Entrevista:Artur Mas | Presidente de Convergència i Unió

"Mi desconfianza con el más alto nivel de la dirección socialista es total y absoluta"

Artur Mas (Barcelona, 1956) hace un receso en pleno debate de investidura en el Parlamento catalán, el pasado viernes. Dentro de unos minutos se celebrará la votación para elegir a José Montilla nuevo presidente de la Generalitat. Mas, como líder de Convergència i Unió, ha ganado las elecciones. Esta vez de manera rotunda, en diputados y votos, no como en 2003. Pero no por mayoría absoluta, por lo que, como entonces, la presidencia se le ha escurrido entre los dedos.

Pregunta. ¿Cómo se siente?

Respuesta. Nunca he estado rabioso o deprimido. Siempre he intentando mantener un tono sereno, aunque no niego que estoy decepcionado por cómo el Partido Socialista ha hecho las cosas.

P. ¿Y cómo las ha hecho?

"Yo confié la negociación en el señor Montilla. No fui a Madrid a ver a nadie ni llamé a nadie durante esos días. Ignoro si otros llamaron"
"Lo que no puede hacer José Montilla es llamarnos para alcanzar pactos y después considerarnos unos apestados para gobernar"

R. Nosotros hemos practicado juego limpio con el Partido Socialista durante estos tres últimos años. Lo hemos demostrado con pactos muy importantes, incluso al máximo nivel con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por sentido de país, porque Cataluña es nuestra prioridad, y por sentido de Estado. Por tanto, siempre esperas que la otra parte también lo practique. Y desgraciadamente, pese a la contundente victoria de CiU, no ha sido así.

P. ¿Qué significa juego limpio?

R. Un cierto fair play, confianza mutua. Es decir, que quien gane las elecciones pueda gobernar en solitario o en coalición, o al menos se le permita intentarlo, cosa que ni tan sólo se nos ha permitido.

P. ¿Tenía algún compromiso por parte de los socialistas de que se respetaría este juego limpio?

R. Yo no hablo de pactos porque si lo hiciera entonces tendría que referirme a términos de traición. No lo he hecho ni lo haré nunca. No me siento traicionado, pero la desconfianza es total y absoluta con el más alto nivel de la dirección socialista. La confianza está bajo cero.

P. ¿Por no respetar el juego limpio?

R. Sí, porque hemos jugado con las cartas sobre la mesa y otros se han revelado como jugadores aventajados porque tenían cartas escondidas.

P. ¿Personifica en alguien esta desconfianza?

R. No quiero señalar a nadie.

P. El más alto nivel es José Luis Rodríguez Zapatero.

R. El más alto nivel puede ser plural porque he hablado con altos responsables del PSOE y del PSC. Dejémoslo en plural.

P. ¿Por qué la noche de las elecciones les dijo a sus seguidores que, aunque vieran cosas raras, usted acabaría siendo el presidente de la Generalitat?

R. Primero, para animarles. Porque el tripartito sumaba y pendía como una espada de Damocles. Tampoco, en ese momento, lo daba todo por perdido. Tan sólo en un 90%. Por una parte, confiaba en que los socialistas actuasen con sentido de país y de Estado, porque lo que ocurre en Cataluña tiene repercusiones en el conjunto de España. Y también porque, ante un resultado tan contundente, creía que ERC se lo replantearía.

P. ¿Y en ese restante 10% había también un porcentaje que desde La Moncloa o desde el PSOE frenaran la reedición del tripartito?

R. El PSOE estaba preocupado por la política interna de Cataluña y deseaba una solución estable que, al tiempo, tuviese repercusiones positivas en el conjunto del Estado. Y supongo que esa solución pasaba por respetar al ganador de las elecciones, fuese CiU o PSC.

P. Y estuvieron 48 horas esperando infructuosamente una llamada de La Moncloa o de Ferraz.

R. En absoluto. Esos días el problema no era de llamadas desde Madrid. Yo confié totalmente la negociación en el señor Montilla. No fui a Madrid a ver a nadie ni llamé a nadie durante esos días.

P. ¿Y desde CiU?

R. Ignoro si otros llamaron.

P. Tras este episodio, ¿cómo pueden cambiar las relaciones, especialmente las parlamentarias, con el PSOE?

R. La política también se basa en la confianza entre personas y cuando se rompe, sobre todo en lo más alto, se rompen muchas cosas. Las relaciones están en stand by [punto muerto]. Tenemos las manos libres y no tenemos compromisos con nadie. Esperamos que, con hechos, el Gobierno español demuestre que está dispuesto a colaborar. Pero no nos van a impresionar las buenas palabras o las alfombras rojas y, por supuesto, no cubriremos las espaldas a nadie.

P. Entonces no les impresiona la retirada del recurso de inconstitucionalidad contra la ley catalana de universidades.

R. No, aunque lo agradezco. Pero una golondrina no hace verano.

P. CiU condicionó una mayor implicación en la gobernabilidad de España al hecho de que se respetase el ganador de las elecciones. ¿Cómo queda esto?

R. Pues no es prioritario. Se lo repito, la confianza se ha roto en mil pedazos, como un espejo. Y aunque quieras recomponerlos y pegarlos, el espejo nunca vuelve a ser el original. De momento estamos recogiendo los pedazos.

P. ¿Es una reflexión o una demanda?

R. Es una reflexión y ellos sabrán si han de convertirla en un objetivo.

P. Pero si no van con unos tendrán que ir con los otros.

R. El PP sabe que con CiU se puede colaborar siempre y cuando cambie el rumbo de su trato con Cataluña.

P. ¿Cree sincera la oferta de diálogo que le ha lanzado José Montilla?

R. Sí, porque a un Gobierno le conviene tener una oposición dialogante y CiU ha demostrado siempre esta actitud. Pero le he puesto dos condiciones. Si el señor Montilla quiere que hablemos sobre los asuntos estratégicos de Cataluña primero tiene que conseguir una posición unitaria en su Gobierno. CiU no va a salvarle los muebles. Y segundo, lo que no puede hacer es llamarnos para alcanzar pactos y después considerarnos unos apestados para gobernar. Es un contrasentido.

P. De momento, el discurso ya le ha decepcionado.

R. Por el perfil plano, bajo, grisáceo y amorfo. Es decepcionante, por nuestra manera de entender el país, la Cataluña que tienen el señor Montilla en la cabeza, es decir, de listón muy bajo. Y también es decepcionante que ni siquiera convenciera a los suyos en las elecciones.

P. Se les presenta una dura travesía del desierto.

R. Ya veremos. Me temo que el perfil bajo del señor Montilla se va a trasladar a la acción de Gobierno. Nosotros tenemos un doble reto, hacer de oposición y que el proyecto de CiU sea líder en Cataluña, es decir, ensanchar nuestro espectro electoral y conseguir que CiU sea la casa común del nacionalismo o del catalanismo. Y en este sentido la reedición del tripartito nos da muchas posibilidades. Hay mucha gente huérfana, no sólo votante de Esquerra Republicana, que al final se ha convertido en un satélite del PSC, sino también socialista que no entiende unos pactos con una formación independentista.

P. ¿Plantearán las municipales en Barcelona como una segunda vuelta de las autonómicas?

R. No, pero intentaremos canalizar la indignación que ha provocado el nuevo tripartito hacia una mayor adhesión a CiU.Artur Mas elude referirse a un pacto con José Luis Rodríguez Zapatero, pero esperaba que, después de la actitud de CiU en la negociación del Estatuto, el PSOE practicara "juego limpio", es decir, que obligase a que se respetara al ganador de las elecciones. No ha sido así y ahora la confianza con la dirección socialista está hecha añicos y costará mucho recomponerla, asegura dolido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0025, 25 de noviembre de 2006.

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