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Crítica:

¿Otros tiempos?

Una vieja ley no escrita sanciona, tanto en el viejo cinematógrafo como en otras artes de la palabra, que el marchamo "basado en una historia real" goza de un inmarcesible hálito de verdad. Nada más incierto, sin embargo: porque está justamente en la reproducción de esa vivencia, en su conversión en materia cinematográfica, donde la película resultante se juega su particular verdad frente al respetable. Y en este sentido, una película sin duda honesta como es este Un Franco, 14 pesetas (observe el lector que Franco aquí tiene más de un sentido) puede resultar también discutible, más cercana a ese Cuéntame televisivo que a cualquier reconstrucción de la historia no tan lejana hecha con más rigor; más atenta a una verdad más general, más sociológica, y menos al puntual recuerdo de quienes en ella participan.

UN FRANCO, 14 PESETAS

Dirección: Carlos Iglesias. Intérpretes: Carlos Iglesias, Javier Gutiérrez, Nieve de Medina, Isabel Blanco, Iván Martín. Género: comedia dramática. España, 2005. Duración: 105 minutos.

Es por esto por lo que el filme, muy bien contado, por otra parte, por quien, como Carlos Iglesias, no es más que un debutante en estas lides, por más que atesore una rica carrera frente a las cámaras, se resiente en su credibilidad por aspectos que, aunque tal vez ciertos, resultan punto menos que increíbles vistos así en el filme: sólo por poner un ejemplo, la relación entre el propio Iglesias y su amiga suiza, que responde de pe a pa a todos los lugares comunes del imaginario inmigrante, pero que jamás luce creíble en las imágenes. Y es sólo un ejemplo.

Pero una vez dicho esto, conviene también aclarar que Un Franco, 14 pesetas contiene saludables, muy pertinentes apuntes fácilmente aprovechables para escribir una historia de las mentalidades en el cine. No sólo en el contraste entre lo que quienes emigraron masivamente a comienzos de los sesenta conocían en su día a día y aquellas mejoras materiales con que se encontraron en los lugares de acogida, sino también en el choque, brutal y que cierra, de alguna manera provisionalmente, el abrupto, y sin embargo ejemplar, final del filme.

Ahí residen sus virtudes, que no son pocas; ahí, y en la posibilidad de poder leer su contenido no sólo en términos históricos, sino, como hiciera un ejemplar documental reciente sobre la emigración española a Alemania, El tren de la memoria. Cómo no ver que hace sólo unos años tantos y tantos españoles eran vistos por ese Otro casi ontológico, amo de casa, como hoy muchos de nuestros conciudadanos miran al extraño que vive entre nosotros. Aunque sólo fuera por esa lección, merecería la pena acercarse a conocer este filme sencillo, un poco almibarado pero también preñado de detalles a tener en cuenta; muy en cuenta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006