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Reportaje:Alemania 2006 | Italia-Ucrania

Arte en medio del drama

Italia ensalza ahora a Totti después de haberle "masacrado" en la primera fase

Francesco Totti se ha convertido de repente en un ganador. Le bastó un penalti. Un tiro potente y enroscado ante Australia en el minuto 94 de los octavos de final para que pararan las encuestas sobre su titularidad, las críticas feroces, el ultimátum. Con la que estaba cayendo, Totti renunció al cucchiaio [la cuchara], es decir, al penalti a lo Panenka con el que le había marcado al holandés Van der Saar en la Eurocopa de 2000. Renunció a la belleza. Quería que dejaran de cuestionarlo. "Me han masacrado", diría después. Pedía un reconocimiento, un respeto que ha llegado ahora, justo antes de medirse a Ucrania.

"Lo que hizo Totti en Kaiserslautern fue extraordinario", proclamó ayer Marcello Lippi, el seleccionador, que sólo le permitió jugar el último cuarto de hora ante Australia. "Su penalti fue un gesto técnico y psicológico: a nosotros nos ha regalado la felicidad, y a sí mismo mil motivaciones más. Lo ha recuperado", añadió. "Ese gol", escribió ayer Arrigo Sacchi en La Gazzeta dello Sport, "lo desbloqueará, como le sucedió a Baggio en el Mundial de Estados Unidos 94". "Elogio su coraje", agregó Michel Platini, el 10 francés de los años 80, "por asumir tal responsabilidad en un fútbol en el que, si pierdes, se desencadena el fin del mundo. Yo sé qué es tirar un penalti en un Mundial: marqué en unas semifinales del 82 ante Alemania; y fallé en los cuartos del 86 ante Brasil". Fue el noveno gol de Totti en 53 partidos en la azzurra, el primero en una Copa del Mundo.

"Su penalti fue un gesto técnico y psicológico", dice Marcello Lippi

Platini elogió su coraje "por asumir la responsabilidad de tirar penalti" ante Australia

Totti es una mina de oro por explotar en medio del drama. Un talento oculto tras la extensión imparable de la trama de corrupción ideada por Luciano Moggi; el impacto que ha causado en la selección que el dirigente del Juventus Gianluca Pessotto se precipitara desde una buhardilla; o las críticas de la revista alemana Der Spiegel al conservadurismo de los azzurri, a los que llamó "parásitos" para después tener que pedir perdón. Una manera de jugar que es el espejo del campeonato y el sistema futbolístico de un país. "No es culpa de Lippi", reflexiona Sacchi. "Ante la incertidumbre, dejamos la iniciativa, el juego y la posesión de la pelota al adversario, cualquiera que sea, para después sorprenderlo. Tenemos grandes jugadores, aunque este sistema no les permite expresarse". Y Lippi se defiende: "Decir que el fútbol italiano es retrógrado es exagerado. Durante un año han reconocido que jugábamos un fútbol moderno. También contra Ghana. Decir esto por dos partidos...".

El 10 del Roma llegó al Mundial tras haberse entrenado como un poseso durante la temporada. Rechazó todas las entrevistas y apretó los dientes ante las patadas de los rivales, que fueron muchas puesto que es un jugador envidiado. Por ser el que más cobra. El más querido. Por ser Totti. En febrero pasado, Vanigli, un defensa del Empoli, le rompió el peroné izquierdo. Trabajó duro durante estos tres meses para recuperarse. Tiene la fuerza y la confianza en sí mismo de los chavales de los suburbios de Roma y Nápoles, una energía que no procede del cerebro sino de la inconsciencia. Nunca ha pisado una librería. Siempre habitó a 25 metros del gol. Derrocha inteligencia dentro de la cancha.

Totti nació en 1976, cinco días después de Ronaldo y dos antes que Schevchenko. La leyenda comienza a los 10 meses cuando se niega a soltar un balón durante unas vacaciones estivales en el Adriático. Continúa con su primer trofeo de fútbol: a los cinco años. Y con nueve, sentado en la grada, devuelve un balón de cabeza justo al lugar del campo de donde había venido, recibiendo la ovación de la gente. La mamma Fiorella siempre estuvo a su lado. Si su niño estaba resfriado, llamaba a Trigoria, campo de entrenamiento del Roma, y preguntaba por el entrenador: "¿Cómo está mi hijo?". Llegó el Milan, le ofreció el oro y el moro, pero Fiorella se negó: "No se mueve ni un centímetro de Roma. Podría vivir sin comida, sin bebida y sin aire, pero no sin mi hijo".

Cuando los insurgentes iraquíes secuestraron a la periodista italiana Giuliana Sgrena, en febrero 2005, una muchedumbre marchó por las calles de Roma pidiendo su liberación. Totti salió ese domingo al campo con una camiseta que ponía: "Liberad a Giuliana". El mensaje llegaría a una de las celdas del cautiverio de Bagdad. "Uno de los secuestradores adoraba a Totti y lo vio por la televisión pidiendo mi libertad", explicó después Sgrena. Hay fans de Totti en Tokio y en Ankara, es el favorito de Robbie Williams e incluso Pelé ha dicho que sería el mejor si no tuviera tan mala suerte. La mala suerte de un país que desconfía de sus mayores talentos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de junio de 2006