deporte nacional aquí", afirma Víctor de Dios, un vecino de la calle del Monasterio de Silos. "Quizá con más semáforos o unos simples badenes se evitarían posibles atropellos", añade.

En cuanto a la seguridad, Montecarmelo, como Mirasierra y otros barrios próximos, sufren la onda expansiva del poblado marginal de La Quinta, donde una serie de chabolas trafica con droga en gran cantidad. Tras comprar su dosis, muchos yonquis cogen el coche y se adentran en el barrio para drogarse. Los padres que salen de paseo con sus hijos se topan con toxicómanos en coches destartalados consumiendo a la puerta de sus casas. La policía afirma que abrirá una comisaría o una oficina policial propia en el barrio. "Hemos solicitado solares para ello", afirma una portavoz policial.

Pero hasta que todo lo prometido llegue, los vecinos se desesperan. Eso sí, pueden elegir entre las numerosas sucursales bancarias que pueblan el barrio para abrir una cuenta. A pesar de todo, García Romero afirma que el plan de actuación urbanística de Montecarmelo "es el mejor de Madrid", e invita a visitar el único centro municipal allí inaugurado, el de la Naturaleza.

Además, la ampliación del cementerio de Fuencarral, que tendrá una extensión equivalente a la de 12 campos de fútbol, según el proyecto, y la de una gasolinera de la carretera de Colmenar Viejo, en sentido entrada a Madrid, han puesto en pie de guerra a los vecinos de Montecarmelo. El proyecto de ampliación de la gasolinera supondría acercarla a "una distancia inferior a la permitida por ley al colegio público del barrio", según el edil socialista en la oposición Pedro Sánchez.

La vieja gasolinera Santa Ana, ahora cuatro surtidores situados en un carril adicional pegado a la autovía, que agrava los problemas de entrada y salida del tráfico, sería sustituida por una mucho mayor, y con muchos más servicios, tienda incluida. Los vecinos no se oponen a la ampliación de la gasolinera, pero sí al modo previsto (cuya aprobación queda pendiente aún por parte de la Administración). Según ellos, acerca los surtidores a un colegio a una distancia inferior a la que la ley establece. "El proyecto está en manos de la Consejería de Urbanismo", aseguran desde el PP municipal. El portavoz de la Plataforma de Vecinos de Montecarmelo, Carlos Sánchez, destaca que la ampliación del cementerio es "el mayor engaño que le han hecho a los vecinos". Alberto Navazo, presidente de la asociación de vecinos de Montecarmelo, lo explica: "Antes de comprarnos allí un piso, nos informamos en urbanismos de los proyectos previstos en un futuro para la zona y allí no había nada de esto", asegura.

El plan especial, aprobado por el Ayuntamiento hace un año, para la ampliación del cementerio recibió un ataque frontal: 14.000 alegaciones, los votos negativos de la oposición municipal en pleno (PSOE e IU) y 20.000 firmas vecinales en contra. "El crematorio seguro que no se hace", dice con rotundidad la concejal García Romero. Pero eso no es suficiente para los vecinos. "Esas palabras no tienen reflejo alguno por escrito. Quizá no se haga ahora, pero quién sabe si en un par de años... Además, nunca se debería de ampliar el cementerio en pleno barrio residencial, junto a dos parcelas catalogadas como dotacionales para centros educativos", añade el portavoz vecinal. "Para atender una media de cuatro fallecimientos diarios, se cuenta con las 28 salas del tanatorio de Nuestra Señora de los Remedios, las 10 de La Paz y las nueve del hospital Ramón y Cajal, además de otras 17 salas a unos kilómetros por la carretera de Colmenar, en el Parque Cementerio de La Paz. Entendemos que se cubren las necesidades del distrito", según los vecinos.

El proyecto municipal de ampliación del tanatorio incluye un vial de conexión con la M-40, desaprobado por Fomento. "Con lo cual, todo el tráfico pasaría por la avenida principal de Montecarmelo, que ya tiene lo suyo como para cargarlo más", afirma el edil Sánchez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de enero de 2007