Reportaje:ESCAPADAS | Collado de los Pastores

La Pedriza, a vista de ángel

El de los Pastores es un collado de 1.750 metros por el que caminantes y ciclistas cruzan el estribo más oriental de la Maliciosa, entre la Maliciosa Baja y el cerro de las Barreras, disfrutando de unas vistas que, como dijo Livingstone al descubrir las cataratas Victoria, hacen que hasta los ángeles detengan su vuelo. La comparación no es exagerada. Se ve la garganta por la que el Manzanares baja desde su cuna hasta el embalse de Santillana, formando el mayor conjunto de cascadas de Madrid; allende el río, la jungla granítica de la Pedriza, derramándose sobre la llanura en una catarata geológica, de pura roca; y, en las alturas, volando sin mover una pluma, como ángeles extasiados, los buitres leonados.

En busca de este collado, nos acercaremos en coche a la Pedriza y, ya dentro del parque, estacionaremos, no en los aparcamientos de Canto Cochino, como es habitual, sino en el que se presenta 300 metros más adelante. Justo enfrente, cerrado al tráfico con barrera, arranca el camino por el que nos echaremos a andar: una pista asfaltada que asciende suavemente por el bosque de pino resinero que puebla la vertiente oriental de la sierra de los Porrones; o más bien, repuebla, porque antes de 1950 estaba pelada como un sorche.

A una hora del inicio, en la primera curva pronunciada a la izquierda, abandonaremos el asfalto y seguiremos de frente por una pista de tierra conocida, popularmente, como la de las Zetas, pues tal es la letra que dibuja repetidamente sobre la ladera, subiendo a base de revueltas y rectas kilométricas, que parecen casi llanas. Por este camino, cómodo y sin pérdida, nos plantaremos en el collado de los Pastores al cumplirse tres horas de marcha.

Desde el collado se divisan no menos de 40 cumbres: la Maliciosa Alta y la Baja, la Bola del Mundo, Cabezas de Hierro... Allí hay cuatro paneles que lo explican. Además, se aprecia, mejor que desde ningún otro lugar de la sierra, cómo se desgaja la Pedriza de la Cuerda Larga, mudando bruscamente el orondo gneis de Asómate de Hoyos por el afilado granito de las Torres.

Antes de un kilómetro, la pista cruza el Manzanares por el puente de los Manchegos y, 200 metros más allá, se desvía a la derecha un sendero marcado con hitos que, bajando junto al río, nos va a devolver al punto de partida en otras tres horas, o poco menos.

Durante el descenso, veremos los famosos Chorros, un rosario de cascadas y pozas cristalinas en las que se espejan pinos silvestres centenarios, regordetes, rubicundos y asaz melenudos, como ángeles que, de tanto pararse a mirar, hubiesen echado raíces.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción