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Franco vivió aquí

El general habitó una casa obra de Palacios en el paseo de la Castellana antes de rebelarse, hoy hace 70 años, contra la II República

Francisco Franco Bahamonde, ferrolano nacido en 1892, cabeza del golpe militar que hoy hace 70 años desencadenó la Guerra Civil que le llevó a residir en el palacio del Real Sitio de El Pardo durante casi 35 años, tuvo antes un domicilio en el barrio de Salamanca de Madrid, concretamente, en el número 28 del paseo de la Castellana.

Allí vivió en distintas etapas entre 1926 y 1935. En este suntuoso edificio de siete alturas, Franco habitó un piso de altos techos, de unos 250 metros cuadrados de superficie, en la segunda planta. En él se instaló tras su ascenso al generalato y después de haber vivido en Toledo, en distintos enclaves norafricanos, Oviedo y Zaragoza, donde dirigió la Academia Militar.

Franco desplegó cierta vida social que dejó al poco, para asaltar el poder republicano

En un cercano obrador de plancha se reunía la Junta de la Falange de José Antonio

La casa madrileña de Franco había sido proyectada en 1914 por el arquitecto gallego, Antonio Palacios Ramilo, autor del palacio de Correos y Telégrafos y del Círculo de Bellas Artes, entre otros hitos madrileños. Palacios recibió el encargo de construir un edificio de viviendas para Luisa Rodríguez Arzuaga y en 1916 terminó la obra, que muestra en su fachada una equilibrada dialéctica de cornisas, balcones y ventanas, rematada con un torreón de columnas coronado por pináculos. Ha sido recientemente remozada por Aguirre Newman y en ella residen la inmobiliaria Restaura y la consultora Page.

La casa se alza en la esquina del gran eje madrileño con la calle del Marqués de Villamejor. Curiosamente, Antonio Palacios sobrepasó, con la altura del torreón, el límite entonces permitido por las ordenanzas municipales. Por ello, la casa no pudo ser habitada hasta 1919. Otra singularidad es que en la misma manzana del edificio, en el hoy número 53 de la calle de Serrano, hubo un obrador de plancha donde la Junta Política de Falange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera, se reunía en clandestinidad cuando fue proscrita. También en esa manzana tenía su sede el diario Abc, cuyo corresponsal en Londres alquilaría el avión con el que Franco emprendería su golpe militar.

Según cuenta a los jóvenes conserjes de la zona un jienense hoy jubilado, que fue mayordomo en la casa y que regresa de cuando en cuando al barrio de Salamanca con añoranza, Franco dormía en una habitación interior del inmueble de Palacio. En otro de los pisos vivió a partir de 1940 Spartaco Boldori, importador de motocicletas italianas y pionero de la compañía hispano-italiana Seat. En otro piso habitó el ginecólogo de origen norteño, Mendizábal Amézaga, que asistió a la reina Sofía en el alumbramiento de sus hijos.

Vecinos octogenarios del paseo de la Castellana dicen haber escuchado a sus mayores que en aquella fase de la vida del dictador -que ha pasado a la historia como persona poco amiga de actos mundanos- Franco convocó algunas fiestas y desplegó una cierta vida social. Pero, al poco, la abandonaría para ceñirse al asalto militar del poder republicano y a mantener su régimen como obsesión vital casi única.

Una vez conseguido el triunfo militar al acabar la Guerra Civil, Franco se instaló provisionalmente en el castillo de Viñuelas, en la salida de Madrid por el norte, hasta que le fue habilitado el palacio de El Pardo, un originario pabellón de caza medieval de la época de Enrique III el Doliente, remozado en tiempos de Carlos I y de Felipe II. Franco, en extremo receloso tras la contienda, apenas salió de allí durante casi 35 años.

No consta que se opusiera a que su esposa adquiriera un piso de más de 500 metros cuadrados -luego sería todo un edificio- en la calle de los Hermanos Bécquer, 8, esquina con la calle del General Oráa. El lugar ocupaba un enclave estratégico: a una decena de metros, la legación diplomática de El Salvador, uno de los poquísimos Estados que reconoció su régimen inmediatamente después del golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

Por si algún día, pese a su férreo sistema político-policial, las cosas se le ponían mal y les fuera preciso asilarse, la casa de Hermanos Bécquer distaba apenas 100 pasos de la Embajada de Portugal, en la Castellana esquina con la calle del Pinar. En caso de apuro político extremo, su amigo, el dictador lusitano Antonio de Oliveira Salazar, con certeza le acogería siguiendo una línea de colaboración entre ambos autócratas iniciada años antes.

Asimismo, la casa adquirida y habitada por Carmen Polo en su viudedad distaba unos 100 pasos de la Embajada de Estados Unidos de América, principal aliado de Franco desde 1956. En el piso bajo de la casa de los Franco, vive aún una hija del general marroquí Mohamed Mizzian. Su familia mantuvo un negocio de alfombras en el arranque de la calle de Serrano. Y en el portal contiguo, en el número 6 de Hermanos Bécquer, tenía alquilada su vivienda el almirante Luis Carrero Blanco, número dos del régimen. El edificio era propiedad de Diego Méndez González, arquitecto que culminó la obra del Valle de los Caídos.

De los familiares de Franco, algún vecino de la calle de Espalter, junto al Retiro, recuerda la figura de su hermano Nicolás, embajador en Lisboa de 1938 a 1958, asomado a la ventana del patio interior del domicilio de una afamada cortesana -a quien le fue dedicado un conocido pasodoble- perorando encendidas soflamas a un público de asustadas empleadas del hogar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de julio de 2006