Reportaje:

Las trampas del dinero rápido

La banca tradicional irrumpe con fuerza en el mercado de los créditos al consumo con tipos de interés del 25%

"Unos minutos de publicidad y empezamos", dice el presentador de turno de cualquier tertulia televisiva matutina. Y entonces empieza el bombardeo: una interminable y agotadora traca de anuncios que ponen al alcance del espectador la posibilidad de satisfacer todas sus expectativas de consumo llamando a un número de teléfono 902. Ya puede uno hacer zapping a las nueve de la mañana de cualquier día laborable que en casi todos los canales encuentra lo mismo: créditos de hasta 6.000 euros en 24 horas sin apenas explicaciones ni papeleo.

Son los llamados créditos rápidos: poco dinero, fácil de conseguir y de amortización cómoda. Se pueden devolver en largos plazos, sí, hasta 60 meses. Pero se paga caro, en algunos casos el tipo de interés real (TAE) supera el 25%.

Un préstamo de 3.000 euros con una cuota de 100 al mes acaba costando 4.200

La mayoría de anuncios llevaban hace poco el sello de entidades de ascendencia francesa (Cofidis, Banco Sygma, Eurocrédito, Cetelem). Pero de un tiempo a esta parte se ha añadido al negocio la banca tradicional española, como el Santander, BBVA o el Banco Popular.

La previsible saturación del mercado hipotecario y los importantes crecimientos convierten a este mercado en una tarta muy apetecible. "El crédito al consumo per cápita en España es bastante inferior a la media de los países desarrollados, por lo que es posible que siga creciendo en España", explica el BBVA, que opera a través de Dinero Express.

"A esto hay que añadir que si se cumplen las previsiones de progresiva desaceleración del mercado hipotecario, en 10 años el mercado de consumo habrá multiplicado su tamaño prácticamente por cuatro. Representa una oportunidad a la que no podemos renunciar", resume el Banco Popular, que hace un año lanzó Optiline, con dos de las ofertas televisivas más machaconas.

El negocio va como una bala. En 2005, creció un 21,5%, según el Banco de España, que toma en cuenta todos los establecimientos financieros de crédito (EFC), aquellos que no pueden captar depósitos. El año pasado operaban en España 75 entidades de este tipo y gestionaron un crédito de 57.800 millones de euros, cinco veces más que hace un lustro. Pese a señalar que representan una parte pequeña del sistema crediticio español -sólo el 4,1% de todos los préstamos-, el supervisor reconoce su "importancia en cuanto a dinamismo y liderazgo en determinados productos financieros".

¿Cómo se explica tal liderazgo, que alguien esté dispuesto a entramparse a un tipo de interés del 25%? ¿Podría considerarse un precio propio de usura? En primer lugar, hay que advertir de la letra pequeña. Pese al cada vez mayor esfuerzo de transparencia de muchas entidades, en otras tantas el TAE aparece enmascarado: bien informando sólo de intereses mensuales, bien en un letrero de tamaño de hormiga que pasa a toda velocidad por debajo de la pantalla.

En cualquier caso, el director general de Eurocrédito (BNP Paribas), Antonio Giraldo, explica la clave del éxito: "Al cliente no le importa tanto el interés como la cuota que va a pagar, y que habitualmente resulta muy asumible".

Asimismo, recuerda el perfil de muchos de los clientes a los que inicialmente -hoy se ha ampliado a familias de renta media que viven al día, por encima de sus posibilidades- se orientaron los créditos rápidos: economías débiles e inmigrantes, hasta hace poco vetados por la banca tradicional.

Lo importante, pues, no es tanto el coste como la cuota mensual. En un contexto de voraz competencia, las entidades adaptan al máximo la carga a las posibilidades del cliente. Con Vivaline (Optiline), por ejemplo, se puede elegir la cuota mensual y en Direct-Cash (Cofidis) "tú decides cómo y cuándo", según reza la publicidad. "Una familia que no pueda financiar un sofá de 600 euros de una tacada, puede con mensualidades de 30 o 60 euros", resume Giraldo.

La morosidad del sector ronda el 2,5%, según el Banco de España. "Tenemos mecanismos para saber el endeudamiento de los clientes", apunta Banco Sygma (Lafayette Services).

Cuando se echan cuentas, los resultados duelen. Mediatis (Banco Sygma) ofrece un préstamo de 3.000 euros a un interés TAE del 24,6%, que la entidad permite amortizar en 42 meses. La cuota mensual es de 100 euros. Una sencilla operación permite calcular que el cliente deberá pagar 4.200 euros, 1.200 más que lo solicitado. En Cofidis (3 Suisses International y Cetelem), otro caso, dan la posibilidad de contratar un crédito de 600 euros, a pagar en 25 mensualidades de 30 euros cada una. El tipo de interés aplicado es del 25,56%. El cliente terminará pagando 750 euros, 150 más de lo prestado.

A menos importe, mayor tipo de interés. Ésta es la regla de oro, destaca Joan Sitges, director general de Cofidis, líder del sector en España. "Lo relevante no es que sean rápidos, sino que son importes pequeños, que no se conceden en ningún banco o caja, no tienen nada que ver con un préstamo de consumo al uso".

La comparación con los créditos al consumo tradicionales resulta tentadora, pero no se ajusta del todo. El tipo de interés que aplican oscila entre el 6% y el 9%, pero no financian importes por debajo de los 30.000 euros. "Los gastos de estudio y de apertura del contrato no son iguales para un importe pequeño que para uno grande", recuerda Sitges.

Para saber si los créditos rápidos son excesivamente caros hay que contrastarlos con productos similares, como las tarjetas revolving. Éstas permiten el cobro aplazado mediante una cuota fija: es como llevar un préstamo permanente en el bolsillo. El límite y la cuota los fija el titular. El interés anual medio de las tarjetas revolving ronda el 15%, es decir, hasta 10 puntos de diferencia.

Salvador Maldonado, director de comunicación de Cetelem (BNP Paribas), una de las entidades con los créditos a precios más atractivos y que escapa del formato televisivo clásico, da en otro clavo: "Hay que rentabilizar el coste de la publicidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 14 de octubre de 2006.

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