Reportaje:Alemania 2006 | Argentina-Costa de Marfil

Pekerman, el taxista accidental

El seleccionador argentino, que dice estar emparentado con el actor Gregory Peck, llevó un taxi tras el Mundial que ganó su país en 1978

Hace 28 años, en plena dictadura argentina, José Pekerman conducía un taxi por las calles de Buenos Aires mientras el país recogía las serpentinas del Mundial conquistado en el estadio de River. Esta noche Pekerman se sentará en el banquillo de Hamburgo como seleccionador de Argentina.

"Estuve cuatro años con un Renault 12", recuerda. "Era como un pasaporte para realizar mi actividad. Mientras manejaba el taxi hacía proyectos. Así empecé a trabajar en las categorías inferiores de Argentinos Juniors. Compaginando el taxi y los entrenamientos. Hasta que en 1981 el presidente del club me propuso que me hiciera cargo de toda la estructura de captación y formación de jugadores. Fue el comienzo de una gran época en la cantera de Argentinos: cuando surgieron Batista, Redondo, Cambiasso, Riquelme...".

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Es el primer técnico de Argentina que alcanza la selección después de hacer carrera en las categorías inferiores. No hay otro caso similar en el mundo. Tampoco hay un entrenador que haya conseguido más trofeos a cargo de equipos juveniles: dos Mundiales sub-20 y un Mundial sub-17 en un espacio de seis años. Entre los futbolistas que dirigió como juveniles hay doce que están en Alemania: Leo Franco, Sorín, Colocchini, Scaloni, Milito, Cufré, Burdisso, Cambiasso, Riquelme, Aimar y Saviola.

Pekerman profundizó en la búsqueda de talentos. Desde el taxi comenzó a trazar un plan que abarcaría los lugares más recónditos de Argentina. Desde la Patagonia hasta La Quiaca se dedicó a recorrer el país sin los prejuicios y la arrogancia que había mantenido a los entrenadores porteños al margen de las provincias. Su reacción fue la normal en un descendiente de ucranianos que habían emigrado al interior de Argentina. "Mi abuelo siempre me contaba que su padre tenía un hermano y que uno se fue a Argentina y el otro, a Estados Unidos. Y que uno de sus sobrinos estadounidenses era el actor Gregory Pekerman, conocido como Gregory Peck".

El pariente de Peck que se hizo futbolista nació en Entre Ríos y se crió en el pequeño puerto de Ibicuí, sobre el río Paraná, vendiendo helados, jugando al fútbol en alpargatas y escuchando la radio: "Por la radio conocí a Moreno, el Beto Menéndez, el primer Sívori, Maschio... Entonces el fútbol argentino, junto con el uruguayo, estaba en un nivel superior a Brasil".

En 1978, mientras Pasarella recogía la Copa, Pekerman, dice, "era un futbolista en duelo". Tenía 28 años y una lesión lo había retirado prematuramente. Entonces fraguó su proyecto. En un país de individualistas muy marcados, Pekerman imaginó equipos perfectos. "Los deportes de equipo en Argentina han hecho mucho bien a la sociedad", reflexionó hace unos días. "En épocas que fueron difíciles para Argentina, el baloncesto, el rugby, el hockey y el fútbol juvenil dieron buenos ejemplos. Los jóvenes se dieron cuenta de que, para superarte individualmente, era necesario mejorar lo colectivo. Aprender a convivir, a trabajar de la mano uno con otro, a saber que el respeto a la autoridad del entrenador es imprescindible, a respetar al compañero, a tener roles dentro de una estructura. A veces se piensa que todos los grandes individualistas van a hacer un muy buen fútbol. Pero a veces se sueña con armar selecciones que quizá no funcionen".

"Soy de la generación que sufrió la rigidez táctica"", recuerda. "Yo era un volante de contención y me gustaba ir a buscar los espacios libres, aparecer por sorpresa. Me aburría un fútbol tan estructurado. Yo le decía a mi entrenador: '¡Profe, yo lo único que hago es pedir el balón y distribuir! ¿No tengo otra función?'. 'No', me decía, 'porque así nosotros siempre estamos bien acomodados en el campo y tú haces esto y el otro hace lo otro. ¡No! Yo puedo hacer más cosas, yo me puedo superar!".

Abierto a la experimentación como estaba, Pekerman recibió a la Holanda de Cruyff como la revelación definitiva: "Me enamoré de la Naranja Mecánica. El del Ajax fue el último gran cambio del fútbol. Todo lo demás son matices, más bien posicionales o de situaciones de balón parado. El Ajax demostró que se podían establecer distintas asociaciones y que los jugadores se podían salir de las posiciones preestablecidas siempre que hubiera rotaciones. Pero, claro, a veces eso es más difícil que una estructura. Porque eso implicaba tener capacidad técnica e inteligencia para saber interpretar el partido".

José Pekerman imparte instrucciones durante un entrenamiento.
José Pekerman imparte instrucciones durante un entrenamiento.REUTERS

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 09 de junio de 2006.

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