Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Rouco vincula la "España unida" a la vuelta a "las raíces cristianas"

El cardenal arzobispo, investido doctor 'honoris causa' por el CEU

"El destino de una España unida, humana, espiritual y socialmente, depende, en una decisiva medida, de saber volver a sus raíces cristianas", aseguró ayer Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid, al ser investido doctor honoris causa por la Universidad San Pablo CEU. Rouco criticó "la dictadura del relativismo ético", defendió el "derecho de los padres de los alumnos" a que sus hijos reciban enseñanza de la religión católica, y criticó, a cambio, la enseñanza obligatoria del "relativismo ético".

Acompañaron a Rouco Varela en su investidura como doctor el nuncio del Vaticano, Manuel Monteiro; el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Cañizares; el ex presidente del Gobierno José María Aznar; el líder del PP, Mariano Rajoy, y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, entre otros. La ceremonia estuvo presidida por el gran canciller del CEU, Alfonso Coronel de Palma, que es también presidente de la Cadena Cope. Coronel de Palma afirmó que "una España que reniega de sus raíces está enterrando lo mejor de sí misma y se está enterrando a sí misma".

Los comentarios sobre España del cardenal arzobispo de Madrid tomaron la forma de reflexiones teóricas ligadas al título de su conferencia: La cuestión ética ante el futuro del Estado democrático de derecho. Tal "cuestión ética" surge porque la división de poderes de la Ilustración va quedando ahora, a su juicio, "relegada progresivamente a un plano sin relevancia positivo-jurídica, cuando no negada escéptica y/o irónicamente".

Rouco mantuvo que el efecto más conocido de ese "desprecio" hacia la división de poderes llegó con "las tragedias históricas del constitucionalismo del siglo XX, del que es ejemplo excepcional la República de Weimar" en Alemania tras la I Guerra Mundial. El problema, según él, de "la conclusión práctica de que no hay seguridades jurídico-formales suficientes que puedan impedir, por sí mismas, las transgresiones" se vio después en "la II Guerra Mundial y su relativo fracaso histórico en la derrota total de los totalitarismos políticos".

Del abandono práctico de la separación de poderes, Rouco pasó a la "nueva y agudizada aparición de factores intelectual y políticamente disolventes". Según él, el problema para las sociedades que -como la española, hoy- apuestan por "el laicismo ideológico" es que optan "por el método sociológico de la dictadura del relativismo". A su juicio, "el riesgo máximo de un ordenamiento libre y democrático de la comunidad política llega cuando esa teoría del relativismo ético se constituye en doctrina justificadora de la actuación del Estado, dispuesto a convertirse en la última instancia de los principios normativos de la ética pública, cuando no de la privada".

Lo peor, para Rouco, es que ese "relativismo ético" se "enseñe obligatoriamente a través del sistema educativo". Ésta fue su elíptica crítica a la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía de la Ley de Educación.

Rouco fue más allá, pero también como insinuación. Afirmó que ese relativismo ético que ahora operaría en España tiene "dramáticas" experiencias históricas. "Si el hombre por sí solo, sin Dios, puede decidir lo que es bueno y lo que es malo, también puede disponer que un determinado grupo de seres humanos sea aniquilado". Tal cosa ocurrió, dijo, "en el Tercer Reich por personas que, habiendo llegado al poder por medios democráticos, se sirvieron de él para poner en práctica los perversos programas de la ideología nacional socialista". Por ello, concluyó que la solución para "el destino de una España unida depende de saber volver a sus raíces cristianas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de junio de 2006