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Reportaje:

Impulsor de la tecnología propia

El cofundador y presidente de Ingeteam ha colocado la electrónica vasca en la primera línea

JAVIER MADARIAGA reconoce que se convirtió en empresario sin pretenderlo: sus primeras acciones en Askania España le llegaron como premio por su primer trabajo, recién licenciado en Ingeniería, con 24 años. Había conseguido para la potente firma alemana un contrato único con la principal siderurgia asturiana, con una combinación de rigor intelectual, ilusión y saber hacer, que hoy todavía le acompaña. Así se explica que la empresa que preside, Ingeteam, cuente con más de 2.000 trabajadores y sedes en China o Brasil, y todo gracias a la apuesta por la creación de tecnología propia, en un momento (1972) en el que todas las empresas compraban licencias extranjeras.

Con sólo nueve años, Javier Madariaga (Lutxana, Vizcaya, 1943) ya cogía el tren para acudir al colegio de los Maristas, en la Plaza Nueva de Bilbao. Cuatro trayectos al día que no permitían el despiste. Así que, cuando decidió marchar a Alemania a perfeccionar su alemán, mientras cursaba la carrera de Ingenieros, no sufrió la angustia del primer viaje. "Así y todo, sigo recordando el paso a Berlín Este, toda una odisea, con aquel muro impresionante, aquellos controles de seguridad, con los policías rastreando con espejos por debajo de los asientos".

Madariaga completaba su formación en la Escuela de Ingenieros de Bilbao con las prácticas veraniegas en empresas germanas, como otros compañeros. "Creo que fue una decisión colectiva: parece que los alemanes son la locomotora de Europa, los que tiran del mundo industrial, dos dijimos, así que decidimos estudiar alemán e ir allí", recuerda. "Ganábamos lo suficiente para pasar el verano. Al mismo tiempo, conocíamos las formas de trabajo, su mentalidad".

Casi no había terminado la carrera cuando empezó a trabajar en Comercial de Electricidad - "el 1 de septiembre de 1963", precisa-, donde llevaba la representación de diversas empresas alemanas, entre ellas Askania, "que hacía sistemas de regulación electrónica pioneros en todo el mundo". Madariaga tuvo entonces su oportunidad y no la desaprovechó: justo en aquel momento, los responsables de poner en marcha una siderurgia en Asturias (la que luego sería Ensidesa) reclamaron su colaboración para contratar el equipamiento eléctrico.

"Visitamos empresas eléctricas, siderurgias, recorrimos toda la cuenca del Ruhr. En aquel viaje trabajaba como traductor, al mismo tiempo que explicaba los distintos sistemas de cada industria", recuerda Madariaga. Al final, Askania consiguió el contrato, "toda una oportunidad, no se abren siderurgias todos los días de esa envergadura". "No puedo negar que también fue un golpe de suerte", reconoce.

Ante la magnitud del encargo, la firma alemana decidió abrir oficina en España, con la colaboración de Comercial de Electricidad la entrega de un 10% de las acciones a aquel joven de Lutxana que había facilitado el contrato. "Me hicieron empresario entonces". Javier Madariaga comenzó a formar un equipo y se acordó de aquellos compañeros de carrera que habían preferido trabajar durante julio y agosto en Alemania, en lugar de veranear en la costa vasca, expertos ingenieros en la especialidad de Electricidad y Electrónica. Se sumaron a la aventura más de una decena, que, con el paso de los años, se redujeron a cuatro integrantes: el propio Madariaga, Víctor Mendiguren, Miguel Gandiaga y Alberto Belaustegui, que permanecerán unidos desde entonces.

La configuración de este núcleo llega con la absorción de Askania por Siemens. "Nos ofreció buenos puestos en Madrid, pero les contestamos que no; que no queríamos ser empleados", cuenta, aunque también admite que "eran otros tiempos". Entonces, en 1972, decidieron crear Team (Técnica Electrónica de Automatismo y Medida), una aventura empresarial que en aquel momento se podría definir como suicida: en la España de la agonía franquista y la transición, con unos tipos de interés imposibles de hasta el 18%, en un país sin tradición alguna en la investigación, cuatro jóvenes ingenieros apuestan por la tecnología propia, mientras asoma y se instala la primera crisis del petróleo, que llegó entre 1974 y 1976.

"Yo creo que nos favoreció la crisis, porque los años duros son buenos ya que te exigen calidad, austeridad y trabajar de forma muy efectiva", resume. Pero, al instante, el Madariaga intuitivo y vital sentencia que "la juventud también ayuda".

Su apuesta fue trabajar con la tecnología propia, algo desconocido en las grandes industrias del País Vasco, habituadas a contratar licencias extranjeras. Una cuestión de tiempo. "Nosotros quisimos tener ese lujo, esa fue la diferencia más grande. Habíamos conocido desde cerca la industria de uno de los países punteros. No somos más tontos, no somos más desorganizados. Si los alemanes o los suecos lo hacen, nosotros también", era su premisa.

A partir de entonces, comienza la aventura: la tecnología que impulsa Team (ahora Ingeteam) cautiva a empresas de todos los ámbitos: desde la siderurgia a las energías renovables, sin olvidar los ferrocarriles y el sector naval, su última apuesta. "Queda mucha ilusión. La siguiente es la propulsión eléctrica de los grandes buques gaseros. Estamos apostando para que Sestao se convierta en un gran astillero, que construya buques con tecnología propia". Madariaga se refiere al futuro de La Naval, en cuya inminente privatización puja Ingeteam, el grupo que preside. Todo un sueño para aquel niño de Lutxana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de julio de 2006