Entrevista:GIANNI RIVERA | Autor del gol que decidió el 'partido del siglo' | Alemania 2006 | Alemania-Italia

"Aquel triunfo pacificó Italia"

Fueron tiempos muy convulsos para Italia. Mandaba la Democracia Cristiana con el sustento de la Iglesia católica. Y, enfrente, el partido comunista más fuerte de Europa. En este contexto, el Mundial de México 70 tenía reservada una fecha que quedaría para siempre en el imaginario colectivo italiano: 17 de junio de 1970, en el estadio Azteca. Italia venció a Alemania 4-3 tras una prórroga enloquecida en lo que se llamó después La partita del secolo. Se adelantó Boninsegna, empató Schnellinger en el descuento. Ya en la prórroga, anotaron Müller, Burnich, Riva, otra vez Müller, y el gol definitivo de Rivera. Han pasado 36 años y siguen apareciendo libros, películas y un sinfín de pequeñas historias. La última la reveló estos días el delantero zurdo Boninsegna: "Cuando Schnellinger marcó el 1-1 en el descuento, volvió al centro del campo y Rivera, su compañero en el Milan, le dijo: 'Cuando vuelvas a Milán, te volamos el coche". Gianni Rivera fue el jugador de más talento de aquella selección. Un media punta frío que podía dar un dar un pase preciso de 30 metros sin pestañear. Venía de ser Balón de Oro un año antes, pero el seleccionador, Ferruccio Valcareggi, sólo le concedió seis minutos en la final que ganó Brasil (4-1). Valcareggi fue recibido a tomatazos en su regreso a casa. Rivera resultó el gran triunfador de aquella Copa del Mundo. Después fue viceministro socialdemócrata del Deporte y ahora es asesor del alcalde de Roma, Walter Veltroni. Ayer habló desde Roma por teléfono con este periódico.

"Conmigo en el palo, encajamos el 3-3. Mi impulso fue driblar a todos y marcar"
"La federación decidió que jugáramos una parte Mazzola y otra yo. Era lo políticamente correcto"

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Pregunta. ¿Qué significó para Italia aquel partido?

Respuesta. Cuando volvimos de México nos dimos cuenta de que hubo una pacificación general. Salieron juntos todos a festejar, de izquierdas y de derechas, ricos y pobres, racistas y no racistas, todos compartieron la misma alegría.

P. ¿Sirvió para acabar con el complejo de inferioridad?

R. Para aquellos que lo tuvieran sí. Yo nunca lo tuve. Dentro del campo no era inferior a nadie. Para mí, personalmente, fue una victoria más en mi carrera.

P. ¿Cómo recuerda aquel día?

R. No fue especialmente caluroso. Lo que sí afectaba a algunos jugadores era la altitud, la falta de oxígeno. A mí no me afectó, pero sí a los que fumaban más como Riva o Albertosi. Claro que Domenghini era de los más fumadores y estuvo muy bien físicamente.

P. ¿Fue el partido del siglo?

R. No lo creo. En realidad fueron 30 minutos muy vividos, los de la prórroga, de máxima tensión.

P. Marcó el gol decisivo, el 4-3. ¿Cómo fue?

R. Acabábamos de encajar el 3-3, conmigo en el palo. El primer impulso, para rehacerme, fue regatear a todos y marcar. Pero veo un muro blanco de alemanes y decido que es mejor acompañar la acción. De Sisti le pasa a Facchetti, éste a Bonisegna, que se pega una carrera por la izquierda y centra al punto de penalti. Le pego de primeras al balón, el portero Maier se había ya tirado, parece que pueda atraparlo, pero no lo consigue.

P. ¿Era un desastre como defensa?

R. ¿Lo dice por el 3-3? Yo estaba cubriendo el palo por el que venía el remate tras un córner. El cabezazo de Müller lo habría podido parar con la mano, como algunos dijeron, pero eso no entra dentro de mi cultura futbolística. Con la mano, nunca, así que preferí intentarlo con la cadera. No podía haber hecho más que lo que hice.

P. Sin embargo, el portero Albertini dice que le insultó como nunca había insultado a un compañero.

R. Más que insultarme, protestó por el gol. Como yo, también estaba enfadado.

P. Y entonces le dijo a Albertosi: 'tranquilo: ahora voy y marco'.

R. 'Tranquilo' no le dije, pero sí que no me quedaba más remedio que ir a marcar para resarcirme. Fue una veleidad. No creía realmente que pudiera marcar, y menos de inmediato, como sucedió. A los 60 segundos.

P. Entró sustituyendo a Mazzola. La famosa staffeta (relevo) por la que entraba uno y se iba el otro. ¿No podían jugar juntos los dos de más talento?

R. Eso mismo nos preguntábamos nosotros. Fue una decisión más política que técnica. La prensa estaba dividida entre quienes no querían que jugara yo, y los que no querían que jugara Mazzola. La federación era muy permeable a estas presiones y decidió que jugáramos una parte cada uno. Era lo políticamente correcto.

P. ¿Por qué Italia siempre cuestiona a sus futbolistas de más calidad?

R. No sé si sucede sólo en Italia, pero los últimos seleccionadores han tenido la suficiente personalidad para no dejarse influir por las presiones de la prensa. Ni Enzo Bearzot en 1982 ni Marcello Lippi ahora ceden a las presiones.

P. ¿Cómo jugaba aquella Italia?

R. Ganamos la Eurocopa dos años antes. Éramos un grupo que arrancó en los Juegos Olímpicos de 1960 y que se prolongó hasta 1974, cuando ya llegó gente nueva.

P. Llegó la final contra Brasil y usted sólo participó seis minutos. ¿Por qué?

R. Nunca lo sabremos. Valcareggi está ya muerto. Fue una lástima para mí. Aunque aquél Brasil era superior a todos, debimos haber hecho algo más en la final.

P. ¿Cómo debe jugar Italia para ganar a Alemania?

R. Será más difícil de lo que podemos imaginar. Han cambiado las cosas desde el amistoso que les ganamos hace unos meses. Hay que ocupar el verde del campo de la mejor manera posible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0003, 03 de julio de 2006.

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