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El mayor 'botellódromo' de Andalucía

La Victoria de Cádiz fue considerada recientemente como la mejor playa urbana de Europa. Desde 1987, ha obtenido ininterrumpidamente la bandera azul de los mares limpios. Cuenta con varios reconocimientos medioambientales y turísticos de calidad, como los certificados Q y Aenor. De todas estas distinciones podría ser desposeída estos días. Las barbacoas nocturnas del Trofeo Carranza tienen la culpa. Pese al dispositivo especial de limpieza, la fina y abundante arena blanquecina amaneció ayer cubierta por una manta de botellas de vidrio y plástico, bolsas de basura, desperdicios desparramados, carbón calcinado, y todo tipo de restos de comida y utensilios de cocina.

Los primeros bañistas, en su gran mayoría foráneos, colocaron sus sillas, toallas y sombrillas en medio de esta selva de suciedad con el consiguiente peligro para su integridad.

Las barbacoas nocturnas han dejado atrás la tradición de familias que disfrutaban una noche del fresco de su litoral. Hoy es más un gran botellódromo al que cada vez asisten menos gaditanos. El perfil actual, en su gran mayoría, es el de jóvenes de otras poblaciones vecinas, de Sevilla -de donde salen trenes especiales- y de Madrid, que encuentran en los tres kilómetros de playa un gran escenario de diversión donde las excentricidades son más difíciles de controlar.

Este acontecimiento popular se ha desbordado claramente. En el Ayuntamiento de Cádiz, que promocionó inicialmente esta celebración, se aprecian ahora síntomas de resignación ante el daño, en ocasiones irreparable, que sufre la playa.

La Demarcación de Costas ha amagado dos veces, sin éxito, con prohibirlas. El debate está abierto entre quienes creen que hay que poner coto a esta celebración y quienes validan las barbacoas como expresión libre de voluntad popular. Sin embargo, cada vez hay más gaditanos que no se sienten orgullosos de la noche del Carranza. Muchos huyen de Cádiz por las molestias de tráfico y suciedad que sufre la ciudad y se autoimponen una cuarentena especial de no acudir a la playa para no encontrarse con arena teñida, palos de pinchitos, o cristal triturado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de agosto de 2006