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Crítica:TEATRO

Yasmina Reza sobrevive a 'Arte'

La autora francesa habla del éxito y de las relaciones de pareja en Tres versiones de la vida, comedia que Natalia Menéndez dirige en las Jornadas de Teatro de Avilés.

A Yasmina Reza (París, 1959) le costó cinco años volver a escribir para el teatro tras el éxito internacional de Arte. Temía no dar la medida. Tanto dudó que Tres versiones de la vida, su siguiente comedia, cuenta la misma historia de tres maneras diferentes. Enrique y Sonia, sus protagonistas, han invitado a cenar a Humberto e Inés. Enrique pretende publicar un artículo en el Astrophysical Journal, y confía en que Humberto, científico influyente, le ayude: si publica, le ascenderán. Los anfitriones están pensando qué menú hacer cuando suena el timbre. Sus invitados, horror, se presentan con veinticuatro horas de antelación. Su nevera está vacía, su hijo no se ha dormido y no para de llorar... La velada no podía comenzar peor. Humberto le da la puntilla: el Astrophysical Journal acaba de sacar un artículo sobre el tema que Enrique ha estado investigando durante tres años. Ya se puede despedir del ascenso.

Donde Arte, dirigida en España por Josep Maria Flotats, hablaba de un abismo invisible entre buenos amigos, Tres versiones de la vida habla del éxito en el trabajo y en la pareja. Formalmente, es una comedia de tresillo, un vodevil con puerta al cuarto del requetemimado hijo de Enrique y Sonia, que no paran de atender sus caprichos. "No tiene final feliz", dice Natalia Menéndez, autora y directora de la adaptación española. "Yasmina Reza siembra entre sus personajes un desconcierto que me gustaría contagiar al público. Esta comedia es un pantano: a simple vista, no sabes lo que hay debajo". Resulta difícil bucear en los textos de Reza. Cuando los actores lo consiguen, sacan tesoros. Cuando no, muerden el fango. En el montaje español, que se representa hoy en las Jornadas de Teatro de Avilés, José Luis Gil y Silvia Marsó son la pareja pendiente de un hilo y Joaquín Climent y Carmen Balagué sus convidados inoportunos.

Tres versiones de la vida fue

estrenada en 2000 simultáneamente en París, Viena, Londres y Atenas. A la crítica francesa no le hicieron mucha gracia la comedia ni la dirección de Patrice Kerbrat, pero el público llenó el teatro: la propia autora encarnó con desparpajo a Inés, la burguesita a quien su marido trata como a una tonta. El montaje vienés de Luc Bondy produjo, en cambio, un impacto enorme. En boca de sus intérpretes, cada frase tenía doble sentido. Detrás de cada punto y seguido aguardaba una tormenta. Josep Maria Flotats acarició la posibilidad de ponerla en escena en España, pero descartó la idea al ver que Reza permitía a Ricardo Darín explotar aquí la versión argentina de Arte: hubiera deseado tener la exclusiva. Al final, el productor Enrique Salaverría se hizo con los derechos de Tres versiones de la vida, y, tras mucho cavilar, los cedió a la productora de Silvia Marsó.

En esta comedia lo fundamental es la respiración del actor. En el primer acto, Enrique es un servil. En el tercero, que cuenta lo mismo con variaciones sustanciales, es un tipo con iniciativa: no se desmorona por nada. Humberto goza sujetando la sartén por el mango: hace sentir su poder sin pausa, compulsivamente, porque, en el fondo, se siente inseguro. Rascas su brillo, y no hay nada. Es un calco del personaje que interpretaba Pou en Arte. Sonia (Silvia Marsó) vale más que su marido, pero comparte su suerte. Hay que verla cargarse de razón en silencio cuando él se humilla ante Humberto por enésima vez. "Reza toca muchos temas, pero el principal es éste: para ser número uno en una sociedad mortalmente competitiva, hay que sacrificarlo todo", dice Natalia Menéndez.

Tres versiones de la vida ofrece tres bocetos de la misma idea, pero escatima el lienzo definitivo. En su inacabado residen su encanto y su talón de Aquiles. Está emparentada con Tàlem, de Sergi Belbel, y con otras comedias experimentales en lo formal de los años ochenta y noventa. Reza, hija de violinista húngara judía y de ingeniero ruso de origen iraní, escribe sin prisas: una pieza teatral cada cinco años. Una obra española, la última, es de 2004. Sus novelas también se llevan a escena: es fácil adaptarlas. En las Jornadas de Teatro de Avilés, que acaban el 26 de agosto, se ponen a prueba montajes importantes de la temporada próxima. Éste llega a Madrid en enero de 2007.

Tres versiones de la vida. Avilés, 5 de agosto. Pontevedra, 8 de agosto. Gijón, 12 y 13.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de agosto de 2006