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Reportaje:

El tesoro de Johnny Depp

Admira a la generación 'beat' y adora a Marlon Brando, pero el rebelde de Hollywood cobra 20 millones de dólares por película. Hoy se estrena la segunda parte de 'Piratas del Caribe'.

Suele jugar a las Barbies con su hija Lily-Rose. Johnny Depp (Owensboro, Kentucky, 1963) a veces finje acentos extraños para comprobar la reacción de la pequeña. Si su rostro se ilumina como si preguntase de dónde viene esa voz, la cosa funciona. "No hay público más sincero que los niños", asegura el actor que ha ensayado así dos de sus mejores interpretaciones en el cine: la voz de Willy Wonka para Charlie y la fábrica de chocolate y la del capitán Jack Sparrow, protagonista de las dos entregas de Piratas del Caribe. Ésta última llega hoy a las pantallas españolas precedida de un notable éxito de taquilla. El cofre del hombre muerto ha recaudado hasta ahora cerca de 800 millones de dólares.

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A los 43 años, Depp se ha convertido en uno de los actores más comerciales del momento. En Johnny Depp, un rebelde moderno (Ma Non Troppo) su biografía escrita por el periodista Brian J. Robb, especialista en el mundo del cine y de la televisión, desvela cómo nació en su cabeza el personaje del capitán Jack, basado en una atracción de un parque temático de Disney. ¿En el mundo de hoy quiénes serían los piratas del siglo XVIII? La respuesta del protagonista de Descubriendo nunca jamás no podía ser otra que las estrellas del rock y siguiendo ese discurso ¿quién es la mayor estrella del rock?... "Keith Richards de los Rolling Stones". De modo que decidió modelar su personaje a imagen y semejanza de Richards. La admiración por el guitarrista le ha llevado hasta el extremo de sugerir que el músico se convierta en su padre en la tercera entrega de Piratas del Caribe que se estrenará el próximo año. Y no es casual esa tendencia hacia el rock ya que Depp empezó en el mundo del cine por casualidad. Lo que realmente le gustaba y le sigue enganchando es la música.

De su abuelo materno, un cherokee puro, heredó los pómulos prominentes y un rostro que lleva años llenando las revistas. Como muchos de los jóvenes de su generación, sus años de adolescencia estuvieron marcados por el sexo, las drogas y el rock and roll. "Empecé a fumar a los 12, perdí la virginidad a los 13 y a los 14 ya había probado todo tipo de drogas", asegura en la biografía de Brian J. Robb, para posteriormente añadir: "Ciertamente tuve mis experiencias con las drogas. Pero al fin y al cabo sabes donde te llevan, y entonces lo dejas".

También su afición por la música hay que buscarla en sus orígenes. Depp tenía un tío predicador que contaba con su propio conjunto de gospel. "Se ponía en pie y marcaba el ritmo desde el púlpito, con las manos levantadas y gritando: 'Vamos, elevaos y hallaréis la salvación' y la gente se postraba a sus pies, adorándole como si fuera un ídolo". Así que, con la idea de seguir sus pasos y convertirse en guitarrista, dejó los estudios y se sumergió en su carrera musical con la banda de rock The Kids, una mezcla de U2 y los Sex Pistols, con la que llegaron a actuar como teloneros de grupos como B52s y Talking Heads. Pero la música no daba para vivir: vendía plumas estilográficas por teléfono hasta que el actor Nicolas Cage le sugirió que probase suerte en el mundo de la interpretación y le puso en contacto con su agente.

Como resultado de esa gestión, Deep consiguió su primer papel en Pesadilla en Elm Street dirigida por Wes Craven. "Tenía un carisma sosegado"; confirmó el director de la película. "En cierto sentido ejercía una atracción semejante a la de James Dean. Su personalidad era muy poderosa a la vez que sutil. Mi hija adolescente y sus amistades asistieron al casting, y todos apostaron por Depp sin dudarlo. Su atractivo sexual entre las mujeres es innegable". Y así ha sido a lo largo de su carrera. En 1988, los lectores de Rolling Stone lo eligieron uno de los rostros más deseados del año y uno de los solteros más sexy de Estados Unidos. En 2005 su nombre brillaba entre los 10 primeros de la lista de celebridades, publicada por la revista Forbes, entre el director Steven Spielberg y Madonna.

Sin embargo, llegar a convertirse en uno de los actores más importantes de su generación no fue fácil, especialmente si optas por seguir un camino alternativo para hacer carrera en Hollywood. Le ficharon para Platoon, el filme de Oliver Stone, y su interpretación le obligó a pasar 10 semanas en la jungla pero su trabajo quedó prácticamente fuera de la cinta. Su primer contacto con la fama llegó después con Nuevos policías, una serie para televisión llena de tópicos que le catapultó como un ídolo juvenil y de la que acabó más que harto. De hecho, el actor soñaba y sigue soñando con protagonizar una versión cinematográfica del libro de Jack Kerouac En el camino.

Del mundo de las producciones de masas le rescató Tim Burton y su Eduardo Manostijeras. "Me obligaba a experimentar, aprender y exorcizar algo dentro de mí", añadió al referirse a su estrafalario personaje. No fue ése el único papel atormentado que se cruzó en su carrera. Benny and Joon: el amor de los inocentes y ¿A quién ama Gilbert Grape?, con Leonardo DiCaprio y Juliette Lewis, acabaron por encasillarle en otro estereotipo. Su comportamiento en la pantalla era impecable pero la crítica le acusaba de repetir una interpretación que conocía de sobra. "Este actor podría convertirse en el nuevo Tom Cruise de no ser por su tozuda elección de personajes no comerciales", escribió un crítico en The Sunday Telegraph. Lo cierto es que el actor parecía sentirse muy cómodo en esos papeles. "Detesto los personajes obvios, sencillamente no me interesan", añade en el libro de Robb.

Ajeno a las críticas, prosiguió su carrera movido por su instinto. Realizó El sueño de Arizona con Emir Kusturica, un director nacido en Sarajevo con el que congenió completamente. "Emir y Johnny vestían de negro y ambos se paseaban con libros de Dostoevskii y Keruac bajo el brazo. Además impedían que el resto del equipo pegase ojo por las noches, porque se pasaban el tiempo emborrachándose y escuchando música a un volumen atronador", contó entonces Vincent Gallo, amigo del actor.

Su estrella se vio ensombrecida en una sociedad tan conservadora como la norteamericana, a finales de 1993 cuando River Phoenix, un actor que iba camino de convertirse en el icono de toda una generación, perdía la vida a la puerta de The Viper Room, un local situado en la famosa Sunset Strip de Los Ángeles, propiedad de Deep y de la estrella de rock Chuck E. Weiss. Hubo medios que le acusaron de haber contribuido a la desgracia de Phoenix por regentar un local donde se permitía el consumo de drogas, pero Deep no quiso entrar en polémicas, aunque sus enfrentamientos con la prensa sensacionalista son bien conocidos. Depp estaba allí aquella noche: "Ante tanta barbaridad reaccioné abruptamente. Me niego a formar parte de ese circo morboso protagonizado por perseguidores de ambulancias. ¡Que se jodan!".

Meses después se supo que salía con la modelo londinense Kate Moss con la que sostuvo un largo idilio. "Es un hombre salvaje", admitió Moss. "Pero salvaje en el mejor sentido de la palabra y yo no pretendo domesticarle. Johnny es un romántico empedernido. Una vez me dijo que tenía algo en el culo pero no sabía qué era. Así que metí la mano dentro de sus pantalones y saqué un collar (de diamantes valorado en 10.000 libras)". La pareja, que protagonizó en Nueva York una aventura en un hotel que acabó con el actor esposado y una habitación destrozada, acabó por romperse ante la negativa de la modelo a comprometerse y tener hijos. No fue la única. Entre sus novias reconocidas se encuentra también Winona Rider, aunque desde que conoció en París a la cantante Vanessa Paradis, su vida ha cambiado radicalmente. Tiene dos hijos y vive entre París y Los Ángeles -se compró la mansión de Bela Lugosi-.

Y sigue eligiendo los papeles que le dicta su instinto. Ahora prepara una película sobre una de las novelas del periodista Hunter S. Thompson, uno de sus mejores amigos, del que ya rodó Miedo y asco en las Vegas.

Un tatuaje en el corazón

Johnny Depp se ha pasado buena parte de su carrera ligando con algunas de las mujeres más bellas del cine y asegurando que uno de sus mayores deseos era tener hijos. No logró convencer a Kate Moss ni a Winona Rider, pero de su relación con la cantante francesa, Vanessa Paradis, a la que conoció en París durante el rodaje de La novena puerta, la película de Roman Polanski, han nacido dos pequeños. Fiel a su idea, el actor se ha convertido en todo un padrazo. En el corazón lleva tatuado el nombre de su hija, Lily-Rose. En 2002 agregó otro tatuaje en su antebrazo cuando nació el pequeño Jack, en el que también reza su nombre, pero en este caso trazado junto al dibujo de un pájaro en vuelo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de agosto de 2006

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