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Análisis:A LA PARRILLA

Antiheroína

Esta noche, Cuatro empieza la segunda temporada de The closer. No hay grandes cambios: seguimos las peripecias privadas y profesionales de la detective Brenda Johnson, colaboradora del departamento de homicidios de la Policía de Los Ángeles y especializada en interrogatorios. Su adicción al dulce y a la bollería basura sigue ocasionándole problemas de equilibrio emocional. En los primeros capítulos de esta nueva entrega, su situación sentimental todavía se mueve en el inestable territorio de la esperanza y la fragilidad. El caso inaugural trata de un policía asesinado y de una oscura trama de asuntos internos en la que los buenos resultan ser malos y los malos no tan malos. La coincidencia con la muerte de un joven negro, acribillado por agentes de policía de Nueva York, también podría servir para que los guionistas de la serie elaboraran alguna estrategia destinada a esclarecer responsabilidades. En cuanto al carácter de la protagonista, sigue siendo tenaz, impertinente y repelente a veces. Salvando las distancias, la detective Johnson tiene algo de doctor House: es incómoda para el sistema y se defiende gracias a un rigor y un perfeccionismo que ofende a según quién. O sea: una antiheroína con alma de superheroína. Otro elemento importante de estos relatos es el hecho de que la detective sea mujer. En estructuras de poder mayoritariamente masculinas, sus hábitos chocan contra el entorno y crean situaciones que cuestionan el pasado y denuncian la falta de paridad en según qué sectores.

Los nuevos casos de The closer también le dan la oportunidad de mostrar las contradicciones entre la entrega a la profesión y la deshumanización que conlleva dejarse arrastrar por la inercia laboral y, casi siempre, se resuelven a través de un detalle que completa el rompecabezas de una trama que requiere de mucha atención por parte del espectador. A la que te despistas, ya te has perdido. En el mundo real, mientras tanto, nuestros negligentes partidos políticos siguen lanzándose DVD arrojadizos a la cabeza. Por cierto: ¿por qué les llaman vídeos si son deuvedés?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de noviembre de 2006