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Crítica:

Paz y surf

Deporte y exotismo conviven en la primera novela de Willy Uribe. Nanga cuenta la historia de un viajero vasco que buscó la soledad en Indonesia.

Willy Uribe (Bilbao, 1965) se dedica al periodismo deportivo, especializado en surf. Asiste al taller literario de Ramiro Pinilla y publica ahora su novela Nanga, situándola en perdidos paraísos del surf en Indonesia, situándose en una estética propicia al exotismo que enfatiza el título del libro.

Estos dos elementos, la re

NANGA

Willy Uribe

Prólogo de Ramiro Pinilla

Leqtor. Barcelona, 2006

144 páginas. 14 euros

ferencia al deporte de las olas y la localización en un lugar lejano, delimitan los puntos de interés de esta novela. Un álter ego del autor encuentra en un perdido café australiano el manuscrito de un viajero vasco, Lope Urrutia, quien abandonó su casa natal en busca de la tranquilidad ("paz y olas") de una vida perdida en la lejana Indonesia. El narrador traduce el manuscrito al inglés a petición de una antigua amante de Lope Urrutia, y se ofrece al lector la transcripción (o quizás el original) del manuscrito.

Lope Urrutia -apellido que puede traducirse como "lo lejano"- recuerda a Lope de Aguirre y así se menciona en el texto. Pero su obsesión es otra: alejarse para encontrarse en la soledad. Pero su destino se verá truncado por la aparición de Isidro Zarra, periodista y asesino que lo busca sin pausa. Urrutia emprende una huida sin final. La novela Nanga -que significa "tigre", pero también "temor"- se centra en la configuración de un personaje, enigmático, oscuro y plural, que recuerda a la compleja personalidad de Lope de Agirre. Al principio, el texto ambiciona ofrecer el retrato de Lope de Urrutia, poara deslizarse más tarde por un argumento con ritmo, pero previsible, con secuencias que recuerdan a algunas ya vistas en el cine.

El prólogo avisa de la pericia estilística de Willy Uribe, con la creación de frases brillantes, pero una novela resulta ser una estructura compleja en la que el estilo es sólo uno de sus pilares. El final, un resumen omnisciente difícilmente atribuible al primer narrador, subraya la personalidad errante de Urrutia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de octubre de 2006

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