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Entrevista:JAVIER CRIADO | Psiquiatra

"Sevilla es muy sentimental y nada resentida"

El psiquiatra Javier Criado acaba de publicar Sevilla en el diván (Almuzara). Criado, que ha subtitulado su libro Psicología de una ciudad, se adentra en los territorios más íntimos de Sevilla. El psiquiatra sevillano coloca en el diván a la ciudad, a la que personifica como una dama que acude a su consulta.

Pregunta. ¿Cómo es el carácter de Sevilla?

Respuesta. Se confunde el carácter extrovertido con la frivolidad. La profundidad del sentimiento no tiene nada que ver con la capacidad de expansión de ese sentimiento. Sevilla no es una ciudad frívola. Es extrovertida. La facilidad de comunicación es fundamental. El suyo es un carácter que suele ser fogoso y apasionado. Y eso le hace ser intensamente sufridor.

P. ¿Hay algo más que quiera destacar sobre el carácter de la ciudad?

R. El tópico de Sevilla como una gran creyente. Se suele frivolizar mucho con la Semana Santa y la religiosidad popular. Todo eso es más una necesidad que una seguridad. Es también fuente de agobio. Es una creencia que no tiene seguridad porque esa seguridad sólo se adquiere con la muerte. Y más en una ciudad que ha tenido que rezarle a sucesivos dioses y entidades sobrenaturales.

P. ¿Sevilla es una ciudad con problemas de salud mental?

R. Sevilla está sana mentalmente. Las emociones y los sentimientos se desarrollan con más intensidad que en otros lugares por ese carácter que tiene. Los niveles de angustia y ansiedad son más fuertes. Esto le puede llevar a una situación tendente a la depresión que ella teme. En su historia ha sufrido periodos de fuerte depresión. Sevilla nació del lodo y el barro. Esto eran palafitos. La gente más pudiente emigraba a Santiponce. Esto ocurría con los romanos. Y con los tartesios. Ahí tenemos el Carambolo. Aquí la ciudad se hizo a pesar de las condiciones adversas que tiene. De ahí viene su espíritu luchador. Sevilla tuvo que luchar contra las circunstancias adversas.

P. ¿Tiene Sevilla secretos inconfesables?

R. Todo el mundo los tiene. Y Sevilla también. Sobre todo, los secretos afectivos. Sevilla ha amado mucho y se ha tenido que despedir mucho de sus amores. Ha tenido que vivir no el desamor sino la pérdida del ser querido, que es infinitamente más fuerte. Por eso Sevilla querría no volver a enamorarse. Como psiquiatra, creo que con su carácter es imposible que Sevilla no vuelva a enamorarse. Sevilla se define como que ha querido más de lo que la han querido a ella.

P. ¿Cuáles son los miedos principales de la ciudad?

R. El mayor miedo que tiene Sevilla es el miedo a lo desconocido, a enfrentarse a una crisis vivencial en la que lo que hoy es cierto mañana se ponga en solfa. En una situación como ésa tendría que acoplarse a un mundo que no es el suyo previo. Esto le ocurrió a Sevilla en el paso de los romanos a los visigodos; de los visigodos a los árabes, y de los árabes a los cristianos. Sevilla no se identifica especialmente con la Giralda porque cree que se debía haber respetado el arte musulmán y que los cristianos debían haber puesto una torre próxima. Tiene también envidia a otras ciudades como Valencia, Málaga y A Coruña porque ve que progresan y ella se queda estancada.

P. ¿Es Sevilla una ciudad cruel con los suyos?

R. Sí y no. Sí lo es cuando se siente rebotada afectivamente por el comportamiento soez y despiadado que a veces tienen sus habitantes: la falsedad, la puñalada por la espalda, la envidia... Pero eso lo diluye entero porque sus componentes de sentimiento le difuminan todo lo demás al ser muy afectiva. Sevilla es una ciudad muy sentimental y nada resentida. No hacen falta muchos méritos para ganársela.

P. ¿Le gustan a Sevilla las caretas y las máscaras?

R. Cuando los sevillanos se visten de nazarenos, tapan su cara con un antifaz. Es el momento en que más se les ve el rostro porque el resto del año tienen la careta puesta. De ahí que en Sevilla no hayan triunfado los carnavales. Porque la careta es algo cotidiano en Sevilla. Esto es una necesidad afectiva. Al ser extrovertidos, los sevillanos se relacionan con mucha gente y tienen que ponerse caretas que les hagan aceptables ante las personas que les rodean. No es para engañar, sino para disimular sus fealdades, ya que necesitan ser aceptados.

P. ¿Qué le ha aportado a usted como ser humano el ejercicio de la psiquiatría?

R. Muchísimo más de lo que podía haber soñado. Mil veces que naciera volvería a ser psiquiatra. Conocer, profundizar y estudiar el pensamiento y la vida humana es lo más apasionante que existe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de abril de 2006