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Reportaje:PALOMA AGUILAR / JULIÁN CASANOVA | HISTORIADORES | ENTREVISTA

"No se puede parar la recuperación de la memoria de las víctimas de Franco"

Dos historiadores, Paloma Aguilar, profesora de Ciencia Política en la UNED y autora del libro 'Memoria y olvido de la guerra civil española', y Julián Casanova, catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Zaragoza y autor de 'La Iglesia de Franco', abordan aquí sus propuestas para avanzar en el debate sobre la memoria histórica.

La polémica abierta sobre lo que ha de hacerse con la memoria histórica de las víctimas del franquismo no cesará mientras no haya un consenso político sobre lo que significó la dictadura. Tampoco habrá olvido. Dos historiadores de las nuevas generaciones reflexionan sobre una discusión que parece interminable.

Pregunta. ¿Cómo lo ven?

Julián Casanova. Aquí hay una guerra civil que acaba como otras guerras civiles en Europa, con la rendición incondicional del bando perdedor... Pero en España, la posguerra fue larguísima. Todas las guerras civiles provocan un desequilibrio de memoria, porque los vencedores plantan sus símbolos, sus manifestaciones, sus decisiones por encima de los vencidos. Pero en unos años se produce una reconciliación, un acercamiento, así que el desequilibrio de la memoria no tarda en desaparecer. Pasó en Finlandia, pasó en Grecia. ¿Y qué ocurre en España? Que a la Guerra Civil siguió una dictadura larguísima y un desequilibrio enorme entre la memoria de los vencedores y la de los vencidos. Eso es lo que discutimos en la actualidad. El desquilibrio ha sido grande, porque los vencedores no dieron ni agua a los vencidos durante demasiado tiempo.

Casanova: "A la Guerra Civil siguió un desequilibrio enorme entre la memoria de los vencedores y la de los vencidos. Eso es lo que discutimos ahora"

Aguilar: "La democracia ha sido tacaña a la hora de compensar a las víctimas del franquismo y de la Guerra Civil del bando vencido"

Casanova: "En los años de crecimiento industrial continúa la tortura sistemática. Y desde ese punto de vista es dictadura represiva hasta el final"

Aguilar: "Hay gente que no alcanza a ver la dimensión negativa de aquel régimen

Paloma Aguilar. Yo estoy de acuerdo, pero añadiría a las víctimas de los vencidos durante la Guerra Civil, las víctimas del franquismo. Y ninguna de las dos son suficientemente resarcidas una vez que se instaura la democracia en España... En los primeros años de la transición, las víctimas del lado republicano son las primeras en ser atendidas en términos de reparación material, no de reparación simbólica, pero de las víctimas del franquismo, si dejamos de lado las consecuencias de la ley de amnistía de la democracia, nos olvidamos hasta 1990, que es la primera vez que se deciden a aprobar en el Parlamento una medida que compense los años de cárcel... Creo que la democracia ha sido tacaña a la hora de compensar a las víctimas del franquismo y de la Guerra Civil del bando vencido... Pero no es todo culpa de la transición: todo lo que pudieron hacer Gobiernos con mayoría absoluta y que dispusieron de más recursos en un momento en que la democracia estaba ya asentada... Creo que en la transición hubo un acuerdo no sólo político, sino también social, para no abordar estas cuestiones directamente, porque todo el mundo temía consecuencias no deseadas... La intentona golpista de 1981 tuvo una influencia sobre alguna de las medidas reparadoras que podían haberse impulsado. Se piensa que es mejor centrar toda la atención y la fuerza en la estabilización democrática. Pero en algún momento se ha de coger el toro por los cuernos y afrontar aquello... Y ese momento puede ser éste, para retomar la política de reconciliación nacional que se hizo entonces... Para eso se puso en marcha la Comisión Interministerial, para culminar ese proceso de reconciliación, diga lo que diga el PP de que memoria y reparación son incompatibles en función de los pactos fundacionales de la democracia... Para este partido, la reparación buscada es equivalente a rencor y venganza...

P. A. O sea, que al principio de la democracia también se quería la recuperación de la memoria histórica.

J. C. En el cincuentenario de la Guerra Civil, en 1986, hubo de todo: congresos, fundaciones, historiadores... Todos nos reunimos muchas veces, se hizo un homenaje a las Brigadas Internacionales... Pero no se entró en el debate político. La dictadura se separaba de la guerra. Y en la Guerra Civil entró la religión, tanto en un bando como en el otro, el anticlericalismo y el clericalismo. En España, los monumentos creados tras la guerra son religiosos, no civiles... Y en los noventa, las víctimas siguen viendo que se rinde homenaje a los vencedores, con ceremonias religiosas, sin que haya habido todavía compensación alguna... Mientras tanto, la derecha ha querido consolidar el mensaje de que la República fue nefasta, de que la Guerra Civil fue provocada por todas partes, de que por todas partes hubo barbaridades. Se ha querido hacer tabla rasa del pasado... El PP lo que está tratando de insinuar es que la Guerra Civil es un producto de un desorden caótico que reina en la República que ahora reivindica Zapatero... Según ellos, ese desorden lleva a una explosión de violencia que tenía que ver mucho con nuestra historia, una historia en la que todos matan. Para ellos, la única solución es pasar página. Y lo que decimos muchos es que es preciso compensar y retribuir moralmente a todas esas víctimas que durante años sufrieron acoso, vejaciones y asesinatos, en un tiempo en que los derechos humanos no estuvieron presentes. En los años setenta y ochenta, la izquierda tampoco se preocupó de los derechos humanos; estaban más preocupados en cómo llegar al poder... Hubo un pacto de olvido, sí, pero porque la propia izquierda no asumió la batalla de los derechos humanos...

P. A. Los derechos humanos no formaban parte del discurso que había en España en la transición. Y no sólo por lo que dice Julián, sino porque tampoco estaba ese asunto presente en el derecho internacional... En lenguaje del derecho penal internacional, el fin de la impunidad empieza a entrar unos años más tarde. Para cuando se empieza la transición ni siquiera se habían creado las primeras comisiones de la verdad. Hubo una, en Uganda, en 1974, pero tuvo poquísimo impacto internacional. Las célebres tardarían aún unos años en crearse.

J. C. Entonces hay apartheid, hay Unión Soviética... El clima no favorece nada de eso.

P. A. Una generación más joven se incorpora con ese lenguaje de los derechos humanos; mira el pasado y reacciona con perplejidad... Y en España es una generación distinta la que mira la transición con otros ojos, unos con una visión crítica y otros mostrando su perplejidad... Y observan que algunos jueces españoles están tratando de juzgar a torturadores de terceros países, mientras que aquí nadie se plantea algo equivalente a lo que han hecho muchos jueces en Chile. Aunque saben que la ley de amnistía vigente en su país les impedirá condenar a esos torturadores -igual que en España-, nada les ha impedido investigar los casos... Esos jueces chilenos han desempeñado un papel distinto a los jueces españoles. La sociedad civil ha estado mucho más movilizada en Chile y en Argentina que aquí. Es cierto que los delitos que se juzgaban allí eran más recientes, e implicaban a desaparecidos, lo que parece reclamar un más urgente esclarecimiento de la verdad. Pero han llegado más lejos en ese esclarecimiento.

J. C. Pero hay una diferencia: los jóvenes que sufren la dictadura en esos países son los mismos que luego luchan en sus respectivas transiciones. Aquí hay dos generaciones por medio, y son los nietos, como se dice siempre, los que reclaman la reparación. La larga duración de la dictadura de Franco es lo que convierte este problema de la memoria en algo tan peculiar. Hoy a nadie en Argentina se le ocurriría decir que la dictadura fue consecuencia del terrorismo montonero. A nadie. Porque está fuera de discusión. Cuando los argentinos observan las teorías revisionistas que hay en España se llevan las manos a la cabeza. Y es que aquí han pasado cuarenta años, y se ha producido una ruptura social y cultural absoluta.

P. A. Y hay una diferencia importante: la dictadura argentina fue totalmente impopular. Nunca tuvo un respaldo popular, algo que sí tuvo la dictadura en España. Y además, la dictadura argentina está asociada al fracaso económico, mientras que en España está asociada en cierta medida a un periodo de crecimiento, algo por otro lado descabellado, porque no se tienen en cuenta términos de cuánto más hubiera crecido España sin dictador. La duración sí que ha sido fundamental. Aquí nos encontramos en los años setenta mucha gente aún obsesionada con el orden, con la paz, con evitar la repetición del conflicto. Yo creo que uno de los grandes logros del régimen franquista, en términos culturales, es que consiguió permear la cultura política de la conciencia de un miedo atroz a la libertad. Franco convenció a un sector importante de la sociedad española de que, si se reeditaba la experiencia de los años treinta, los españoles volverían a matarse entre ellos. Y en los setenta mucha gente vivió la democratización con miedo a la confrontación civil. Ese miedo lleva al nunca más, pero pasa por encima de los cuarenta años de dictadura, los que median entre el fin de la Guerra Civil y la muerte de Franco. Ese periodo no sólo lo obvian los políticos, sino la propia ciudadanía, que es la que no se atreve a mirar al pasado. La fe en el sistema democrático hace que hoy debamos superar para siempre el miedo al fantasma de la guerra.

P. Han aparecido muchos libros que revisan la historia de la guerra y del franquismo. ¿Cuál es la razón de su éxito?

P. A. He seguido las encuestas del CIS sobre cómo cree la gente que se recordará el régimen de Franco. La opción "el franquismo tuvo cosas buenas y malas" es elegida por el 50% de los entrevistados, mientras que la opción "sólo tuvo cosas malas" es elegida cada vez por un mayor número de entrevistados. La ambivalencia que acabo de mostrar puede deberse a que hay gente que todavía relaciona el franquismo con un periodo de prosperidad y de desarrollo sin precedentes. Hay muchos que interiorizan el mito cainita, el mito de que los españoles estábamos condenados a matarnos, y se asocia el franquismo a la expansión de la educación, al tiempo en que se asientan las bases de la Seguridad Social. Y hay gente que no alcanza a ver la dimensión negativa de aquel régimen, porque a ellos les fue bien.

J. C. El revisionismo sólo es posible cuando hay una historia de víctimas y verdugos, cuando se proyecta socialmente una Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, cuando los medios se implican. Entonces, los que ya habían dado por descontado el franquismo se sienten acosados, porque ven que ésa no es la historia que han vivido ellos... Y aparecen la ultraderecha y el franquismo sociológico: "¡Si esto no es lo que me han contado!". Y surge una reacción ante los que interpretan la historia de otro modo distinto a como se enseñó durante el régimen. Es cuando se forma una reacción a esta historia. Hubo un documental de TV3, Las fosas del silencio, y en él aparece una señora ensortijada, con abrigo, que dice: "¡Esto de las fosas lo está moviendo el diablo! ¿Qué quieren, removiendo la historia? ¡Nosotros ya perdonamos!". Ésa es la síntesis: alguien está removiendo la historia, y nosotros vivíamos tan felices.

P. ¿Ustedes esperaban que un partido como el PP asumiera posiciones parecidas a la de los revisionistas?

P. A. El PP tiene una relación compleja con el franquismo; no se atreve a condenarlo explícitamente. Pudo haberlo hecho en 1999, cuando gobernaban en minoría, pero se abstuvieron. En 2002 hubo una condena a los totalitarismos, pero no explícitamente al franquismo. Así que el PP tiene una relación anómala con ese periodo. No tengo ninguna duda de que son demócratas, pero sí estoy segura de que tienen una relación ambivalente con ese periodo y no saben muy bien cómo tratarlo. Y claro, eso genera suspicacias justificadas. Su discurso salta de la Guerra Civil a la transición. Y sobre el franquismo siguen abriendo un paréntesis.

J. C. Como si fuera algo necesario, algo que venía necesariamente de aquel caos.

P. A. Según esas tesis, la Guerra Civil se plantea como algo que le sobreviene a la sociedad española. Sobre los años de la dictadura reflexionan poco, y de la Guerra Civil pasan a la transición. Y la dictadura fueron largos años en los que hubo víctimas de un lado y verdugos de otro. Con respecto a la Guerra Civil, podemos discutir quién mató más, pero nunca podremos reivindicar claramente a ninguno de los dos bandos, porque en los dos hubo tantísimas violaciones de los derechos humanos que resulta difícil identificarse sin matices con uno u otro bando. Pero en el franquismo, las cosas están bastante más claras: hubo gente que abusó del poder, que instauró una dictadura, y hubo gente que sufrió y que murió. ¡Y que todavía no hayamos sido capaces de atraer al PP a que haga una condena explícita del franquismo nos debería hacer reflexionar...! ¡Y que el PP no haya sido capaz de hacer una condena explícita al franquismo también le debería hacer reflexionar a la derecha!

J. C. Creo que conviene hacer énfasis en esto. La represión de 1945 a 1959 fue brutal, desconocida en otras posguerras. Pero en los años de crecimiento industrial, cuando ya hay gente que se adapta al franquismo, e incluso lo quiere, continúa la tortura sistemática. Y desde ese punto de vista es una dictadura represiva hasta el final.

P. Una pregunta de doble filo: ¿qué consecuencias tendrá para la sociedad española que se sepulte esa memoria, o que se avive?

J. C. Es un proceso imparable. No se va a poder sepultar, no es un problema de aliviarlo. Hay vías para resolverlo.

P. A. Es que simplemente España tiene que cumplir los tratados internacionales que ha suscrito, que estipulan que la desaparición forzada y las ejecuciones arbitrarias son delitos de lesa humanidad y, por tanto, imprescriptibles. Naciones Unidas ya ha reconocido algunos casos de desapariciones en España, y eso obliga al Gobierno a investigar. En España no hay ningún partido que pida juicios, nadie quiere llevar a la cárcel a nadie. Lo que se quiere esclarecer es la verdad y crear un documento en el que se diga qué se ha hecho, qué se ha dejado de hacer, cuáles fueron los derechos que se anularon durante el franquismo, cuál fue la legislación discriminatoria del franquismo para unos y para otros. España está obligada por los tratados que ha firmado y por la justicia.

P. ¿Habrá olvido?

P. A. Ahí entramos en un terreno resbaladizo. No puedes zanjar el pasado con una ley. Porque otras generaciones darán otra mirada al pasado y dirán que no hemos hecho bien las cosas, o tendrán una concepción de los derechos humanos más exigente que nosotros y querrán ir más lejos.

Una nueva mirada al pasado

- ø PALOMA AGUILAR TENDRÁ PRONTO 41 AÑOS. Nació en Madrid y su familia es zamorana. En el pueblo de su madre está todavía la alcaldesa que estaba al mando en el franquismo... De la guerra oyó hablar allí, claro, pero era una niña. Su abuelo cayó del bando franquista, pero nunca estuvo en el frente; en el pueblo del que proviene sigue habiendo, dice, miedo a hablar de la guerra civil. Es consciente de que en ámbitos tan pequeños la gente no se atreve a mirar al pasado, porque en ello ven la posibilidad de un cataclismo... Pero los políticos sí tienen la obligación, "por pedaggía", de revisar el pasado, y de contribuir a que las víctimas que hubiera sean reaparadas... Su libro Memoria y olvido de la guerra civil española, que apareció en 1996 y que ahora aparecerá revisado en Alianza Editorial, es uno de sus trabajos sobre las consecuencias sociológicas de la dictadura. Con sus compañeras Alexandra Barahona y Carmen González publicó en Istmo, en 2002, su estudio Las políticas del pasado.

- ø JULIÁN CASANOVA, ARAGONÉS, TIENE 50 AÑOS. Es catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Zaragoza. Su estudio más importante sobre la posguerra es La Iglesia de Franco, que publicó Crítica en 2002; dirige tesis doctorales sobre el asunto, participa en programas de divulgación sobre el pasado, y es coautor del libro Víctimas de la guerra civil y de otro sobre la violencia en la dictadura de Franco... Él no tiene ningún antepasado que tuviera que ver con la guerra civil, aunque tiene memoria de que un hermano de su madre tuvo que ir al exilio. "Pero vengo de un pueblo en el que hubo coletivización, anticlericalismo, represión, y claro que tengo experiencia de lo que es el pasado oculto, de lo que no se puede decir".

A los dos les interesa comparar el caso español con el de otras dictaduras, en América Latina y en Europa, y llegan a la conclusión de que nuestra mirada al pasado sigue estando condicionada por la larga duración de la dictadura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de julio de 2006

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