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Entrevista:Francisco J. Rubia | FERIA DEL LIBRO DE MADRID

"En las zonas límite surgen ideas nuevas"

Del laboratorio a las manos de miles de lectores, éste es el camino que intentan atajar las obras de divulgación científica. ¿Por dónde empezar? Siete científicos presentan sus recomendaciones para el público profano y señalan los retos a los que hace frente este género.

Doctor en Medicina por la Universidad de Düsseldorf, apasionado del piano, de las obras de historia y de las novelas negras, Francisco J. Rubia dirige el Instituto Pluridisciplinar de la Universidad Complutense. Como neurocientífico ha dejado atrás su carrera de investigador y desde el año 2000 se ha entregado a la divulgación con títulos como La conexión divina. Con ¿Qué sabes de tu cerebro? (Temas de Hoy) ha conseguido trasladar a miles de lectores los últimos descubrimientos de la enigmática mente humana.

PREGUNTA. ¿Su vocación científica partió de alguna lectura?

RESPUESTA. Sí, de los trabajos de Pavlov, Freud y Jung. A través de la psicología y la psiquiatría llegué a la neurociencia. Comprendí que a la psiquiatría le faltaban conocimientos.

P. ¿Qué papel debe ocupar la divulgación?

R. Es fundamental. Un aumento de la cultura científica redunda en mayores inversiones para la investigación y esto es algo que se necesita en España y toda Europa.

P. ¿Deben estos libros relacionar la ciencia con otras disciplinas?

R. En Estados Unidos existe una tendencia muy clara hacia lo que John Brockman llama la tercera cultura; una corriente que rompe con la diferenciación entre ciencia y letras, de la que se quejaba C. P. Snow. El análisis necesita siempre de una síntesis, no sólo divulgativa, sino también respecto de otras disciplinas. En las zonas límite surgen las ideas nuevas, pero muchos científicos son miopes y no ven más allá de su nariz. La neurociencia es la disciplina ideal para la interconexión.

P. ¿Por qué?

R. Porque trata de forma experimental temas que tradicionalmente han sido estudiados por la filosofía o la teología, y que las humanidades no han resuelto, como la conciencia, el yo, la espiritualidad o el libre albedrío. La neurociencia tiene un lenguaje especial y algunos conceptos plantean problemas porque vienen de la psicología popular y no están traducidos.

P. ¿Qué implicaciones tienen estas investigaciones?

R. Es la superación del dualismo cartesiano. Porque, ¿cómo puede lo inmaterial interaccionar con la materia? Esto contradice las leyes de termodinámica. Algunos experimentos han demostrado que la estimulación electromagnética del cerebro provoca experiencias místicas y otros ponen en duda la percepción del tiempo, la libertad o el sentimiento de culpa. Demuestran que el cerebro antedata lo que creemos que son decisiones tomadas libremente. Se avecina una revolución.

P. Dice que será el siglo de la neurociencia.

R. Queda mucho por descubrir. El cerebro tiene 100.000 millones de neuronas y 100.000 billones de conexiones. La conciencia ocupa un 2% de la actividad del cerebro. Hay que prevenir la resistencia que la gente pueda tener a los resultados de la neurociencia.

P. ¿Qué libros de divulgación recomienda?

R. Me gustan mucho los de Ramachandran y Oliver Sacks. También me encantan todos los de Stephen Jay Gould, que explican perfectamente la teoría de la evolución y muestra que ésta no tiene un fin, que el azar ha jugado un papel importante y que se puede evolucionar hacia lo más simple. También me interesa el trabajo de Richard Dawkins.

P. ¿De qué adolecen los textos de divulgación?

R. Les falta visión periodística. Hay libros en los que el autor parece haber olvidado las preguntas básicas y debería esforzarse por situarse más cerca del lector, sin faltar al rigor. Tampoco me gusta Desmond Morris. Los que divulgan pensando en el éxito se acomodan totalmente a la cultura del público y lo que deberían hacer es elevarla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de mayo de 2006