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Reportaje:

Documentales, un género en busca de financiación

San Lorenzo de El Escorial

La mayoría de los espectadores españoles afirma en las encuestas que los documentales de televisión les vuelven locos. Sin embargo, cada vez es más difícil conseguir dinero para hacerlos. Para hablar sobre el presente, pasado y futuro de este género se reunieron ayer en San Lorenzo de El Escorial (Madrid) tres conocidos directores de documentales de naturaleza y medio ambiente, dentro de los cursos de verano de la Universidad Complutense. Luis Miguel Domínguez, naturalista, colaborador de TVE, Canal + y la SER y autor de la serie Amazonia, última llamada, aseguró que apenas existen ayudas públicas para lo que no es ficción y lamentó que cada vez sea más difícil conseguir financiación. "Las televisiones sólo compran material al peso, ya elaborado, en los mercados", señaló. "El dinero hay que buscarlo fuera".

Otro de los participantes, el director de Al filo de lo imposible, Sebastián Álvaro, arremetió contra el modelo de televisión pública "pequeñita" que se está imponiendo, que llevará, según señaló, a que los documentales de calidad sólo se puedan ver en cadenas de pago. "Al final, nuestros impuestos no sirven para nada. Si quieres ver una buena televisión, hay que pagarla". Defendió que ver documentales puede proporcionar enormes placeres, pero saber disfrutarlos requiere un aprendizaje. "Llevamos 10 años educando a la gente para que vea la tele sin prestar atención. Si ves a Boris Izaguirre dando saltos en una piscina no necesitas concentrarte, lo puedes hacer yendo a la cocina".

Los tres participantes animaron a los alumnos a asumir riesgos y a no perder de vista que un buen documental no son sólo imágenes espectaculares, sino que en ocasiones es obligado un contenido de denuncia. El realizador de TVE José Simó insistió en que "hay imágenes feas pero fundamentales para mostrar lo que está pasando con el medio ambiente". Para hacer un buen trabajo "hacen falta dos cosas: poner pasión y contar una historia, que es lo que sólo los humanos sabemos hacer, lo que está en ese 1,2% de genes que nos diferencian del chimpancé", declaró Álvaro.

Hablando sobre los documentales y la necesidad de una televisión pública que apueste por ellos arreciaron las críticas al plan de reestructuración de RTVE, que se saldará con la eliminación de 4.150 puestos de trabajo. "El Partido Popular y el PSOE nos han traído a una situación insostenible, al precipicio", dijo Álvaro, que lleva al timón de Al filo de lo imposible más de 20 años. "Se ha optado por desmantelarla y que desaparezca", concluyó, y no quiso confirmar si son ciertos los rumores que lo vinculan a Cuatro. "Por ahora estoy aquí hasta el 31 de diciembre, y luego ya veremos", zanjó.

Julio de Benito, director de documentales sobre naturaleza de TVE que moderaba la mesa redonda, coincidió en que la cadena se está convirtiendo en una televisión "sin criterio".

Por la tarde, el curso versó sobre los documentales de cine. El género está en auge, como lo demuestra el hecho de que el año pasado se rodaron 30 en España. "Hace 10 se hacía uno o ninguno", afirmó Javier Rioyo, autor, junto con José Luis López-Linares, de Asaltar los cielos y Extranjeros de sí mismos. Rioyo, después de recordar al recientemente fallecido Joaquim Jordá, del que dijo que debería inspirar "a todos los que se quieran tomar en cuenta este oficio", habló de sus inicios, hace 12 años, cuando iba a pedir una ayuda al Instituto de Cinematografía y le decían "pero si eso es un documental", y tenía que convencerlos de que esto también era cine. "Y luego había que colocar el producto, era complicadísimo".

A pesar de que se siguen produciendo muchos menos que en Francia o el Reino Unido, en los últimos años el género está viviendo un momento dulce, gracias a obras como En construcción, de José Luis Guerín, o El cielo gira, de Mercedes Álvarez, una de las obras españolas más premiadas. De las ayudas del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) del año pasado, 75 fueron a ficción y 100, a documentales. "El problema es que luego en las salas de cine se estampan", señaló Diego Mas Trelles, director del programa de TVE Documenta2. "Al final, su única esperanza es que la televisión los compré, pero en realidad podrían ser rentables. Farenheit 9/11, de Michael Moore, costó 17 millones de dólares y recaudó 100".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de julio de 2006