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Alemania 2006 | España, primera de grupo

El pulso de Raúl a Villa

Todos los partidos enseñan algo. También los de trámite. Frente a Arabía Saudí, la selección confirmó a los titulares de los partidos anteriores. Son los más preparados para afrontar el próximo desafío, tanto en el plano técnico como en el mental. Ese equipo cree en su papel. El torneo le ha ayudado y los resultados han elevado su confianza. Los suplentes se saben suplentes, excepto Raúl, que mantiene el orgullo de titular. Jugó un partido diferente a los demás. Peleó el puesto a Villa, cuyo rendimiento ha decaído. No funcionó bien ante Túnez y siente la presión de Raúl. La situación es interesante porque permitirá observar el grado competitivo de Villa. Raúl no concede ventajas, ni ahora ni nunca. Su naturaleza se lo impide. Se saltó obstáculos, prejuicios y críticas para retirar a Butragueño de la titularidad en el Madrid. Desde entonces no ha cedido un milímetro ante nadie. Tampoco lo hará con Villa.

Es importante la presión de Raúl, siempre que el asunto no desestabilice al equipo. Raúl hace bien en colocar a Luis en un dilema. De eso se trata. Tampoco se puede dudar de su responsabilidad. Es un futbolista responsable, consciente de su papel. Siempre lo ha sido. Con todo derecho, busca un puesto en el equipo titular. El problema excederá de Raúl si se convierte en un foco de conflicto, si alcanza demasiados decibelios en la prensa, si genera tensiones banderizas en el equipo o distrae al seleccionador, absolutamente enfocado en el torneo hasta el momento. La respuesta de Villa y quizá de Luis García les medirá en un momento crítico del Mundial. Villa dio señales de ansiedad frente a Arabia. Se reservó todos los remates porque necesitaba acreditarse con un gol. Quería liberarse de la sombra de Raúl. No lo consiguió. Se salió del partido para disputar un duelo particular. Fue una respuesta más ingenua que egoísta. Sin saberlo, estaba dando cuerda al capitán.

Villa se equivocó, pero su error no le inhabilita. Tiene la juventud, el vigor y los goles. Hay algo de Raúl en su carácter. Nunca ha tenido una vida fácil como futbolista. Ha tardado en establecerse como delantero en Primera División. Su respuesta a la exigencia es irreprochable. Llegó al Zaragoza sin ruido y se consolidó como goleador. Cuando fichó por el Valencia, no tenía garantizada la titularidad. Más bien al contrario. Villa respondió con goles, muchos goles, en un equipo de naturaleza defensiva. Es un competidor. Tendrá que demostrarlo nuevamente ante Raúl, el más voraz de los competidores, que además no necesita jugar bien para ganarse el puesto. Le basta con que el otro (Villa) juegue mal.

Fuera de esa duda, el equipo está hecho. Cesc tendrá oportunidades en todos los partidos. Es un futbolista especial. Volvió a mostrar su incisivo sentido del juego en la primera parte. Lleva su condición de centrocampista hasta la portería rival. Es capaz de tirar pases en la raya de gol. No se altera. Casi siempre toma las decisiones correctas. Juega con el panorama despejado donde los demás sólo ven oscuridad: en el área. Pero, por centrocampista que se sienta, Cesc no es Valderrama. Juega hacia la portería porque busca el gol desesperadamente.

Iniesta no se siente titular. Es una pena. En algún partido puede resultar decisiva su contribución. Cualquier día Luis llena la alineación de centrocampistas. Puede que sea el mejor recurso defensivo. España volvió a demostrar que no tiene mucho empaque cuando no dispone del balón. En la segunda parte, la fatiga hizo daño en Reyes y Joaquín, que fue el mejor del partido. El equipo se quebró por la mitad, como ha sucedido con frecuencia cuando la selección ha jugado con extremos. Y entonces no hay Albelda que valga. España perdió la pelota, Albelda no taponó porque es un protector que necesita protección y Arabia tuvo algunas oportunidades en los últimos minutos del encuentro. Malas noticias para los suplentes que ejercieron de titulares por una vez. Buena noticia para Luis. Está claro cuál es el equipo. El que estaba en el banquillo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de junio de 2006