Un Gabinete casi sin mujeres

Nuri al Maliki tenía dos importantes escollos en la formación de su Gobierno, que amenazaban el futuro de todo el Gabinete: el del Ministerio del Petróleo, al que todos los grupos políticos aspiraban, y los de Defensa e Interior. El primero, el del petróleo, lo resolvió con brillantez al nombrar como responsable a un técnico nuclear que cuenta con el respeto general y el visto bueno de Estados Unidos: el chií Husein al Shahristani.

Al segundo problema, el de los ministerios de Interior y Defensa (además del cargo de Seguridad Nacional), ha encontrado la solución del aplazamiento de la designación de sus titulares. Todos los propuestos hasta ahora han contado con todo tipo de vetos, de los árabes suníes, de los kurdos y en algún caso de los estadounidenses.

El único modo de presentar al Parlamento el resto del Ejecutivo dentro del plazo constitucional ha sido la designación del actual número dos de Defensa, el suní Salam Zikam al Zubaie, como responsable provisional del ministerio, y que el propio Al Maliki asuma Interior. Los diputados del principal partido suní abandonaron la sesión del Parlamento en protesta.

Para los árabes suníes, el Ministerio del Interior es la clave para medir su confianza en los chiíes, pues a su juicio ha sido bajo la dirección de Bayan Jabar (ahora trasladado a Finanzas) el centro de los escuadrones de la muerte que desde el 22 de febrero han causado la muerte de cientos de personas, la mayoría suníes.

Otros puestos clave, como el de Finanzas estarán en manos de los chiíes, el citado Jabar y de Abed Fala al Sudani como responsables, respectivamente. El cargo de Exteriores seguirá en manos del kurdo Hoshyar Zebari. En este Gobierno de 37 ministros. informa Efe, sólo hay cuatro mujeres, entre ellas la titular de Derechos Humanos, Wijdan Mikaeil (única cristiana del Ejecutivo) y la de Asuntos de la Mujer, Fatin Abdel Rahman.

Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional dieron ayer su apoyo al nuevo Gobierno de unidad nacional y esperan que ayude a calmar la violencia y a allanar el camino para una eventual retirada de las fuerzas extranjeras. Pese a ese deseo, no hay fecha de salida.

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