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Reportaje:Fórmula 1 | Gran Premio de Italia

"Me voy siendo competitivo"

Michael Schumacher dejará tras de sí una carrera de leyenda, pero también llena de controversias

¿Quedará un vacío cuando Michael Schumacher abandone el circo de la F-1? Algunos piensan que sí; la mayoría. Para otros, su partida será como una liberación. La respuesta pronto se sabrá. Ayer por la tarde, el piloto alemán, considerado casi unánimemente el más grande de la historia, anunció que al final de esta temporada abandonará el Mundial. Tras varias semanas de espera, de declaraciones de sus allegados y de silencio por parte de Ferrari, Schumi lo dijo sencillamente, sin estridencias pero con emoción, en la conferencia de prensa oficial posterior a la carrera, minutos después de que Ferrari hubiera comunicado también que el próximo año el equipo lo formarán Kimi Raikkonen -con tres años de contrato- y Felipe Massa, hasta el 2008.

Su padre gestionaba un circuito de 'karts'. Sin eso, 'Schumi', de origen humilde, no sería piloto

"Necesitas toda tu energía para estar al más alto nivel. Y cada año es más difícil"

"Me voy", dijo, con todo el peso de sus 37 años, "cuando todavía soy competitivo y lo estoy demostrando. Creo que es el mejor momento". Y agregó: "Necesitas toda tu energía y motivación para seguir manteniéndote al más alto nivel en una especialidad tan exigente como ésta. Y a medida que los años van pasando eso es cada vez más difícil. Estos años pasados en la F-1 fueron inolvidables, especialmente los 11 que he estado en Ferrari. Pero también debieron ser duros para mi familia. Sin su apoyo habría sido imposible seguir adelante. Tomé la decisión en julio, después de Indianápolis, y así informé al equipo".

Con Schumacher desaparece la última leyenda, el último piloto que ha sido capaz por si solo de levantar las audiencias televisivas, de acaparar la atención de los aficionados, que ha despertado pasiones dentro y fuera de la pista, que ha sido el mejor durante buena parte de los 15 años de su vida que ha dedicado a la fórmula 1. Desde que entró casi por accidente como piloto en el equipo Jordan, en 1991, hasta que el próximo 22 de octubre cuelgue los guantes y el mono, Schumacher se ha ido labrando un palmarés que, por el momento, incluye ya siete títulos mundiales, 246 carreras disputadas, 90 victorias y 68 pole-position. Y está luchando todavía con Fernando Alonso para sumar su octavo título. Un historial que nadie más puede plantear y que incluye la mayor parte de récords importantes de la F-1; cuando se abre este libro, casi siempre aparece el nombre de Michael Schumacher en primera posición. Pero su nombre también ha estado envuelto en la polémica.

La suya es una historia de gran campeón, marcada por circunstancias inadvertidas que acabaron siendo determinantes. En su caso, su madre, Elizabeth, quería que fuera ingeniero y le encaminó incluso hacia las artes marciales con tal de evitar lo que era inevitable: que no le invadiera el gusano de la velocidad que le estaba inyectando su padre. Rolf, el padre, se leía todas las revistas de motor y se preguntaba por qué un país que producía los mejores coches del mercado no tenía un campeón del mundo. Fue por ese motivo que aceptó la oferta de gestionar el karting público de Karpen durante los fines de semana, en sus horas de ocio.

De no ser así, el origen humilde de la familia Schumacher nunca les hubiera permitido disponer de los medios necesarios para poder tener un kart y utilizar la pista. Sin embargo, el padre se las ingenió para ir desarrollando el espíritu competitivo en su hijo. Le regaló unos guantes y un casco a los cuatro años. Y pronto le fabricó su propio kart, con un viejo motor de un aparato eléctrico. A los seis años fue campeón del club. Y después obtuvo el apoyo de Jurgen Dilk, que financió su carrera hasta que llegó a la F-Ford y la F-Koning, donde en 1988 ganó nueve carreras de 10.

Su último paso lo dio ya de la mano de Willi Webber, su representante y mejor amigo actual. Él le abrió las puertas de la F-3 y le pagó su primer salario como piloto. Luego negoció el apoyo de Mercedes, que le llevó a correr las 24 Horas de Le Mans en 1991 y apoyó su entrada en la F-1. "Si nosotros tenemos equipo propio en 1993, Michael estará allí", fue la única condición que pusieron en Mercedes. Pero eso no se produjo. Schumacher debutó con Jordan en Spa en 1991 y en la siguiente carrera había sido ya fichado por Benetton, que dirigía Flavio Briatore. Allí ganó sus dos primeros títulos mundiales (1994 y 1995). Y en 1996 se llevó a los mejores ingenieros y fichó por Ferrari, donde ganó cinco títulos consecutivos. Tras imponerse en Monza y luchando por el octavo, ayer anunció su adiós.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de septiembre de 2006