Reportaje:

Una instalación básica

Uno de los objetivos del sincrotrón del Vallès, que funcionará a partir de 2009, es que la industria utilice el 10% de su capacidad

Un gigantesco caracol de cemento y vidrio de 250 metros de perímetro ha comenzado a dibujarse en Cerdanyola del Vallès con la colocación, el pasado jueves, de la primera piedra de una nueva instalación tecnológica.

Es la figura que tendrá el sincrotrón Alba, que cuando entre en funcionamiento, a finales del año 2009, en terrenos próximos a la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), será uno de los laboratorios de luz más modernos.

Los sincrotrones son aceleradores de partículas que producen una luz muy pura capaz de penetrar la materia y permitir el estudio de distintos materiales microscópicamente.

Alba será una herramienta de investigación pública con una puerta abierta a la investigación privada, asegura Ramón Pascual, presidente de la comisión ejecutiva del Consorcio para la Construcción, el Equipamiento y la Explotación del Laboratorio de Luz de Sincrotrón (CELLS).

Alba contará con una plantilla de 140 personas; ahora trabajan en él unas 90
Un comité de ocho expertos en aceleradores supervisa el diseño

"Esperamos que las empresas utilicen el 10% de su capacidad", desde farmacéuticas a petroleras y textiles. En ciencia básica, el laboratorio permitirá investigar en múltiples campos, desde la química y la física a la ingeniería, la ciencia de materiales y la medicina.

Alba está financiado conjuntamente por el Gobierno español y la Generalitat a través del CELLS.

De los 164 millones de euros iniciales, el presupuesto ha pasado a más de 200 millones de euros, en parte por el sobrecoste de la obra y el retraso respecto al calendario previsto, pero también por haber aumentado de cinco a siete las líneas de luz del sincrotrón, una recomendación del comité científico, afirma Ramón Pascual. A más líneas de luz, mayor capacidad de investigación: podrán trabajar 200 grupos de investigación y un millar de científicos al año, en vez de 160 equipos y 750 investigadores. Los costes de mantenimiento también son elevados: unos 15 millones de euros anuales, cifra que "en las grandes instalaciones científicas, siempre se mueve entre el 8% y el 10% del coste total", afirma Pascual.

Un comité formado por ocho expertos en aceleradores supervisa el diseño de la máquina y otro equipo científico recomienda las líneas de investigación. Luego se decidirán los usuarios en función de la calidad de sus proyectos. Un experimento tipo puede durar entre cuatro días y una semana, y ocupar a tres científicos. Por ejemplo, un especialista en materiales que quiera conocer la estructura cristalina de la sustancia obtenida en su laboratorio, depositará una muestra en la estación de trabajo del sincrotrón y la estudiará mediante los haces de luz. También se podrán crear nuevos fármacos: al conocer la estructura de las proteínas, será posible construir una estructura molecular que encaje en la proteína y la inhiba.

En Europa hay más de 18 sincrotrones, "algunos tienen aplicaciones muy especializadas y otros son muy viejos, de primera o de segunda generación". España tendrá el cuarto acelerador de partículas de tercera generación, tras Suiza, Italia, el Reino Unido y Francia. Alba tendrá capacidad para 33 líneas de luz, con la novedad de disponer de unos dispositivos de inserción en cada línea de luz, unos tramos rectos que obligan a los electrones a describir una trayectoria sinusoidal "donde se genera una luz de características más interesantes" que en los modelos antiguos. Esos dispositivos permitirán alargar la vida del sincrotrón, porque cuando se produzcan avances tecnológicos únicamente se deberán instalar "por pocos millones de euros".

En la construcción participan empresas españolas, pero muy pocas suministran materiales de alta tecnología. Una firma española está aprendiendo de su socio francés, que construye el acelerador lineal. Pascual espera que la tendencia se corrija en los próximos concursos para suministrar fuentes de alimentación, imanes o mecánica de precisión. A pleno funcionamiento, Alba contará con una plantilla de 140 personas; ahora trabajan unas 90 y están encontrando dificultades, que esperan solventar, para contratar expertos en algunas líneas experimentales "porque no hay demasiados en el mercado".

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