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COLUMNA

Todos necesitamos saber a qué atenernos

Es posible que lo que haga más falta en este momento sea, precisamente, una reunión formal entre el Gobierno y los representantes de ETA que acabe con el aparente ataque de nervios que sufre la organización terrorista ante la actuación de los jueces, establezca mecanismos para futuros contactos y plantee rápidamente el marco no político de la conversación.

La única forma de dejar claramente establecidas algunas cosas es reunirse cara a cara, a ser posible con mediadores internacionales especializados: se equivocan quienes creen que el retraso en la convocatoria de esa primera reunión puede ayudar a tranquilizar los ánimos. Lo que hace falta es levantar cuanto antes algunas incertidumbres básicas, probablemente tanto en el lado de ETA como en el del Gobierno. Todos necesitamos saber a qué atenernos.

Necesitamos que el Gobierno se reúna con ETA para que le explique cuáles pueden ser las condiciones de esos contactos, la primera de las cuales pasa por el reconocimiento por parte de la banda terrorista (como lo hizo en su día el IRA) de que no puede ser interlocutor en ningún debate político y de que ese papel le puede corresponder a los herederos de Batasuna, siempre y cuando renuncien a la violencia y se inscriban como partido político legal. Y es posible que ETA necesite saber a qué atenerse en el tema de las detenciones de sus militantes y a la disponibilidad de sus arcas, agobiadas por el pago de las altas fianzas que imponen los jueces. Desde su punto de vista eso es algo que le corresponde garantizar al Gobierno, en definitiva y en su lenguaje militar, a quien "manda". Algo quizás imprescindible para ellos, pero que el Gobierno de un país democrático no tiene más remedio que ir ajustando a las normas del derecho.

Las negociaciones con organizaciones terroristas como ETA son difíciles, llenas de malentendidos. Precisamente por todo eso es por lo que importa tanto hablarse cara a cara. Sólo así es posible saber si están dispuestos a recorrer todo el camino necesario. En Argel averiguamos que no era posible; varios años después, el Gobierno de Aznar realizó la misma constatación. Ahora es muy posible que tanto el Gobierno de Rodríguez Zapatero como el comunicado de ETA tengan razón cuando hablan de una nueva situación y de circunstancias mucho más adecuadas para lograrlo.

Todos sabemos de qué estamos hablando. Por un lado, del terrible impacto que tuvo y tiene en España y en todo el mundo el nuevo terrorismo radical islamista y, por otro, de la eficacia demostrada por la expulsión de Batasuna de los ayuntamientos vascos y de la vida política oficial de todo Euskadi. Esas son las nuevas circunstancias y eso es lo que aconseja volver a reunirse con ETA para explorar hasta qué punto son conscientes de ellas y hasta qué punto pueden aprovechar el hueco que se ha abierto para realizar una retirada ordenada.

Quizás no sea posible y todavía tengan demasiada influencia quienes se niegan a traspasar esa puerta. Quizás algunos de ellos crean todavía que pueden imponer sus criterios y que la única manera de que dejen las armas es darles la razón, o una parte importante de ella. Entonces no quedará más remedio que seguir como estábamos: con Batasuna fuera de la ley y con las cárceles repletas de hombres y mujeres que se pudren en su propia violencia.

Pero quizás sean más quienes han visto el hueco y quieran aprovecharlo, con mucha retórica y muchos manifiestos, pero recorriendo el camino hasta el final. Si es así, el Gobierno, este Gobierno como cualquier otro, debe realizar lo que esté en su mano para facilitar la operación. Desde el 20 de julio de 1997 en que el IRA anunció el alto el fuego que llevaría, casi un año después, a los acuerdos de Viernes Santo, hasta hoy, la organización terrorista norirlandesa ha hecho públicos más de veinte manifiestos, la mayoría para expresar su irritación por la marcha de los acontecimientos. Lo importante no ha sido eso. Lo importante fue que el IRA dejó rápidamente de hablar de política. Es posible que en el caso de ETA tengamos también que acostumbrarnos a sus repetidas apariciones mediáticas. Lo importante será que dejen pronto de intervenir en el debate político. Es decir, que sepamos a que atenernos: ¿saben ellos realmente cómo es el camino? solg@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de junio de 2006