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Reportaje:Fútbol | Séptima jornada de Liga

Los motores rugen en el Bernabéu

Espectadores e invitados al palcosiguen a la vez la carrera de Alonso y los preparativos del gran clásico

Arrecia el chaparrón sobre Chamartín. Entre el muro de lluvia brillan dos pantallas gigantes como en un agujero mágico en la noche. Son las 19.00. Al otro lado del espejo calienta el sol de Interlagos y el asfalto irradia una luz tropical. Como en un teatro gigante, acomodadas en el graderío, hay unas cinco mil personas que han acudido al Bernabéu a ver la salida del Gran Premio de Brasil de fórmula uno. Miran hacia arriba, a esas dos pantallas gigantes que los conectan con la última carrera de la temporada. Faltan dos horas para que empiece el Madrid-Barça pero esos hinchas quieren sumergirse en un espectáculo multimedia. Son gente moderna. Pretenden estar en todas, con sus cerebros calculando kilómetros, puntos, curvas, goles, neumáticos, alineaciones, pilotos y futbolistas.

Arranca el Gran Premio. Alonso es tercero. La radio anuncia que juega Robinho y se cae Márquez. Deja de llover. Entran cinco mil personas más al Bernabéu y se quedan mirando al cielo, hacia esas dos pantallas gigantes. Al presidente madridista, Ramón Calderón, le ha parecido una idea fantástica retransmitir la carrera en directo a modo de calentamiento del ambiente. El estadio huele a chorizo asado. En Brasil, Alonso entra en boxes.

Lobato, el comentarista de Tele Cinco, ensordece al Bernabéu: "¡Así están las cosas! ¡Última parada de Fernando con Renault!". La megafonía retumba con los sonidos del circuito. El zumbido de los motores atruena el cielo de Madrid. El palco de honor está expectante. Han anunciado la llegada de Scarlet Johanson, la actriz estadounidense que interpreta a La Dalia Negra. El coche que la traslada aparca en la calle Padre Damián y cuando la chica pisa el salón del antepalco Nick Heidfeld se estrella en la recta de tribunas. El asfalto se llena de partículas de compuestos de fibra de carbono. Se oye un rugido. La gente ha confundido a Fisichella con Alonso en el momento que un Ferrari se come a un Renault. Es Schumacher, que va como un tiro. Hay cierta volatilidad. El público no sabe a qué atenerse. De pronto, sale Víctor Valdés, el portero del Barça. Es el primero en iniciar el calentamiento y se lleva una pitada. Luego salen los jugadores del Barça de rojo, como los mecánicos de Ferrari. En ese momento Michael Schumacher adelanta a Kimi Raikkonen por el interior de una curva. Ronaldinho va de incógnito: es el único jugador visitante que viste de azul. Parece el único integrante de un tercer equipo que no se ha presentado.

La megafonía retumba: "¡Llegamos aquí con el corazón en los huesos!". La frase es de Lobato, que vive la emoción de Interlagos en directo. En el Bernabéu el barullo es desconcertante. Los jugadores del Madrid calientan como una falange tebana. Los del Barça lo hacen más distendidos. Sólo uno se distrae con la fórmula 1: Messi. El argentino se queda mirando un plano de Alonso en la última vuelta. Pasa la meta. Messi reanuda los ejercicios. Alonso se lleva los guantes a la visera de plástico. Es el gesto de alguien que se tapa los ojos para que no le vean llorando. Circula a 200 kilómetros por hora y habla con su equipo por un transistor. Se despide porque se va a McLaren: "¡Gracias por todo! ¡Os deseo lo mejor!".

Las gradas se han puesto de pie para ovacionar al piloto español. Los jugadores del Madrid se han marchado al vestuario. Los del Barcelona se abrazan formando una piña. El público se da cuenta de que ha empezado el clásico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de octubre de 2006