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Los panameños apoyan en las urnas la ampliación del canal

El 79% de los electores vota 'sí' en el referéndum para poner en marcha la obra

Los panameños que acudieron ayer a las urnas (el 43% de los 2,13 millones de empadronados) respaldaron el proyecto para ampliar el canal de Panamá. El obtenía anoche un 79% de los votos contra el 21% del no tras el escrutinio del 68% de las mesas. La consulta popular es el apoyo que el Gobierno necesita para construir entre 2007 y 2014 un tercer juego de esclusas que permita el paso de más buques y de mayor calado. La obra costará 4.200 millones de euros.

La modernización, que costará 4.200 millones, permitirá el paso de barcos de mayor calado

Ni llovió, como se temía, ni el referéndum sobre la ampliación del Canal de Panamá se convirtió en una fiesta masiva, como habían pronosticado políticos y partidarios del sí. Pero todo salió como estaba previsto, el Gobierno logró el apoyo necesario para poner en marcha las obras de ampliación del paso marítimo.

La jornada estuvo salpicada por algunas denuncias aisladas sobre irregularidades en los centros de votos. La tranquilidad del día se fue convirtiendo en sopor electoral y el actual presidente, Martín Torrijos, tuvo que comparecer ante los medios tres horas antes del cierre de los centros de votación para pedir a los ciudadanos que abandonaran el descanso dominical para ejercer su derecho. "Hoy es el día de participar, de agradecerle a las generaciones que nos han antecedido y de decirle a nuestros hijos que con nuestro voto decidimos el futuro del país", insistía Torrijos, quien ha presentado el asunto de la ampliación de la vía interoceánica como un asunto vital que le da un pasaporte a Panamá "hacia el primer mundo". Los contrarios a la ampliación han sido calificados por altos cargos del Ejecutivo de "pesimistas" o "antipatriotas".

Ni el llamado del presidente, ni los que hicieron durante el día otros personajes de la vida política del país lograron entusiasmar a una población, quizá desmotivada por las encuestas divulgadas días antes del referéndum en las que el tenía una ventaja de más de 50 puntos sobre el no.

A pesar de la baja participación, el presidente ha superado la prueba y lo único que lamentará es no poder inaugurar el Canal ampliado en 2014, ya que la Constitución prohíbe la reelección. Lo que sí logró ayer es cumplir con el tercer y último gran asunto del programa con el que llegó a la Presidencia en septiembre de 2004. Los dos primeros le provocaron dolores de cabeza que solventó negociando. En su primer año de gestión, Torrijos se la jugó a una traumática reforma de la Seguridad Social y una reforma fiscal muy necesaria para un Estado cuya deuda externa equivale al 50% del producto interior bruto (PIB) y que mendiga recursos en pleno auge económico del sector privado.

Según el proyecto de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), la inversión en el nuevo juego de esclusas no endeudará más al Estado, porque será pagada con los peajes del propio canal (que subirán un 3,5% anual los próximos 20 años) y con un crédito que no avalará el Estado, sino la ACP, que goza de más confianza en el sistema financiero internacional.

El Gobierno cuenta ahora con la inyección de dinero y de inversiones relacionadas con la ampliación del Canal para reducir la brecha social y económica de uno de los países más desiguales del hemisferio. Los efectos de esta monumental obra no se sentirán hasta 2009, pero, de momento, Panamá vive una euforia económica que se traduce en un crecimiento del PIB que roza el 8% anual, en la construcción de 15.000 pisos este año, y en un aumento del sector turístico del 20% en los últimos doce meses.

El decorado es perfecto para Torrijos, que en su apellido carga con la pesada sombra de su padre, el general amado y odiado que logró en 1977 el compromiso de Washington para la devolución del Canal a Panamá.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de octubre de 2006