Reportaje:

Luz al final del Eurotunnel

Tras el fracaso de la gestión inicial y de la revolución en 2004 del pequeño accionista, Gounon empieza a resolver la deuda y a hacer viable la empresa

El Eurotunnel, al final, se salva y no descarrila. Los acreedores que representan el 72% de la deuda del operador del túnel bajo el Canal de la Mancha votaron el viernes en el Tribunal de Comercio de París a favor del plan de salvamento propuesto por Jacques Gounon, el nuevo consejero delegado de la sociedad. El sacrificio y la generosidad de acreedores y accionistas lo ha hecho posible.

El desbordado coste de construcción, el retraso en su entrada en servicio y expectativas ilusorias de tráfico pusieron contra las cuerdas a Eurotunnel
Gounon ha logrado que accionistas y acreedores acepten un drástico recorte en el valor de sus títulos y en la deuda de las obligaciones a cobrar

El 7 de abril de 2004, los pequeños accionistas de Eurotunnel dieron un golpe de estado en plena asamblea general y nombraron nuevo presidente, administradores y directores generales. El equipo que hasta entonces había intentado rescatar una inversión rentable pero incapaz de deshacerse de la enorme deuda inicial era defenestrado. El capitalismo popular hacía su revolución.

Un año más tarde la revolución se daba por liquidada. Las tentativas de Nicolas Miguet, Jacques Maillot y Pierre Cardo para lograr clemencia de los acreedores -que han cobrado religiosamente sus intereses pero nunca han visto reembolsado un duro del capital prestado- fracasaron porque los tres pretendían hablar en nombre del pequeño accionista, pero lo hacían con lógicas distintas: Miguet confiando en una revalorización de la acción en cinco u ocho años, Maillot pretendiendo que los acreedores hicieran un gesto magnánimo a cambio de casi nada y Cardo esgrimiendo la amenaza política sin tener detrás el aparato de su partido, la UMP.

El 18 de febrero, Jacques Gounon, que ya había sido cooptado como administrador tras la dimisión de Cardo, es nombrado presidente y reemplaza a Maillot. Es otra cosa. Tiene experiencia en la dirección de grandes empresas -Alstom- y conoce el sector ferroviario. Tiene estudios de ingeniero y sabe bien cuándo hay que ser firme -dejar cientos de miles de accionistas en la estacada puede convertirse en un problema político- y cuándo es la hora de la diplomacia. El 2 de agosto lanzó su órdago al lograr que el tribunal de comercio de París le admitiese un procedimiento de salvaguardia que permite dejar de pagar a los acreedores durante seis meses sin tener que dejar de funcionar.

La fórmula milagrosa

En esos meses Gounon ha logrado lo que parecía imposible: que el accionista acepte que sus títulos representen sólo una pequeña parte del capital -se habla del 13%- cuando supusieron el 100% en el momento de la creación del proyecto. Y que los acreedores renuncien a cobrar parte de la deuda de obligaciones que pueden convertirse en acciones. Si unos acreedores cobran de inmediato, otros aceptan esperar. Y en el ínterim Gounon negocia un préstamo de 4.160 millones de euros.

Al final del montaje habrá logrado que los acreedores den por bueno cobrar el 50% de la deuda -el resto se convierte en obligaciones susceptibles de transformarse en acciones- y que el accionista asuma que mejor tener un 13% o un 16% de una sociedad viable que el 100% de nada.

Porque ése es el truco. Eurotunnel, si no tuviera que devolver el dinero prestado por bancos y aseguradoras, tendría una rentabilidad anual del orden del 53%, digna de una operación especulativa triunfal. El coste de la construcción de la obra -el doble de lo presupuestado- y el retraso de un año en su entrada en servicio, así como unos cálculos aventurados en lo que al tráfico de mercancías se refiere pusieron la sociedad Eurotunnel al borde de la suspensión de pagos.

Si el Estado hubiese salido como garante del proyecto todo se hubiera desarrollado sin que los pequeños accionistas acabasen por ser los únicos paganos, y eso es muy escandaloso porque fueron los Estados los que, cuando ya se habían puesto los cimientos de la aventura, fueron cambiando las condiciones de seguridad exigidas para dar su visto bueno al túnel. El sobreprecio fue enorme -un 90% más-, pero la amenaza terrorista del IRA forzó las cosas.

El pasado viernes, la novela del expolio del pequeño accionista tuvo un capítulo más y lo escribieron los portadores de obligaciones. Dieron el visto bueno al plan de salvamento propuesto. Jacques Gounon, que felicitó de inmediato a los acreedores y a los accionistas que le han apoyado, ha declarado: "Esperamos que Eurotunnel pueda llevar a cabo su renacimiento y se convierta finalmente en una empresa normal dentro de poco tiempo"

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